ASAHIKO SUNAGA "Las letras pequeñas del CONTRATO"

ASAHIKO SUNAGA

 "Las letras pequeñas del CONTRATO"

"La luna resplandece sobre mi frente, ¡oh! Hermanito, que acaba de partir, dobla tus tan agraciadas como largas piernas y descansa en paz".

Taeko Kuzuhara

Los días pasan, el sol se pone y la otoñal luna vuelve a estar llena. Como cada año, publiqué el siguiente anuncio en el periódico:

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Recluto a tiempo parcial.

* Varones entre 17 y 22 años que sepan tocar el piano y estén interesados ​​en el clavecín.

* 9 de septiembre, 20:00 horas. Entrevista y contratación si es pertinente, el mismo día.

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 Vinieron nueve solicitantes. Lo primero que hice, fue reducirlos a cinco, tomando en cuenta su apariencia. En seguida, me quedé con dos personas con cuellos delicados, y la última la decidí en función de la belleza de sus dedos. Durante una semana, hasta la luna llena, el joven tocó el clavecín todas las noches, de ocho a doce. El acuerdo era que en los días lluviosos o nublados, es decir, los días en que no se pudiera ver la luna, descansaría, aunque no le faltaría su remuneración. Durante los últimos tres años, no he visto la luna llena de mediados de otoño y mis labios ya se han secado. Nunca le expliqué a la persona que contraté las circunstancias que rodearon la petición de tocar el clavecín. Mientras la desconfianza del joven se acumulaba, se acercaba el día de luna llena.

 El séptimo día de la semana pasó velozmente y al fin llegó la luna llena. Hasta ese momento, había estado entregándole partituras de mi gusto, pero le anuncié que esa noche habría visitas, le proporcioné partituras con una encuadernación especial hecha de cuero curtido color escarlata y lo guié al vestidor. Después de que se puso la indumentaria, le pedí que tocara sin preocupaciones.

 El joven se dirigió hacia el clavecín colocado en un rincón de la sala y comenzó a tocar un "capriccio" dedicado a la partida de un amado hermano menor. Solamente había nueve sillas colocadas en la sala, y no se preparó ninguna cena. Al poco tiempo, uno tras otro llegaron jóvenes vestidos formalmente, los cuales ocuparon ocho sillas. La luna brillaba intensamente más allá de la ventana decorada al estilo europeo del este. Esta noche no encenderemos las luces. En cuanto a los invitados, son únicamente hermosos jóvenes de unos 20 años, todos vestidos de negro.

 Los flexibles dedos se mueven vívidamente por el teclado, y las sombras se balancean a la luz de la luna. Como colofón, se escucha una nostálgica melodía barroca. Tal cual oro oxidado, transmite una imagen desoladora, pero un sonido hermosísimo. El joven completó la actuación de manera espléndida. Puse suavemente mi mano sobre su hombro, le dediqué unas amables palabras y lentamente acerqué mis labios a su delicado cuello digno de ser amado. Mis secos labios en un abrir y cerrar de ojos volvieron a relucir y, por supuesto, la sangre se distribuyó a los ocho jóvenes, uno tras otro. El cuerpo del chico que tocaba el clavecín fue tomado por los ocho jóvenes y colocado en un ataúd forrado de seda escarlata. La luz de la luna brillaba en su pálido rostro, excepto que parecía avergonzada por las sombras de sus hinchadas pestañas. A partir de esta noche, te convertirás en mi noveno hermanito.

 Hace doce años, cuando yo tenía veinte, viajé a la península de los Balcanes. Desde entonces hasta hoy, con mis mismos e inamovibles 22 años, he admirado nueve veces la luna de mediados de otoño y he logrado conseguir nueve hermanos menores. También he logrado superar las tres décadas de existencia, gracias a que he estado aparentando vivir como lo hacen las personas en este mundo. Sin embargo, para mí las cruces están prohibidas.

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Extraído de la antología de cuentos de vampiros de Masao Higashi 屍鬼の血族 (La saga de los demonios resucitados o El linaje de los Nosferatu) del año 1999. Páginas 321-324. 

Asahiko Sunaga 1970. 
Traducción directa del japonés. 

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