Episodio 3. NOVELA: EL CASTILLO DEMONIACO DE DRÁCULA "SANGRE DEMONIACA PESADILLA SANGRIENTA TOMO 1"

EPISODIO 3. NOVELA: EL CASTILLO DEMONÍACO DE DRÁCULA "SANGRE DEMONÍACA PESADILLA SANGRIENTA TOMO 1"

-------------------------------------

0047

EPISODIO 3. EL CAPÍTULO DEL TORMENTO



-------------------------------------

0048

 Fue un viaje en busca de un hombre.

 Simón Belmond, un hombre legendario que es venerado y temido al mismo tiempo. Se dice que mora en lo más profundo de los distantes bosques.

 Quizá llamarlo un dios era correcto en cierto sentido. Si el acto de succionar sangre era un acto prohibido, Simón Belmond tenía la autoridad para dar castigo e incluso decretar el veredicto de muerte. Con su látigo de espinas en mano, aterrorizaba a aquellos seres de la oscuridad que conocían la dulzura de la sangre.

 El misionero Din Silva siguió caminando a pesar de ser embestido por la soledad y el miedo. Como si tratara de olvidar todo para seguir avanzando. Sin embargo, sus ojos, que deberían estar abiertos, no captaban nada, y sus oídos no estaban cumpliendo su función. Sus cinco sentidos estaban paralizados, y la inconsciencia que absorbió a su conciencia es lo único que empujaba por la espalda a Din. Igual que olas que simplemente rompen, sin ningún sentimiento. O semejante al miedo que sentía en la oscuridad cuando era joven con aquellos temblores que no paraban. Sus pensamientos giraban en vano y nunca avanzaban. Aun así, su cuerpo seguía actuando con base en su inconsciente. Sus parpadeos, que se repiten al grado de perder la consciencia, pronto se convierten en eternos. La tortura de caminar por el fondo del bosque en penumbra no cesaba. No podía detenerse. Hasta que encontrara a Simón Belmond.

-------------------------------------

0049

Repentinamente, Din volvió en sí, sintió que la apariencia del bosque no había cambiado en absoluto, y su columna vertebral se congeló. A pesar de que había caminado hasta ese grado. Casi se detenía sin querer, pero su impaciencia no se lo permitió. Caminaba. Caminaba. Hasta el punto de que se podría decir que estaba corriendo.

 Su respiración se volvía complicada. Aun así, el bosque seguía siendo el mismo. No pasaba ningún árbol, no había árboles que se aproximaran. Parecía que solamente estaba caminando sobre sus pasos.

 Deprisa, tenía que darse prisa. Solo por un momento. El entorno es envuelto por un destello. Tenía que darse prisa... ¿Qué sucederá? De repente le surgió una duda. Una sensación de pérdida, un completo olvido de algo importante. Una sensación de peligro de que podría perder algo importante. Quería parar y recordar lentamente. Pero por alguna razón no podía hacerlo.

 Rápido... tenía que encontrarlo rápido. Corriendo. Sin embargo, el paisaje frente a él seguía manteniendo el silencio y la quietud como si fuera un cuadro. ¿Una pesadilla?De nuevo un destello. ¿A quién estaba buscando? 

 Tropezó con algo y se cayó. Frente a sus ojos todo estaba completamente oscuro y un olor repugnante llego a su nariz. Por un tiempo, Din estuvo enterrado bajo las podridas hojas caídas, pero pronto levantó la cabeza. ¿Cuándo comenzó a caer? Una helada lluvia. Se podía ver que caían, sigilosamente, incontables gotas de agua sin hacer ruido. El sol ya se había puesto, y los alrededores estaban oscuros e incluso neblinosos. Se sentía desesperanzado. El escenario en el que se confundía todo y no se distinguía nada, se extendía cruelmente. A pesar de lo fatigoso de su caminata, lo desesperadamente que siguiera caminando, nada había cambiado en el bosque.

-------------------------------------

0050

 Din se puso de pie lentamente, mientras maldecía a su cuerpo pesado como el plomo. Así que finalmente pudo ver con lo que se había tropezado. Eso era un ser humano, o más bien fue un ser humano. En esa figura sin una sola pieza de ropa, le revivieron los recuerdos de las dulces noches, pero no por mucho. Le miro el cuello. Ahí estaban las cicatrices dejadas por la mordedura de una bestia que vivía en la oscuridad. Fácilmente, se podía imaginar el terror que provocaron los dos colmillos que perforaron la suave carne y desgarraron la blanca piel. Los demonios humedecieron su garganta con el líquido carmesí que broto, seguramente poniendo un semblante de trance.

 Y esos seres de oscuridad recompensaban a los muertos con el privilegio de compartir los placeres de la caza a cambio de la vida que habían arrebatado. Nacían así los nuevos vampiros.

 La única mujer a la que amaba Din, la reverenda Elizabeth Aye, yacía tranquilamente en el fondo del bosque. El hombre cerró los ojos, se calmó y luego otra vez bajo la mirada al cuello de la mujer. Pero la cicatriz de los colmillos no había desaparecido. Le surgieron lágrimas desbordantes. Gritos sin palabras. Arrodillándose al lado de Elizabeth, puso su temblorosa mano en el suave pecho de ella. Ahí, no había ni latidos de corazón ni la calidez que sintió cuando intercambiaron su amor. Din todavía sacudía los delgados hombros de ella, no pudiendo dejar de pensar si su amada aún estaba viva. Mientras lloraba. Mientras gritaba.

