Götzendiener (ゲッツェンディーナー) NOVELA , ACTO 2
Götzendiener (ゲッツェンディーナー).
(El título está en alemán y significa: Idólatras).
Autora: Hiroe Suga (菅浩江).
Ilustraciones: Takami Akai (赤井孝美).
Novela por entregas en la revista Dengeki PC Engine.
ACTO 2. Revista de marzo de 1994.
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| ¿Cuál es el destino que le aguarda a la indomable Misa? |
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Kish Rim Misa se aferró con firmeza contra la pesada puerta de piedra.
Desde el hueco de la misma se podía ver al cadáver extendiendo su podrido brazo. Pero, antes de que esas escamosas y blancas yemas de los dedos la alcanzaran, de alguna manera pudo cerrar completamente la entrada.
Afuera, el cadáver seguía soltando improperios, pero la gruesa piedra los atenuaba, convirtiéndolos en susurros.
Apoyando su espalda en la fría puerta, Misa dejó escapar un suspiro.
Gracias por protegerme, Dilvar, flor destructora de demonios. El interior del edificio estaba extremadamente frío y húmedo. Olía a hierba. Concretamente, era el olor de hierba recién cortada.
Mientras pasaba los dedos por su dorado cabello, el cual se le había adherido al cuello a causa del sudor, intentó agudizar la vista para observar bien el interior de la oscura habitación.
Reverberó un acuático sonido, grave, pesado y hermoso. Una muy débil luz brotó en dirección del sonido. Esa fosforescente y verdosa luz comenzó al instante a iluminar los alrededores.
¿Una zona con flores?
El área estaba dividida en secciones con piedras cuadradas que se extendían de manera muy bien organizada.
Al momento en que Misa se aproximó al sector de flores más cercano, la verde luz parpadeó y desapareció por completo.
Se quedó mirando fijamente el suelo que estaba hundido en la oscuridad. ¿Qué estará plantado ahí? Bueno sería que fuera Dilvar, la flor destructora de demonios, la cual estaba representada en la puerta por la que entró, y además relacionada con la familia real. Dilvar irradia luz al recibir agua. Cabría la posibilidad de que la luminosidad de antes fuera provocada por una gota de agua que cayó sobre una de esas flores.
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Si ese fuera el caso, podría usar varias partes de ella, por ejemplo, el néctar y el fruto, como si fueran armas. Antiguamente, ayudó enormemente a las personas en la batalla con el rey demoníaco, y fue precisamente por esa razón por la cual se convirtió en emblema de la familia real.
Con su blanca mano sacó la larga espada. Tenía que cerciorarse de si quedaba alguna flor que pudiera usar. Si pudiera obtener aunque fuera una sola hoja o un solo fruto, ya no habría necesidad de cortar a ningún monstruo con la larga espada.
Pero, ¿por qué habría una flor que repele al mal en esa zona de la torre de la deidad demoníaca?
Entonces, a la distancia, de nuevo se escuchó el tan esperado sonido de una gota de agua cayendo.
Todas y cada una de las plantas de ese sector estaban marchitas. Solamente había sucios escombros de color café sobre la profundamente agrietada y seca tierra. Hiedra encogida, grandes hojas que habían pasado a ser como trozos de papel y flores ya desteñidas. No tenían tallos. La característica más peculiar de la flor Dilvar es que florece directamente de las hojas.
Los verdes ojos de Misa se entrecerraron severamente.
No era la flor destructora de demonios que ella conocía. Esas flores eran lo suficientemente grandes y gruesas como para sostenerlas con ambas manos extendidas, y en lugar de arrastrarse silenciosamente por el suelo, extendían sin restricciones sus espesas enredaderas por las paredes.
Comenzó a sudar.
Después de todo, estaba en territorio enemigo. ¡Era absolutamente imposible que hubiera Dilvar!
"Bueno, entonces aquí..."
Misa deseaba fervientemente que solamente fuera un simple sector con flores.
¿Qué ocurriría si... qué pasaría si una planta similar a la Dilvar pudiera convertirse al igual que ella en un arma, y además hubiera monstruos que pudieran manejarla?
Al tercer destello de luz, buscó con prisa e inquietud una salida. Había una pequeña puerta en la parte más profunda.
