Götzendiener (ゲッツェンディーナー) NOVELA , ACTO 3

 Götzendiener (ゲッツェンディーナー). 

(El título está en alemán y significa: Idólatras).

Autora: Hiroe Suga (菅浩江).

Ilustraciones: Takami Akai (赤井孝美).

Novela por entregas en la revista Dengeki PC Engine. 

ACTO 3. Revista de abril de 1994.

¡Una tras otra, hordas de monstruos atacan a Misa!

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SINOPSIS

Una remota y solitaria isla en medio del océano. Es el lugar en donde el rey demoníaco, que antiguamente atormentó a los seres humanos, fue sellado. La princesa sacerdotisa Kish Rim Misa, la "Diosa Indomable", por cuyas venas corre la sangre de la familia real que desterró al rey demoníaco del mundo humano, está prisionera allí e intenta escapar de la isla maldita por sí misma, blandiendo la Kish Termavicus, la espada sagrada de su familia. Luego de superar numerosos obstáculos, se encontró con un monstruo que afirmaba haber servido a sus antepasados.

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 Misa ya no tenía la expresión facial de una princesa. Al ponerse firmemente de pie, de nuevo volvió a mantener a raya al monstruo de múltiples brazos con su penetrante mirada.

 ¡No voy a tener piedad! ¡No dejaré escapar a ni uno de ustedes! ¡Me dan bastante asco! ¡Yo, Misa, del linaje de la diosa indomable! ¡Fui engañada y me hicieron ofrecer una lámpara a la deidad demoníaca!

 Los seres de bajo rango, con cierto tipo de figura humana, se acurrucaron unos contra otros, temblando bruscamente.

Las comisuras de los labios de la princesa se curvaron hacia arriba. Era una muy fría y espantosa manera de sonreír.

 Qué lástima que yo no sea una apacible princesa. No subestimen a los del linaje que sella demonios. Vengan, los haré dormir profundamente, tan profundamente como para que jamás vuelvan a mancillar el nombre de mis antepasados.

 Tú serás el primero, dijo, lanzándole la mirada al hombre de la túnica larga. El hombre permaneció impasible todo el tiempo que ella se mantuvo hablando; sin embargo, cuando sus miradas se encontraron, una leve sonrisa se dibujó en su esquelético rostro.

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 Misa sintió una repentina oleada de ira y gritó.

 ¿Por qué pones esa cara tan despreocupada? ¡Ya basta, estoy furiosa!

 El hombre dobló las rodillas y se agachó educadamente.

 ¡Ah, cuánta nostalgia! El rey al que servimos en el pasado tenía el mismo carácter feroz que tú. No hay duda de que eres una noble Kish.

 No hay forma de que monstruos como ustedes sirvieran a la familia real. Te voy a desgarrar hasta la nuca esa embustera boca tuya.

 La larga espada, blandida en línea recta, se detuvo produciendo un agudo estruendo.

 El hombre bloqueó el ataque de la princesa con una espada corta.

 Esa espada...

 Así es, Princesa. Son las espadas a juego que nos otorgó la familia real.

 ¡Ah!

 Los tres brazos que le restaban al hombre sujetaban con fuerza el cuerpo de Misa. Luego, soplando su fétido aliento sobre ella, le dijo.

 No estoy mintiendo. Ni en una sola cosa... Ah, te estás comportando de una manera muy agresiva. Verdaderamente, la sangre de la familia real es sumamente violenta.

 El hombre entrecerró sus ojos, estaban tan hundidos que parecían cuevas.

 Bien... esto es bueno. Eres la mismísima diosa Indomable, Rim. Solo cuando tú, que nunca te rindes ante nadie, te arrodilles e implores perdón, Dios se regocijará y se consumará... la resurrección.

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Ante los ojos de todos, velozmente las blancas mejillas de la princesa se tiñeron de bermellón.

 El súbito arranque de ira que la invadió incluso le erizó el cabello. Sus verdes ojos centelleaban con intensidad.

 Algo como eso...

 Dijo eso rechinando los dientes.

 ¡No voy a hacer algo como eso!

 Misa se impulsó utilizando al hombre que la estaba sujetando del brazo. Estando en el aire, dobló las rodillas y luego pateó el pecho del hombre con ambos pies, destrozándoselo.