 Los movimientos del joven misionero se detuvieron. Porque noto una presencia extraña detrás de él.

 Suavemente quito su mano de la mujer. Sintiendo que su deseo finalmente se había hecho realidad. Por otro lado,

-------------------------------------

0051


-------------------------------------

0052

también sentía que eso pudiera ser algo contrario a sus expectativas. Había una compleja mezcla de expectativa y ansiedad, pero en todo caso, esta última era mayor. Debido a eso, mirar hacia atrás le daba miedo. Sentía como si algo... algo importante estuviera llegando a su fin. Sin embargo, no pudo evitar mirar hacia atrás.

 Simón Belmond.

 El olvidado nombre ahora destellaba en su cabeza. Al mismo tiempo, Din recordó que estaba buscando a esa persona. La ansiedad y el miedo desaparecieron instantáneamente. Se dio la vuelta mientras decía ese nombre.

 De pie en la oscuridad había un hombre envuelto con una capa de color negro azabache. Lo negro, no solo era su apariencia. Quizás debido a la ininterrumpida lluvia, la deambulante niebla y la oscuridad creada por el bosque, las sombras cayeron sobre el rostro del hombre, haciendo imposible distinguir sus rasgos, o incluso su expresión facial. Aun así, Din sabía que él era la persona que estaba buscando. Por extraño que parezca.

 Fue la sonrisa de Simón lo que hizo que el misionero se congelara. Su expresión estaba oculta en la oscuridad, pero aún sabía que el hombre sonreía. Din no se perdió el destello reluciente de los sobresalientes dientes, que repelieron un tenue destello de luz.

 No se hubiera sorprendido si fueran dientes humanos.

 No se hubiera sorprendido si fueran de un lobo.

 Sin embargo, ¿y si Simón con su forma humana tuviera los colmillos de un lobo?

-------------------------------------

0053

 Las extremidades de Din estaban completamente paralizadas por un miedo abrumador. Aun así, conocía bien la situación. Ese fue su lugar de infortunio.

 Simón Belmond, cuyo trabajo había sido exterminar vampiros. Ahora, él había caído en las filas del Soberano de la Oscuridad. Sentía que podía ver las marcas de mordedura en la garganta de Simón. No había reflexionado lo que esto significaba. No pudo salvar a la aldea, la mujer a la que amaba, ni siquiera a sí mismo, de la embestida de los vampiros. Para Din era imposible tratar de imaginar lo que era la insaciable sed de un vampiro. La escena de los colmillos de Simón clavados en su garganta apareció en su mente, y las lágrimas se desbordaron. Desesperadamente, pidió a Dios un milagro.

 Sin embargo, cruelmente, su oración no llegó al cielo. Eso no era todo. Unos sonidos surgieron detrás de Din, como en réplica a la voz baja de Simón. Inmediatamente, supo lo que era. Manos apoyándose sobre la tierra, mitad superior del cuerpo levantándose, el mojado cabello recogiéndose y lentamente poniéndose de pie, esos sonidos. Din Silva pensó que si igual iba a morir, preferiría que lo hiciera Simón.

 Un frío pecho se pegó al cuello del joven misionero. ¿De quién era el pecho? Lo sabía. Un pecho apretándose contra la espalda del joven misionero. ¿De quién era el pecho? Lo sabía. El mojado cabello tocó la mejilla del joven misionero. ¿De quién era el cabello? Lo sabía. Un aliento con olor a cementerio resoplaba en el cuello del joven misionero. ¿De quién era el aliento? Lo sabía. Y entonces, se le acercaron dos afilados colmillos.

---------------------------

0054

 No se rehusaría. Si Elizabeth Aye fuera humana. Pero en esta situación... No quería morir de tal manera que las cosas que habían construido entre los dos se desmoronaran.

 Din Silva gritó tan fuerte como pudo mientras miraba fijamente a Simón. 

 Para. Detente. No. No quiero morir así. No. “¡Noooooooooooooo!”

 En un instante, el área se tiñó de negro.

 Y entonces.

 Una luz brilló a través de sus abiertos ojos. Quizá fue porque el sol debía haberse puesto, que no le tomó mucho tiempo acostumbrarme al brillo. Mirando alrededor, era un bosque pacífico pero a la vez siniestro. Exhalo profundamente mientras limpió su frente sudorosa con su brazo. Susurro en voz baja que era un sueño. Sin embargo, incluso ahora, cuando se dio cuenta de que era un sueño, no podía reírse. Ni siquiera podía decir que fuera una pesadilla. Al pensar en el viaje para encontrar a Simón, se abrumó. Incluso si el sueño de antes fuera la realidad. Si fuera así, todo había terminado. Porque terminará.

 Apoyado contra un gran árbol, Din movió solo la cabeza y envió una mirada a su lado. Allí estaba Elizabeth Aye acurrucada en una manta, casi como si estuviera escondida. Quería en demasía ver la cara de Elizabeth, su piel, o incluso solo su cabello.

-------------------------------------

0055

Extendió su mano como si la invitara, pero inmediatamente cambio de opinión y rápidamente la retiro. Luego lentamente miro hacia el cielo. Din no estaba muy seguro de si estaba tratando de resistir las lágrimas o si estaba pensando en la noche que se avecinaba.

 ¿Dios realmente existe?

 El joven misionero no pudo evitar reírse ante esa idea.

 Era una solitaria sonrisa.

"Quebrantar los mandamientos"

 Pronto llego la noche.

-------------------------------------

つづく / CONTINUARÁ





Comentarios

Entradas más populares de este blog