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La abrió sin ningún tipo de problema, pero debido a que adentro estaba demasiado oscuro, a duras penas pudo distinguir una pendiente que llevaba hacia más abajo.
No podía continuar por el sendero exterior, ya que estaba bloqueado. Además, cabía la posibilidad de que, si iba hacia abajo, pudiera llegar al nivel del mar.
Pues bueno, vamos.
Con un escalofrío que le recorrió el cuerpo, puso sus pies en el sendero descendente.
Oh gran conquistador sin igual, noble entre los nobles, mi progenitor, el gran rey, oh, padre mío, por favor, concédeme fuerza.
Había una muy profunda oscuridad. Su mano derecha tocó la fría pared de piedra; estaba tan gélida que debido a eso no podía sentir las yemas de sus dedos. Misa tuvo un sueño. El sendero descendia... hacia el mar. Al atravesar por una pequeña puerta, se encontró... con el vasto mar azul. El barco en el que llegó el héroe la estaba esperando... con sus blancas velas izadas. Si ese sueño pudiera convertirse en realidad, si pudiera regresar a su ciudad natal, intentaría soportar como fuera esa oscuridad y ese frío.
Con la punta de los dedos de su mano derecha, alcanzó a toparse con algo que no era de piedra.
Era una puerta. Pudo sentir lo húmedo de la madera.
Al abrirla con suma precaución, se comenzó a filtrar una muy débil luz verde, además de un olor acuático.
Una vez más, no era el mar.
Decepcionada, deslizó con suavidad su cuerpo dentro.
Llegó a una estrecha zona ligeramente más alta; parecía un balcón. Era una pieza con una distancia del suelo al techo demasiado alta. Al igual que en la zona anterior, había sectores con flores, además de acueductos que se entrelazaban como telarañas. Aunque la luz de las flores a duras penas iluminaba la zona, se alcanzaba a notar que el agua era escasa y solamente una fina línea salía por la base de la pared que se encontraba a mano izquierda.
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Aunque la intensidad de la luz apenas era suficiente para distinguir los contornos de los objetos, Misa lo agradecía de todo corazón.
Porque gracias a eso pudo observar que más abajo había una especie de arboleda. Sin embargo, esa arboleda no estaba configurada por verdes árboles como los de su nostálgica y cálida ciudad natal, sino por puntiagudas y afiladas lanzas. Cualquier lugar que no fuera un sector de flores o un acueducto estaba repleto de lanzas. Si hubiera estado tan oscuro como en el lugar en el que estaba la pendiente por la que comenzó a bajar, quizá hace mucho que se habría despeñado y habría quedado empalada.
Desde el balcón, como incrustado en la pared, se extendía un estrecho y largo corredor.
Misa se apoyó impecablemente contra la pared y enseguida se dirigió hacia el lugar en donde se originaba el flujo del agua. Ya que si pudiera averiguar de dónde provenía el agua, quizá podría escapar.
Pero no podía permitirse dar un paso en falso. Sus párpados comenzaron a dolerle mientras entrecerraba los ojos para ver a través de la débil luz. Mientras se frotaba los ojos, a sus pies, repentinamente se escuchó un ruido desagradable.
No puede ser.
El corredor estaba interrumpido. No parecía ser consecuencia de la batalla del héroe y sus aliados. Más bien se veía que había transcurrido un tiempo bastante considerable desde que se derrumbó. Al ver las flores marchitas y el aspecto abandonado, daba la impresión de que el lugar donde habitaban los demonios no destacaba por su buen mantenimiento.
¿Qué haré?
¿Debería ir en sentido contrario?
Misa volvió la mirada hacia atrás. Al hacer eso, se detuvo su respiración.
¿En qué momento apareció? Claramente visible debido a la fosforescente y verde luz, había un monstruo de cuatro brazos. Frente a su voluminoso tórax tenía una larga lanza que irradiaba el gozo por la matanza.
Al dar instintivamente un paso hacia atrás, hizo que del estrecho camino se desprendieran unas pequeñas piedras, las cuales cayeron al vacío.
¡No había escapatoria!
La princesa sacerdotisa experta en artes marciales colocó su mano derecha en la pared para mantener su postura y lentamente desenvainó la larga espada. La Kish Thermavicus le transmitía una ligera calidez.