 No le dio ninguna oportunidad de contraatacar, y al final quedó tirado boca arriba. Al mismo tiempo que su espalda tocó el piso, también lo hizo la punta de la larga espada de Misa, porque con ella le había atravesado el pecho. 

 La sangre salió disparada con fuerza como si proviniera de una fuente. Mientras algo maloliente y viscoso goteaba de su cabello y barbilla, giró la empuñadura haciendo un cruel gesto.

 La bella princesa, bañada en sangre, miró fijamente a los monstruos que aún quedaban.

 ¿Quién va a ser el siguiente?

 Los otros seres de grotescos cuerpos se quedaron paralizados de miedo al instante.

 ¿Quién va a osar desafiar a la familia real, quién va a obligarme a arrodillarme, quién se va a atrever a intentar robarme la vida?

 De repente, algo soltó un chillido. Esa fue la señal para que todos se dispersaran y comenzaran a huir.

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 Con la espada llena de sangre en mano, Misa los persiguió. Y cuando los alcanzo, les rebano las espaldas, les destrozo los torsos y les arranco tanto brazos como tentáculos.

 ¡Noble hija de la familia Kish! ¡No nos mate! ¡Hemos estado esperándola! ¡Nosotros somos sus vasallos!

 Simplemente no hubo manera de detenerla. Escuchar los patéticos gritos de los monstruos y ver la sangre le hacía sentir un agudo dolor en lo profundo de su pecho, pero el placer de matar instantáneamente a los seres vivos era más fuerte.

 Al entrar por el pasillo persiguiendo a una ágil criatura, el tañido de las campanas se hizo aún más fuerte.

 ¡Ay, ya cállense!

 Para desquitarse, dejó caer con furia el filo de la espada contra un monstruo de color ocre. El grito de agonía del monstruo resonó en el muro de piedra, luego retrocedió bruscamente y por último se desplomó produciendo un golpe seco.

 Las campanas sonaban con fuerte estruendo, como si lloraran a los monstruos caídos. El repique incesante de las campanas sonaba como si estuviera recriminando a Misa.

 ¡Les dije que se callaran!

 Llena de furia, corrió como un animal hacia donde se originaba el sonido.

 El campanario se encontraba a la derecha de la bifurcación del camino.

 Sobresaltada por la súbita aparición de la intrusa, velozmente una rata se escondió en una grieta de la pared.

En los rincones estaban colocadas cuatro lámparas. La habitación era tan pequeña que la luz la iluminaba por completo.

 Las campanas resonaban fuerte y ruidosamente en la parte superior. Los ahuecados objetos, de diversos tamaños y dispuestos como si fueran racimos de uvas, eran de una mezcla de colores rojo óxido y verde mohoso, dando la impresión de que podrían caerse en cualquier momento.

 Por el descanso eterno de las almas es que tañen las campanas.

 Sobresaltada por el murmullo repentino, Misa se dio la vuelta.

 Resuenen, propaguen maldiciones, repiquen, retumben. Invirtamos el flujo, mientras nos lamentamos por este mundo lleno de injusticias y contradicciones.

 Un anciano ciego estaba embelesado en una especie de rueda giratoria, parecida a las que se usan con los hámster. Aunado a eso, tenía cuatro brazos.

 Así como lo encontró Misa, lo cercenó.

 ¡Hay monstruos por doquier!

 Apartó con su pie el cuerpo del monstruo que aún se estaba retorciendo.

 ¿Por qué me está pasando todo esto?

 El cuerpo golpeó la rueda que estaba girando. La rueda de madera crujió y luego comenzó a girar en sentido contrario.

 Mientras respiraba con dificultad, moviendo los hombros vigorosamente hacia arriba y hacia abajo, el sonido de las campanas volvió a caer intensa y continuamente sobre ella. Aunque en esta ocasión, el tono no era tan nítido, sino quebradizo y turbio, en todo caso era una solemne y digna melodía.

 ¿Qué?

 Rápidamente Misa se limpió con la manga la sangre que le resbalaba por la frente. Mientras jadeaba, un penetrante olor inundó sus pulmones.

 Las campanas entonaban y repetían un monótono pero suave patrón de tonos agudos y graves.