La nacarada luz que se filtraba desde su mano exponía el rostro del monstruo, quien hizo un gesto parecido al de un animal salvaje.
La verde luz reflejada en la punta de la lanza fluía continuamente.
De repente, esa misma punta cobró impulso y delineó un bello semicírculo en la oscuridad. La afilada lanza cortó un poco de la dorada cabellera de la princesa. Los trozos de cabello arrastrados por el viento cayeron como si fueran destellos de luz.
Para ese momento, Misa ya había tomado una postura baja y se deslizó por la entrepierna del enemigo.
Pero el monstruo se dio la vuelta ágil y rápidamente. Su protuberante boca de bestia se retorció formando una especie de sonrisa.
Ah...
¡Maldición! dijo la princesa mientras se mordía el labio.
Si bien evitó una situación crítica, no hubo motivo de alivio, ya que la posición de su cuerpo se invirtió y su brazo dominante terminó orientado hacia la pared. Eso significaba que no podía moverla a placer; sobre todo, se le dificultaría agitarla encima de su cabeza. Prácticamente lo único que podía hacer era atacar con estocadas.
Para colmo de males, el enemigo poseía brazos más extensos que los suyos y una lanza más larga que la espada que ella tenía.
Si al menos el lugar fuera un poco más grande, habría otras opciones.
Las cejas de Misa se crisparon. Dejó escapar un muy profundo suspiro y, sin dejar de fijar la mirada en su oponente, metió la espada en su vaina.
La horrible sonrisa del monstruo fue reemplazada por una expresión de desconcierto.
Venga, ataca, monstruo.
La cara de la princesa que le hablaba a su enemigo con esos términos masculinos, menos refinados, brillaba con la tenue luz.
El monstruo, percibiendo la confianza de ella, dejó escapar un gruñido de fastidio.
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Luego, levanto con firmeza la lanza en cuya parte más puntiaguda se reflejaba la luz que emitían las flores. Misa entrecerró los ojos.
El monstruo, utilizando dos de los brazos que tenía en un lado de su cuerpo, blandió con destreza su arma. Una curva verde... cortó la oscuridad.
¡Ah!
Un leve sonido se produjo al hacer contacto con la pared de piedra. La trayectoria trazada por el arma se desvaneció. Aprovechando rápidamente la oportunidad, Misa saltó cerca de la parte que unía a la punta con el asta y, de esa forma, logró agarrarla y rotarla.
Cuando los dedos del monstruo se soltaron, hizo girar el asta por sobre la cabeza del engendro y luego la colocó entre la pared y el gigante cuerpo de su oponente. La princesa logró hacer todo eso en el aire; luego aterrizó perfectamente, apoyó la punta de la lanza contra el muro de piedra y tiró con todas sus fuerzas.
El metal se frotó contra la piedra, produciendo un sonido chirriante. El extremo de la lanza, ahora convertido en palanca, hizo caer al monstruo al vacío. La cara de la bestia, con la boca abierta de par en par, parecía muy nitida.
No hubo gritos. Pero se oyó un estruendo ensordecedor que dio la impresión de atravesar carne y hueso.
La respiración de Misa era entrecortada. La mano de ella que sostenía la lanza estaba tan rígida debido a la tensión que se le dificultaba retirarla.
Fue la primera vez que mató... a un ser vivo.
No sabía si reír o llorar. Le estaba hirviendo la sangre y no podía hacer nada al respecto. Tal vez es así como se debe sentir uno al cazar.
Oh, padre, el Rey, el Dios de la Guerra, estoy tan agradecida de ser tu hija y de tener la sangre Kish, que es la que sella el mal.
Una sonrisa se alojó en su blanco rostro. La princesa sacerdotisa, sin tener nada en que se reflejara para verlo, no tenía forma de saberlo. ¡Qué sonrisa más macabra se le esbozó!
En el otro extremo del corredor había una sombría cueva con una gran entrada visible. No había ningún otro lugar adonde ir. Pero, lamentablemente, incluso ahí, el camino estaba bloqueado por escombros.
Cuando la princesa regresó al balcón de donde había partido, bajó la mirada, observando atentamente la topografía del lugar.
Todo es tan estrecho. Mmm... tal vez por allá.
Lo único que la separaba del objetivo era la arboleda de lanzas.
Para cerciorarse de la resistencia, Misa golpeó con fuerza el asta de la lanza que tenía contra la palma de su mano. Se recogió cuidadosamente su largo cabello y retrocedió hasta cerca de la puerta.
Al elevar la lanza por encima de su cabeza, se echó a correr rápidamente. Con un breve grito para darse ánimos, la princesa ensartó la lanza en la mortal arboleda. En ese estado, agarró con fuerza el asta, puso todo su peso sobre ella y ejerció presión. Era similar a la técnica usada en el salto con pértiga.
Misa aterrizó junto con un chapoteo, y al ver su ropa manchada por la gran cantidad de barro que se había levantado, puso una expresión ligeramente triste.
Comenzó a caminar entre las brillantes flores produciendo chapoteos y apoyando sus manos en la estructura de piedra por donde goteaba agua de las grietas. Al cerrar sus ojos, percibió en todo su ser que había una inmensa cantidad de agua.
Muy bien. Parece que la profundidad también es suficiente.
Murmuró eso para sí misma y comenzó a respirar lenta y profundamente, regulando su respiración.
Sus flexibles brazos se extendieron como las alas de un pájaro. Su rostro, ligeramente inclinado hacia arriba, estaba coloreado por la luz de las flores. Al flexionar ligeramente sus hombros, el movimiento ondulatorio se extendió hasta la punta de sus dedos.
Era una habilidad excepcional lograda gracias al linaje de la sacerdotisa. Una magia catalizadora de agua. De puntillas dio un paso hacia adelante. Con unos pasos tan complejos que la gente común y corriente no podría entender, dio cinco, luego seis.
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¿No parecía como si de sus tonificados y delgados tobillos se estuvieran expandiendo ondas de agua? ¿Era una ilusión que esos círculos se estuvieran entrelazando de forma tan intrincada, como si tejieran una red de ondas? Su figura estirando su encorvada espalda evocaba fuertemente la imagen de grandes y violentas olas en alta mar. El ondear de su cabello en su espalda era como un río cantando en las profundidades de las montañas.
Por la atmósfera circulaban fuertes ruidos. Al hacer un movimiento de manos como para atenuar los ruidos, sintió un cosquilleo entre las manos. Era como la sombra de una masa de agua completamente invisible.
La comprimió fuertemente. Su mirada de repente se volvió muy intensa.
Luego extendió las palmas de ambas manos. La bruma de calor que se extendió como un látigo se transformó en un potente y tangible chorro de agua en el momento en que impactó contra el muro de piedra.
Abriendo un agujero en el centro del muro de piedra. Justo cuando todo parecía temblar, la estructura de piedra crujió y se dobló.
Con un fuerte estruendo, la estructura de piedra se derrumbó al instante.
La cantidad de agua era abrumadora. Resistiéndose desesperadamente ante el agua que intentaba arrastrarla, Misa se aferró a la lanza que le quedaba más cercana.
A medida que se incrementaba la profundidad del agua, sus pies comenzaron poco a poco a flotar. Mientras trataba de salir a flote, subiendo sus manos por la lanza, también se aseguraba de poder respirar.
La espaciosa habitación ahora estaba llena de una centelleante y verde luz. Incluso las restantes flores marchitas ahora se iluminaban bajo el agua, al recibir el vital líquido. El resplandor se convirtió en innumerables fragmentos lumínicos sobre la superficie del agua, creando, por así decirlo, un mar de luz.
Pero no era momento para dejarse embelesar por eso.
Su mano ya casi estaba a punto de alcanzar la afilada punta de la lanza. Pensó que si el lugar se llenaba completamente de agua, podría nadar hasta el otro lado sin que las lanzas le estorbaran. Sin embargo, el nivel del agua todavía no era suficiente como para nadar sobre arboleda de lanzas; aunado a eso, la corriente no era tan serena como para permanecer en el sector de flores después de soltar la lanza.
¿Qué debería hacer? Si las cosas continuaban así...
Ah
Sus sagaces ojos encontraron algo que estaba a merced de la corriente. Lo mejor era usar eso, que subía y bajaba en las arremolinadas olas.