 A la princesa sacerdotisa de repente le vino a la mente algo proveniente de lo más profundo de su corazón.

 Lo que surgió en su mente fue el momento de cuando se tocaban las campanas al celebrar las ceremonias de la familia real.

 La imagen de una magnífica ceremonia pasó fugazmente por la mente de Misa. El rey saludaba a la multitud, mientras la madre de la princesa le sonreía a ella y le decía: Hazme el favor de portarte bien hoy. Se escuchaba el agradable sonido de las vestimentas de las cortesanas que se producía ante su elegante caminar, y el traqueteo de las espadas de los soldados dentro de sus fundas. Se podía oler el dulce aroma de las flores de atrezo y la propia fragancia de la princesa que lo complementaba.

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 Las campanas seguían sonando. Ella se calmó gracias a que ahora el sonido le recordaba a las melodías de su ciudad natal.

 Kish Rim Misa miró sus propias manos. Tenía las manos manchadas con algo de color rojo oscuro. Su vestimenta estaba empapada y olía a carne cruda.

 Lentamente bajó la mirada hacia sus pies. Luego, al instante en que se dio cuenta de que las partes blancas que se veían en el cuerpo del anciano con los brazos cortados eran huesos, soltó la espada.

 ¿Yo... yo qué he...?

 La princesa sacerdotisa, con el rostro muy pálido, abrazó sus temblorosos hombros.

 Lo único que quiero es regresar a casa. Solo eso. Lo que pasa es que todos se interponen en mi camino... ¡No puedo más!

 Sobre su cabizbaja cabeza, las campanas, al haber perdido a quien las ponía en movimiento, emitieron un leve sonido antes de quedar inmóviles.

 Al quedar todo en silencio, los ratones confundidos comenzaron a emitir chillidos. Una de esas pequeñas criaturas, vencida por la curiosidad, se acercó tímidamente a ella y la contempló durante un momento, observando su cara llena de lágrimas.

 De repente, esa diminuta criatura levantó su cola y corrió de regreso a su madriguera.

 Déjame.

 Levantando su cara, Misa dijo eso con una voz espeluznante.

 Al ver lo que estaba frente a ella, se encontró con un oscilante y translúcido ser fantasmal. Cuanto más forzaba la vista, menos podía verlo, pero parecía ser un soldado investido con algún tipo de equipo militar.

 ¡Márchate de aqui, te maldigo, a ti que profanas este sitio sagrado!

 Cuidadosamente, comenzó a acercar la espada y dijo:

 Si hay una salida, quiero saber dónde está.

 Está por allá, ser maldecido.

 Inesperadamente, el fantasma levantó el brazo.

 ¿Me estás indicando por dónde escapar?

 Misa dudó. ¿Sería engañada nuevamente? Ella ya había matado a tantos monstruos y hasta había silenciado el sonido de las campanas, el cual parecía ser algo muy importante.

 Llego a pensar que deberían repudiarla tanto que lo que querían era que se fuera.

 El fantasma señaló con firmeza hacia lo profundo del pasillo.

 Vete rápido. El sendero por el que debes seguir está más adelante.

 Ella se levantó con determinación y, mientras salía de la habitación, a sus espaldas escuchó junto con una ligera risa que le dijeron: Cuídate.

 El camino que le mostró el ser fantasmal parecía un laberinto. Avanzo por el corto pasillo y luego bajo por varias escaleras fijas y escalerillas de mano. Poco a poco, fue albergando la leve esperanza de estar descendiendo realmente. Si seguía así, quizá ahora sí podría llegar al mar. Pensó que verdaderamente querían que se fuera.

 ¡Oh!

 Quedo asombrada, ante lo profundo de la abisal estructura.

 Comparado con todos los senderos que se había topado hasta el momento, este era muy diferente. Los muros hechos de oscuras piedras permanecían inalterados, mientras innumerables estatuas talladas en madera los flanqueaban. Las figuras parecían estar inspiradas en monstruos; algunos tenían alas, otros muchos brazos e incluso algunos tenían cuernos.

 Cada estatua sostenía antorchas en sus manos, y las llamas teñían de rojo los rostros de piedra negra.