Calculó la distancia, analizó la corriente del agua e inmediatamente después se soltó. La princesa sacerdotisa, con enérgicas y rápidas brazadas, se dirigió hacia un enorme barril que flotaba llevado por la corriente de agua, aunque al llegar a él hizo una mueca ante su aceitoso y desagradable olor.
Sintió haber olido eso ya antes en algún lugar.
El improvisado barco se balanceaba peligrosamente. Dejando a un lado eso, centró su atención en mantener el equilibrio sobre el inestable barril.
Kish Rim Misa de nuevo volvió a tener esperanza. De que esa corriente la pudiera llevar hasta el mar.
En esta ocasión, la desilusión llegó más rápido a sus oídos que a sus ojos.
Alcanzó a escuchar voces. Eran rezos en voz baja.
Qué voces tan tristes, pensó Misa. No pudo identificar las palabras, pero el disonante y distorsionado ritmo le transmitía una sensación de agonía.
Tal vez algunas personas de las que acompañaron al héroe aún se encontraban con vida en alguna parte de ahí. ¿Cuántas voces había? ¿Diez? No, tal vez quince. Pero se percibía que, aunque tenían un tono apagado, parecían estar conteniendo sus emociones; en resumen... había algo raro. No era ni la salida ni el mar; el sitio por el que iba no tenía nada que ver con esos deseados lugares.
El barril avanzaba a lo largo del acueducto, produciendo borboteos a su paso. Mientras se sorprendía por el tipo de lugar al que estaba arribando, las voces se iban haciendo cada vez más fuertes.
Pronto, el movimiento ascendente y descendente del barril cesó, y el sonido de las olas también se atenuó. Eran unos enormes depósitos de agua.
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Eran lo suficientemente grandes como para sumergir fácilmente cinco casas regulares; tanto en el exterior como en el interior contaban con puntos de apoyo. Misa dejó el barril y, con los ojos ligeramente abiertos por la sorpresa, pisó tierra firme.
¿Una... una habitación llena de mecanismos extraños?
Parecía una estructura como las que usaban aquellos grupos del oriente que estaban adiestrados en ciertas técnicas subversivas y de espionaje, diseñadas principalmente con el fin de prevenir las intrusiones enemigas o permitir la fácil huida en caso de emergencia.
Un lastimero canto y su acompañamiento resonaban por toda la superficie de la habitación, abriéndose paso entre los enormes y extraños mecanismos que la abarrotaban por todos lados.
Repentinamente, se oyó un sonido muy agudo y desagradable, el cual hizo que ella diera un salto por el susto.
Mientras la princesa se ponía en guardia, un objeto conectado a los depósitos de agua, parecido a un palo, comenzó a moverse con fluidez. La velocidad de rotación poco a poco estaba aumentando y el ruido que producía al estar en funcionamiento cada vez era más fuerte. Proveniente de algún lugar, se escuchaba un chirriante sonido parecido al de un resorte vibrando, más allá de los engranajes se podía ver una sombra que se elevaba lentamente.
¿Qué va a suceder?
El mecanismo, tan inesperadamente como se inició, igualmente se detuvo de golpe.
¿Estará averiado?
No sabía si eso era bueno o malo.
Al mirar con atención, se dio cuenta de que dos de los cuatro depósitos de agua estaban vacíos y que las asas y cadenas de metal estaban oxidadas, por lo que entendió que todo había permanecido abandonado durante un periodo muy largo de tiempo.
Mientras inclinaba la cabeza debido a la duda, las voces continuaban con una intensidad conmovedora, casi como si se retorcieran de agonía.
De todos modos, tenía que ir. Sintiéndose obligada por su sangre real, capaz de sellar demonios, tenía que auxiliar a quien necesitara ayuda, si ese fuera el caso. Además, si llegaran a ser aliados del héroe, podrían conocer un método para llegar al mar.
Miró fijamente una llama que parecía ser como las ofrendadas a las deidades que se encontraba en una esquina de la pared y comenzó su técnica catalizadora de fuego. Su empapada ropa le complicaba el movimiento, pero más que eso, se sentía avergonzada de presentarse con la vestimenta que traía puesta ante los hombres.
No sabía la distancia exacta que había recorrido mientras fue arrastrada por el agua; sin embargo, mientras Misa caminaba por el lugar al que había llegado, comenzó a preocuparse de que pudiera estar regresando a la torre de donde había partido. A su paso, incluso las lámparas colocadas en el pasillo parecían titilar burlonamente al compás del viento.
Aunado a eso, era razonable creer que a los que habían continuado luchando para rescatarla y fueron capturados, los encerraran en un lugar cerca de la torre donde ella había estado. Empezó a sentir emociones desagradables, ya que todo este tiempo ella había estado intentando escapar.
Además de eso.
Qué extraño
Se mordió las uñas y agudizó los oídos. Iba escuchando más claramente las lúgubres voces, pero no pudo distinguir ni una sola palabra. Si tuviera que describirlas, sonaban como las de su asignatura menos favorita, el antiguo lenguaje ceremonial que su estricto y pesado tutor privado, con el que tenía clase cada dos días, y que, por cierto, se había rendido con ella, le impartía.
Desde adelante, una oscura luz roja comenzó a filtrarse. ¿La parpadeante oscuridad se debía a la luz de las velas? Quizá las habitaciones de más adelante eran amplias ya que los rezos resonaban.
¿De qué manera estaban aprisionados los compañeros del héroe? ¿Tal vez al igual que ella, con cadenas y grilletes? ¿O acaso estaban enjaulados y además había hordas de monstruos custodiando los alrededores?
Misa se secó el sudor de las palmas de sus manos antes de colocar con cuidado su mano sobre la empuñadura de la larga espada que tenía consigo.
Ocultándose de la roja luz parecida a un mar de sangre, se asomó cautelosamente. Tal como piedras en el fondo de un lago, una gran cantidad de siluetas se encontraban de cuclillas.
¡No eran personas!
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Se quedó sin palabras.
En el centro de la amplia habitación, acurrucados como pequeños y débiles animales, se encontraban unos seres que distaban de ser humanos.
Algunos tenían tentáculos color ocre, otros goteaban fluidos corrosivos por todo su cuerpo y algunos más tenían manos y piernas que flotaban sin control en el aire.
¿Ya se habían dado cuenta de la presencia de ella? No, parece que no. Los aproximadamente quince monstruos, que estaban alineados en la compacta y funcional habitación dirigiendo su mirada hacia el piso y sin levantar la cabeza, bajaron la voz.
Las apagadas y casi inaudibles voces se deslizaban por el suelo. En efecto, tal como ella había pensado, se trataba de la entonación de un antiguo lenguaje litúrgico, aunque por más que intentó comprenderlo, no pudo oír ninguna palabra humana. Si tuviera que describir eso, diría que eran como los gruñidos de un bebé. Tal vez no podrían mantener una conversación adecuada. Su frágil apariencia le daba a entender que eran los monstruos más débiles con los que se había encontrado hasta ese momento.
La princesa Misa agarró con fuerza la empuñadura de la espada. Sus huesos parecían tan blancos que hasta se podían ver.
Fue muy ingenua al ir ahí. Fue... una pérdida de tiempo.
Pero no tuvo más opción que ir por ese camino. Por lo tanto, no había razón para recriminárselo. Sin embargo, como había depositado tantas esperanzas en la idea de que ya no estaría sola, de que finalmente se abriría ante ella el camino hacia el mar, la conmoción de ver esa esperanza destrozada fue inmensa. Se sentía engañada y su frustración iba en aumento.
Eran muchos como para pelear con ellos.
Misa tomó una decisión y apoyó fuertemente su cuerpo contra la pared. Había otro pasillo a la izquierda de la habitación. Quizá podría llegar hasta ahí pasando desapercibida.
Mientras Misa avanzaba lentamente, su cuerpo temblaba cada vez que las voces que estaban rezando subían y bajaban melódicamente. Todavía no había problema. Aún no la habían encontrado.
Intempestivamente, un duro y penetrante ruido repercutió por el lugar; fue lo suficientemente fuerte como para hacer que los monstruos se dieran la vuelta.
La Kish Termavicus incrustada en la larga espada había golpeado la pared.
Simultáneamente, una multitud de aterradores ojos con una rica gama de colores posaron su mirada en ella.
Una figura de un color lodoso moviéndose como si se deslizara se interpuso entre Misa y la puerta hacia la que se dirigía.