 Le daba un poco de miedo avanzar por en medio de tal cantidad de ojos. ¿Qué haría si la atacaran todos a la vez?

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No daba la impresión de que hubiera otros monstruos por ahí, sin embargo...

 Ah claro.

 La cara de Misa se iluminó.

 Es cierto, los ratones, ¿no había ratones por aquí?

 Mientras se arrastraba por el frío piso de piedra buscando la madriguera, como si hubieran notado su presencia, se oyó un chillido de susto que provenía de una grieta en el endeble muro de piedra.

 Respiro hondo y sin incorporarse por completo cerro los ojos.

 Al recolocar los dedos de sus manos delante de su estómago, su cuerpo comenzó a sentirse más pesado. Su conciencia se sumergía más y más adentro. Luego, tras endurecerse como si fuera una pequeña semilla, repentinamente hizo un movimiento parecido a como cuando un resorte se revienta.

 El cuerpo de Misa se desplomó contra la pared.

 Por otro lado, un pequeño ratón asomó la cabeza fuera de su madriguera.

 El pequeño animal, antiguamente llamado MUR, colocó sus adorables patas delanteras en el regazo de la princesa sacerdotisa, que parecía estar muerta, y sus bigotes se crisparon con tristeza.

 Ay, qué mala apariencia tengo.

 Murmuró el ratón.

 Se trataba de una de las habilidades especiales de Misa, la princesa sacerdotisa: la magia de posesión.

 A menudo la utilizaba para escapar de su tutor en forma de ratón o de paloma. Aunque no podía mantenerla por tanto tiempo y al final terminarían regañándola, aun así era divertido salir al centro de la ciudad con forma de animal, curiosear en tiendas sin grandes lujos, reírse a carcajadas de las palabrotas de los niños y observar cómo todos temían y veneraban el poder de la familia real.

 Con una sonrisa irónica le pasó por la mente que con ese ensangrentado aspecto, fácilmente podría mimetizarme completamente con el centro de su ciudad, incluso sin tener que usar la forma de rata. Al mismo tiempo, casi quería felicitarse por tener el pelo endurecido y cubierto con grumos de sangre. Le sorprendía haber aguantado hasta ese punto.

 Bueno, manos a la obra.

 El pequeño MUR dio media vuelta y corrió a zancadas cortas y rápidas por el pasillo.

 Al tener otra perspectiva, viendo todo desde el nivel del piso, noto que el aspecto de la mampostería del suelo cambiaba alrededor del área donde estaban alineadas las estatuas. No se trataba solamente de diversos tonos de gris, sino que había otros, aunque levemente perceptibles.

 El pequeño MUR saltó de repente sobre una piedra verde cercana. Hizo ruido al pisarla. Era un sonido metálico, parecido al de las campanas de antes.

 El ratón miró con mucho cuidado hacia la estatua. No hubo ningún cambio. 

 Al avanzar un poco más allá, piso la siguiente, que era de color morado.

 Volvió a sonar y, repentinamente, el suelo bajo sus pies colapsó.

 ¡Aaaay!

 Cayó por el abismo. Cada vez más abajo, y más abajo.

 Misa despertó con un salto, empapada en sudor. Su corazón seguía latiendo rápidamente. Volteo hacia la vacía madriguera y apoyo las manos en el suelo.

 ... Lo siento.

 Tal como pensaba, fue una trampa. Había trampas ocultas en ese pasillo. Esa minúscula vida sacrificada le había enseñado esa lección.

 Misa le causó la muerte a muchos de los monstruos que acompañaban a aquel ser fantasmal. No había manera de que la dejaran escapar tan fácilmente. Y puesto que se había negado a someterse a los monstruos, ya no tenía sentido volver a capturarla. En ese caso, más bien era natural pensar que ella ya no era necesaria... con todo lo que eso implicaba.

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 Sacudió su cabeza, intentando deshacerse de la sensación de caída que aún persistía en lo más profundo de su cuerpo.

 Necesitaba calmarse y pensar bien. El hecho de que hubiera trampas daba a entender que más allá de ese punto se encontraba un sitio al que solo los elegidos tenían permitido ir. Si no estaba equivocada aquel ser fantasmal había mencionado un "sitio sagrado".

 Un sitio... sagrado.

 Misa se mordía las uñas mientras intentaba dilucidar la respuesta. Si la intención era simplemente matarla, seguramente había muchas otras maneras de hacerlo sin atraerla a esas profundidades. Seguramente debía haber un significado más profundo para que ella muriera ahí. Estaba convencida de que, si hubiera un sitio sagrado, debería estar en esas profundidades. Morir ahí sería como ser ofrecida en sacrificio a un demonio durmiente.

 ¿Así que su intención era ofrecerme en sacrificio?

 Irritada, se mordió el labio con fuerza. ¿Quizá tenían la intención de enterrarla al son de las campanas? Aquel sonido... el cual parecía contener una maldición.

 Tal vez...

 Misa se puso de pie rápidamente.

 ¡Saldré avante! ¡Lo juro en el nombre de la diosa indomable!

 Extendió la larga espada hacia donde estaban las piedras de colores e intentó golpear las que estaban a su alcance. Había varios colores: Verde, morado, bermellón, café, naranja, azul marino y plateado mate. Por lo que había experimentado hasta el momento, el primer contacto con cualquier piedra no suponía ningún problema, pero pisar la equivocada en dos ocasiones era peligroso.

 Los sonidos que producían las piedras variaban según el color. Mientras seguía el ritmo, tratando de mantener en su mente el orden usando su dedo índice para señalar las piedras, susurró suavemente Muy bien y golpeó de nuevo la verde con la punta de la espada. Una especie de sonido metálico resonó desde el subsuelo. Misa movió la espada con rapidez. Siguió con la de color naranja, y después la de color café.

 Entonces, las piedras de colores que había elegido comenzaron a emitir una tenue luz.

 ¿Son las correctas?

 Con sumo cuidado apoyó suavemente su pie sobre la piedra de color verde. Mientras se escuchaba el sonido, iba aplicando más peso. No hubo problema. Siguió con la piedra de color naranja, luego la café, la bermellón, luego otra vez la café.

 La melodía que fue creando con los sonidos era misteriosamente parecida a la que entonaban las campanas de su ciudad natal. Mientras las pisaba, las coloridas piedras resplandecían a su alrededor. Cuando consiguió llegar a la mitad del pasillo, pudo sentirse más tranquila. Pisando las piedras, se movía por aquí y por allá, tal como si bailara, y antes de que se diera cuenta, Misa había vuelto a ser una niña jugando sobre los pedruscos que se encontraban en su reino.

 Después de cruzar el pasillo, la princesa sacerdotisa se giró con orgullo y sacó la lengua, mostrándosela a las alineadas estatuas de piedra.

 Logró superar ese obstáculo. Estaba segura de que podría regresar a casa. Sin duda podría volver.

 El camino se curvaba levemente. Estaba demasiado oscuro; no se podía ver lo que había más adelante.

 Bueno, perengano ser santo, me gustaría pasar de largo sin encontrarme con usted, ¿le apetece que sea así?

 Mientras avanzaba a tientas, una fría brisa acarició sus mejillas. El ambiente se sentía húmedo y, además, el aire helado.

 Misa ladeó la cabeza y miró fijamente en la oscuridad. Pudo ver algo parecido a una cámara funeraria de piedra con el techo bajo.

 Sorprendida, se detuvo. Por alguna razón no pudo avanzar más; era como si hubiera una pared invisible que le impidiera el paso.

 Ya había experimentado esa sensación antes. Sentía que no tenía control total de su cuerpo, además de algo más que la abrumaba y le daba escalofríos.

 Es... un ataúd.

 En el centro de la habitación se encontraba una cuadrada y gran estructura de piedra.

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 ¿Hum?

 Al estar palpando la pared, se encontró una losa de piedra. La leyó con los dedos. El diseño de los caracteres era antiguo, pero de alguna manera logro comprender el significado.

 El sitio en donde duerme el dios verdadero... no se atrevan a profanarlo. Ofrezcan sus plegarias a las dos estatuas de la deidad... ¡Las estatuas de la deidad! ¿Se refería a aquella demoníaca deidad? Si fuera así, entonces esto, esto...

 Tropezó y puso la mano en la pared para recuperar el equilibrio.

 En ese instante.

 Su cuerpo se tambaleó.