Tú, aaaah, dijo con una voz que sonaba como si su garganta estuviera retorciéndose.
¿Eres Kishu aaaah?
Ella no respondió, sino que desenvainó la espada. El cerco de monstruos se estrechó y un fuerte olor a animal se diseminó por el lugar.
Kish, de Kish, la sangre de Kish, hija de Kish.
¡Y si así fuera que!
Blandió rápidamente la espada con fuerza y los miró fijamente.
Brazos que goteaban líquidos verdosos, tentáculos de colores siniestros y lenguas viscosas retorciéndose se dirigían hacia ella.
Oh, la esperábamos, a Kish, a la indomable Kish, hemos estado esperando la sangre de Kish.
A Misa de repente le llegó a la cabeza la razón por la que se dirigían a ella... venganza. Seguramente estaban intentando eliminar por completo a quienes estuvieran relacionados con el linaje de aquellos que sellaron a los demonios.
El cabello de Misa brillaba bajo la rojiza luz. De repente, dio un alto salto y atacó a los monstruos que se interponían en su camino; luego giró instantáneamente sobre sí misma para mantener a raya a los monstruos que estaban a su espalda.
Lucharé hasta el final y sobreviviré. Luego organizaré al ejército junto con mi padre y volveré para sellarlos a todos una vez más.
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Los tentáculos, brazos y lenguas temblaron de miedo.
Oh, noooo, por favor nooo.
Lamentablemente, no estoy de humor para escuchar con paciencia.
Mientras se oían las desilusionadas voces de aquellos que no habían logrado capturar a su presa, se dirigió rápidamente al pasillo.
Sin embargo, repentinamente la sujetaron firmemente del brazo derecho.
¡Aaaah!
La seca mano hizo girar al esbelto cuerpo de Misa. La espada se le resbaló de la palma de su mano.
Intentó usar una técnica física con su mano izquierda, pero no funcionó. Mientras forcejeaba tratando de resistirse, unas fluidas y bellas palabras llegaron a sus oídos.
Si consigue sosegar su corazón, retiraré mi mano sin demora.
¿Qué?
Lo que alivió la rigidez y tensión de su cuerpo fueron esas persuasivas y extremadamente refinadas palabras. Los dedos que tenían sujetado su brazo verdaderamente lo soltaron.
Enfrente de ella estaba un hombre de mediana edad con las zonas alrededor de los hombros extrañamente abultadas, y que vestía una larga túnica de color verde oscuro. Su delgado y algo demacrado rostro denotaba dignidad, inteligencia, serenidad y elegancia.
Ni yo ni ellos tenemos ninguna intención de hacerle daño.
Pero... los monstruos. Ya me han atacado.
El hombre hizo una profunda reverencia ante la asombrada princesa y recogió la espada que se le había caído. Luego dispuso la punta de la hoja hacia sí mismo y le ofreció la empuñadura. Ese gesto mostraba un gran respeto.
Y tú... ¿Quién eres?
En tiempos antiguos, serví a sus antepasados. Al igual que todos los aquí presentes. Todos aguardábamos a alguien con sangre Kish.
Al girar su cabeza hacia los otros monstruos, vio que todos se estaban postrando ante ella.
Misa cautelosamente extendió su mano para alcanzar la espada. Aunque tomó una postura defensiva previendo que su interlocutor pudiera girar la hoja, el hombre suavemente y sin visos de resistencia le devolvió la larga espada. Quizá sí era cierto que fue vasallo de sus antepasados. A lo mejor su apariencia había sido alterada por alguna fuerza maligna. En todo caso, no parecía ser un enemigo.
Mientras suspiraba aliviada y guardaba la espada en la vaina, dijo: ¿Por qué razón me estaban esperando?.
Con una actitud digna y una presencia imponente que inspiró respeto, preguntó con autoridad. Al reír suavemente, los ojos del hombre se suavizaron.
Hija de la diosa indomable Rim. Usted es quien traerá la paz y la verdad al mundo.
¿De qué estás hablando? Yo lo único que quiero es regresar al castillo.
Por supuesto que deseamos que se cumpla tu deseo de volver, junto con la venia de la verdadera diosa.