 Sorprendida por el repentino derrumbe del muro de piedra, ni siquiera alcanzó a gritar.

 Iba a caerse.

 De golpe le volvió la sensación de ser un ratón. Sin embargo, esta vez no se trataba de que hubiera poseído a un huésped, sino que era verdaderamente su propio cuerpo.

 Sintió una extraña sensación de flotar, además de una presión o hinchazón en una parte de su estómago. El viento le cortaba el hélix de las orejas.

 Pensaba que iba a morir. Pero también le pasó por la mente que no podía hacer nada.

 Porque Misa estaba cayendo dentro de una luz. Parecía que lo hacía por la destruida pared exterior. El sol era deslumbrante. El viento traía consigo una fragancia marítima.

 Era mejor que ser asesinada por un monstruo en la más profunda oscuridad, ¿no era así...?

 El impacto del momento era devastador. Llegó un punto en que ya no pudo entender nada.

 ¿Quizá una verdadera deidad maligna estaba durmiendo en aquel ataúd? ¿La secuestraron para revivir a esa cosa? Era espeluznante. De por sí la estatua de la deidad demoníaca ya era bastante aterradora, pero... un momento... estatua... Ahora que lo pensaba bien, había dos... ¿Dónde estaba la otra? Aunque más que eso, ¿por qué en este lugar están tan obsesionados con el linaje Kish? La planta que era exactamente igual a Dilvar, la flor destructora de demonios, además de las espadas que le pertenecían a la realeza, había muchas cosas relacionadas con la familia real, pero de alguna manera todas parecían distorsionadas y retorcidas.

 De repente se escuchó a alguien tosiendo con fuerza y persistencia. Parecía que era doloroso. En el instante en que pensó eso, comprendió que era ella misma la que tosía violentamente. Le dolía la espalda. Aunque no parecía que la tuviera rota.

 Al abrir los ojos, pudo ver el despejado cielo a través del techo roto.

 Con esfuerzos, se incorporó. Misa estaba tumbada sobre una gruesa pila de alguna especie de colchones. Se había salvado. Era increíble haber caído ahí. Aunque también fue una gran fortuna que el impacto se amortiguara un poco gracias al techo, ya que estaba hecho de delgadas ramas.

 Pero, ¿por qué había tantos colchones?

 Miró a su alrededor, se tapó la boca con la mano, y dijo: ¡Qué barbaridad!.

 Era un almacén. A primera vista parecía que era de una especie de compañía de teatro y, además, bastante grande.

 Había bastantes elementos decorativos que representaban bosques y paisajes urbanos apoyados contra la pared, aunque la pintura en ellos se estaba descascarando y los colores habían perdido intensidad. También había estructuras que se asemejaban a palanquines y tablones de madera que al parecer eran utilizados como bases. De las cajas de madera apiladas unas encima de otras, se habían caído objetos como utensilios de cocina, hachas, ollas, armazones de carga para llevar cosas a la espalda y carteles, que estaban ligeramente cubiertos de polvo. Lo más probable era que la montaña de colchones también estuviera ahí para su posterior uso en el escenario. 

 El cuerpo le dolía terriblemente, pero de alguna manera parecía poder caminar. El cielo azul le confería esperanza. Había caído demasiado, así que de seguro el mar debía estar cerca...

 La siguiente habitación que encontró era muy amplia y estaba equipada con iluminación; al parecer era un espacio utilizado para ensayar. La presencia de botes de pintura alineados en un rincón le invitaba a pensar que quizá era un taller.

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 Justo en el instante en que estaba bajando la guardia, pensando en lo emocionante de estar entre bastidores, la puerta se abrió y abruptamente apareció una figura.

 Desenvaino la espada y adopto una postura defensiva. Pero Misa no podía dar por sentado tan de inmediato que los que seguían y seguían entrando por la puerta fueran sus enemigos.

 No se diferenciaban en lo más mínimo de ella. Campesinos, eruditos, pajes, soldados, comerciantes. No tenían tentáculos, sino dos brazos; no escurrían baba y eran como los humanos.

 ¿Disculpe, señorita, pudiera ser que usted sea una "authenticus"?

 El erudito que estaba más al frente preguntó eso con un tono algo antinatural y forzado.

 ¿Authenticus?

 Si. Le estoy preguntando si usted es un ser humano.

 ¿No te deberías dar cuenta con solo mirarme? ¡Claro que soy humana!

 ¡Oooh! Murmullos de emoción surgieron del grupo, que se componía de alrededor de diez hombres. A la sazón, ¿dónde es que se encuentran los demás? Hemos vislumbrado llegar harto gentío a esta isla en barco, pero nadie se ha detenido aquí.

 Misa apretó los labios por un pequeño momento y les dijo: Excepto yo. Lo más probable es que todos estén muertos.

 ¡Ooh! Se escucharon unos dolorosos gritos, y dramáticamente se encogieron de hombros y se llevaron las manos a la frente.

 ¿Quiénes son ustedes? ¿Son actores secuestrados?

 El hombre movió el dedo índice de un lado a otro, haciendo un sonido que indicaba negación.

 No somos actores. Pero tal vez sí podríamos tener la habilidad para serlo. Puesto que durante largo tiempo hemos estado sin nada que hacer, hemos estado experimentando todo tipo de cosas para divertirnos. Ha sido una buena práctica... imitar la verdadera forma de los seres humanos.

¿Quéeee? ¿Dices que los están imitando?

 Al gritar, un pulsátil y agudo dolor le surgió de la espalda. Mientras Misa gemía y se doblaba por la mitad, ellos ofrecían argumentos descontrolados.

 ¿Acaso está mal la imitación? Fuimos creados hace muchísimo tiempo. Nos hemos esforzado bastante por aumentar nuestro número de compañeros, hacer las imitaciones y mostrárselas. Puede llegar a ser un problema si eres la única humana. Ya que Dios se complacería más si hay muchos seres humanos que se postren ante él en el momento de su resurrección.

...

 Se estaban llevando a cabo todos los preparativos para la resurrección del Rey Demoniaco. El semihumano le dijo eso con preocupación, mientras ella retorcía los labios haciendo una mueca.

 ¿Qué te acontece? ¿Acaso intentas impedir la resurrección de Dios?

 La expresión de su rostro sin duda ofrecía la respuesta.

 ¿Así que estamos en lo correcto? Pues entonces no hay nada que se pueda hacer al respecto.

Misa apartó de un manotazo la mano que intentaba estrangularla.

 ¡Apártense!

 Se creó un espacio entre ella y la horda de semihumanos. Ellos tropezaron aparatosamente y gimieron ruidosamente, pero prontamente se recuperaron y atacaron.

 La princesa sacerdotisa agarró el hacha que casualmente rozó con su mano y la arrojó contra la multitud.

 Los rostros de los hombres, llenos de sorpresa y terror, se podían ver con una claridad asombrosa. Por un instante, la expresión de Misa se distorsionó. ¿Les había causado daño a esos seres que aparentaban ser humanos?

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 El joven más cercano, vestido como un paje, rápidamente y sin vacilar extendió el brazo.

 No debía hacerlo. Si se atrevía, le cortaría la mano.

 Aunque fue Misa quien lanzó el arma, por alguna razón fue ella quien se cubrió la cara.

 Sin embargo, el paje no mostró ningún cambio en su expresión y aplastó el hacha con facilidad.

 ¿Eh?

 Así es. Era de utilería. No era apto para un combate real.

 Sin todavía sentirse completamente aliviada, les volvió a decir: Apártense. Déjenme pasar.

 No se movieron. A decir verdad, más bien parecía que su número había aumentado ¿Por qué? No había indicios de que alguien hubiera entrado o salido.

 La multitud que tenía frente a sus ojos se desplazaba mediante complejos movimientos, como si los estuviera viendo con un caleidoscopio. Mientras Misa permanecía inmóvil, dudando a cuál de todos atacar, un rastrillo de labranza le propinó un fuerte golpe en la espalda.

 ¡Ay!

 Por la forma en que se desmoronó, hacía ver que el rastrillo también era de utilería. Sin embargo, el golpe sí fue bastante fuerte. Ya que se la había lastimado durante la caída, le dolía la espalda y además la tenía entumecida.

 Reflejando tristeza en sus ojos, Misa blandió la espada. De los cuerpos de los semihumanos brotaba sangre del mismo color que la de los humanos, y morían gritando igual que ellos.