Podía volver... Misa tenía ganas de sentarse. Todo había terminado. Ya no tendría que pasar por más experiencias aterradoras.
¿Es verdad lo que dices?
Desde luego que sí, no obstante, para rectificar este corrupto mundo, nos gustaría que oficiara una ceremonia. ¿Nos podría hacer el favor de acompañarnos?
Le preguntaron cortésmente.
Misa asintió sutilmente y luego lo siguió.
Se podía escuchar un sonido sordo y apagado de campanas, aunque no estaba claro de dónde provenía.
Este sitio originalmente era un lugar donde la gente bendecida le rezaba a Dios.
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Le explico el hombre mientras se le levantaban y le temblaban los hombros de una manera cuanto menos curiosa.
¿Así que es un lugar de creencias antiguas? Ahora que lo mencionas, creo que he oído hablar algo de eso. ¿Cómo es posible que un lugar de adoración a los dioses se convirtiera en una guarida maligna?
Todo eso se debe a que... el mundo se ha distorsionado completamente.
La habitación a la que la condujeron tenía una forma cilíndrica. En el centro, un intrincado mecanismo se elevaba tal como si fuera un pilar, llegando hasta el techo. Frente a un enorme engrane, tal vez unas tres veces más alto que una persona, había algo parecido a un altar, con una cortina que lo cubría por completo.
Encienda ese fuego y aguarde un momento, ya he enviado a alguien a buscar al que preside los rituales. Comience a orar, princesa de Kish, y así Dios volverá a la tierra.
Uno de los monstruos que los seguían les ofreció de manera muy respetuosa una lámpara. Mientras Misa encendía un candelero, por primera vez en mucho tiempo, sonrió.
Así que se trata de un ritual para la resurrección de Dios. Ah, es como si todas las sangrientas escenas anteriores hubieran sido una mentira.
Se dispuso a quitar las arrugas de su vestimenta y se soltó el cabello, que había estado recogido. La princesa sacerdotisa, con el trozo de tela, un recuerdo del héroe, sujetado en su faja, avanzó con elegancia hacia el altar. Intento echar un vistazo a través de la gruesa cortina para entrever lo que allí se guardaba con tanto hermetismo, pero estaba completamente cerrada.
Este mecanismo es...
El hombre hizo una reverencia y luego respondió con un tono simple y monótono.
Sirve para transportar la estatua del dios.
Parecía cierto, y hasta razonable.
De repente, Misa sintió cómo toda la sangre se le escapaba del cuerpo. El tamaño de la habitación, su forma redonda, su ubicación... Podría ser que arriba de ella...
¡Un momento! ¿Dios? ¿Te refieres a esa demoníaca estatua con cuatro alas y seis brazos?.
Ese mismo es Dios, el verdadero Dios. Princesa Sacerdotisa, linaje Kish, de la indomable diosa Rim, usted debe disculparse con Dios.
Qué...
Siéntese, princesa. Luego, incline profundamente la cabeza. Arrepiéntase de los actos de sus antepasados y jure adorarlo de ahora en adelante.
El hombro del individuo se movió. Por debajo de la entreabierta túnica se asomó una mano, la cual era igual que la de los otros monstruos con los que se había topado antes. Mientras balanceaba sus cuatro brazos, intentó sujetarla a la vez que ella permanecía quieta.
Misa inclinó la cabeza hacia adelante y miró hacia abajo con decepción. Parecía como si se hubiera dado por vencida, pero luego soltó una apagada risita que parecía contenida.
Ya veo... Así que de eso se trata. Al final, aquí no había más que monstruos.
Se inclinó hacia atrás y rio a carcajadas.
¿Yo inclinándome ante monstruos? ¿Yo, proveniente de un linaje capaz de sellar demonios?
Debido a su ira, su dorado cabello se alzó, dando la impresión de ser como una cascada invertida.
Sus apretados puños temblaban, y un aura asesina emanaba de su esbelto cuerpo.
Dejen de burlarse de mí, ustedes... son todos iguales.
Con un veloz movimiento, distanció sus piernas y la brillante hoja de la espada ya estaba en su mano. Luego, gritó, casi como si ladrara.
¡Los voy a matar a todos!
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(4月号につづく) Continuará en (el número de) abril.



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