 Con los primeros dos le surgió algo de arrepentimiento, ya que en realidad no quería eliminarlos. Sin embargo, al ver el color rojo intenso y escuchar las estridentes voces, una sensación de placer surgió lentamente desde lo más profundo de su cuerpo.

 En ese punto, el hermoso rostro de la princesa sacerdotisa ahora reía.

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 Ya veo, así que ese es el rostro que tengo que poner. He aprendido algo nuevo. Así que este es el tipo de ser que es un Kish.

 ¡¿Qué dijiste?!

 Rauda trató de eliminarlo, pero no hubo ninguna reacción proveniente del hombre.

 ¿Una técnica ilusoria...?

 Tras prestar más atención, se percató de que el número no había aumentado debido a que habían llegado nuevos seres, sino que eran una especie de copias de los que ya estaban presentes. La impresión caleidoscópica que tuvo antes realmente provenía del movimiento simultáneo de cada par, donde, cuando uno se movía hacia la derecha, el otro se movía hacia la izquierda. Eso hacía que no supiera a cuál atacar.

 Mientras Misa titubeaba, algo la golpeó con fuerza en el hombro.

 Lo que usaron para golpearla fue otra arma de utilería, una guadaña, la cual se enredó en la vestimenta de la heroína, rasgándole la tela.

 ¡Oh, no!

 La herida que le provocó fue muy superficial, pero la desgarrada ropa entorpecía sus movimientos. Misa cortó la parte que le estorbaba. Con sus suaves e hinchados senos al descubierto, hizo gala de un espectacular salto lateral tal como si fuera una diosa de la guerra.

 Luego de eso se aferró con fuerza a una lámpara colocada en el suelo. Al pulsar un botón, surgió una resplandeciente llama del interior del cilindro.

 Misa la dirigió hacia los semihumanos.

 Tal como lo previó, los verdaderos tenían sombra, pero las ilusiones no.

 Al saltar hacia el anillo de luz que ahora enfocaba a los semihumanos, con un solo movimiento Misa eliminó a tres enemigos. Salpicaduras rojas cubrieron su blanco pecho.

 ¡Quienes quieran representar una tragedia, que se acerquen a mí! Dijo la princesa sacerdotisa, libre de dudas.

 Bañada por la luz de la lámpara, encarnaba la valiente figura de un poder abrumador, no menos impresionante que su padre, el rey.

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 Mientras permanecía allí, desafiante, algo se deslizó y se frotó contra ella. Era un contorno sin sombra, la borrosa figura de uno de los sirvientes del rey demoníaco. Y además de eso, no se veía que tuviera un cuerpo sólido.

 Cuando se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, ya era demasiado tarde.

 El fantasmal sirviente invadió su cuerpo, provocándole una sensación espeluznante.

 Estaba poseída. Sentía las piernas y los brazos increíblemente pesados. Apretó sus dientes e intentó resistirse, pero fue incapaz de desafiar el avance de su cuerpo hacia el estrecho pasaje por donde habían salido los semihumanos.

 ¿A... a dónde me llevas?

 Eso es todo lo que pudo decir. Era como si el ser le estuviera agotando toda la energía. Y ahora ella también tenía una copia. Cualquiera diría que la persona que sonreía radiantemente no era otra que Kish Rim Misa.


 Imito incluso mi figura.

 Pero no solamente era su apariencia. Se podía saber eso observando su postura con la espada. Si tuvieran que luchar, probablemente eso sería tan hábil como ella.

 Una oleada de ira se apoderó de ella. 

 ¡Aléjate de mí! ¡Maldito monstruo!

 La entidad que la poseía fue repelida debido a la gran fuerza mental de Misa.

 Casi de forma inverosímil, su cuerpo se aligeró. Pero aún no tenía fuerzas como para enfrentarse a su otro yo.

 Con un chasquido de lengua, que podría entenderse como de resignación, Misa salió corriendo repentinamente hacia un lado. Y abrió golpeando con el hombro la pequeña puerta.

 Al cerrar la puerta tras de sí, sintió ganas de reírse ante la tajante tranquilidad de esa habitación.

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(5月号につづく) Continuará en (el número de) mayo.



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