Götzendiener (ゲッツェンディーナー) NOVELA , ACTO 5

   Götzendiener (ゲッツェンディーナー). 

(El título está en alemán y significa: Idólatras).

Autora: Hiroe Suga (菅浩江).

Ilustraciones: Takami Akai (赤井孝美).

Novela por entregas en la revista Dengeki PC Engine. 

ACTO 5. Revista de junio de 1994.

¿Cuál es la verdadera identidad de la enigmática mujer que exhortó a Misa a detenerse?

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SINOPSIS

Con la ayuda de un fantasmal soldado, Misa pudo escapar del combate contra los semihumanos. Al fin pudo llegar al mar, sin embargo, el barco que encontró ahí estaba... medio hundido. Misa estaba sumamente desconcertada, pero al instante siguiente, recibió otro impacto que dejó su mente en blanco. ¡Había aparecido una versión falsa de ella! Todo era obra de los monstruosos seres cuyo objetivo era la resurrección de la deidad demoníaca. La reacción de Misa ante eso, fue dispararles con un cañón y luego entrar de nuevo en la siniestra construcción.

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 ¿De quién es esa voz?

 Aún aferrada a la espada, Misa temblaba incontrolablemente.

 ¿Quién perturba mi recluida existencia?

 La forma de hacer la pregunta era tan limpia y pura como el agua fría. Con un porte noble y sereno, pero a la vez resonante y delicado. ¿Había alguien en el mundo con tal tono de voz?

 ¡Más bien pregunto yo! ¿Quién eres tú? 

 Estaba haciendo todo lo posible por pronunciar algo, pero estaba completamente abrumada.

 La voz que se filtraba desde el subsuelo de repente incluía una risa.

 Una hija de los seres humanos... Así que eres una hija de los humanos. ¿Qué tienes que ver con los que nos encerraron?

 ¿Los que los encerraron?

 Misa frunció el ceño.

 Así que la dueña de esa hermosa voz pertenecía al bando de la deidad demoníaca.

 Kish Rim Misa estaba confundida.

 La compuerta ya estaba abierta. Si abordaba la pequeña embarcación, podía regresar a su cálido y soleado reino. No tendría que luchar sola; contaría con su padre, el rey; además, podría reunir al ejército para destruir por completo a esta demoníaca isla.

 Pero...

 ¿Llegaría a tiempo? Quizá la falsa Misa podría postrarse ante el demonio. Además, ahora que se había roto el sello, la dueña de la voz podría salir a la superficie.

¡Ah!

 Misa cayó de rodillas ante tal desilusión.

 Al mismo tiempo se produjo un terremoto. Toda la isla tembló, mientras se escuchaba un ruido espeluznante.

 ¿Podría ser esto también una señal de la resurrección de la deidad demoníaca? ¿Estaba enfurecido por la destrucción de la isla?

 Se mordió el labio con tanta fuerza que hasta le sangró.

 Todo es mi responsabilidad.

 En primer lugar, todo comenzó porque yo, una Kish, fui secuestrada. El héroe y todos los miembros del ejército que venían con él... murieron por mi culpa.

 ¿Y si con tal descaro regreso, y ya es demasiado tarde?

 ¡Mi alma no podría soportar más arrepentimiento! ¿Qué debería hacer la "Diosa Indomable"?

 Así es, solamente había una cosa que podía hacer.

 ¡Espérame, monstruo!

 La princesa sacerdotisa, con la bastilla de su vestido ondeando, saltó al pasadizo que conducía al subsuelo.

 La rocosa superficie le producía dolor en las plantas de sus pies.

 El pasadizo era bastante amplio, pero no había antorchas ni hogueras. Aun así, los ojos de Misa estaban fijos, mirando hacia el frente de la rampa por la cual descendía. El subsuelo estaba lleno de una tenue luz azul, un color parecido al del agua. Se filtraba por las paredes, emanaba de su vestido y también salía de la empuñadura de la atesorada espada.

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 Las Kish Termavicus estaban emitiendo luz.

 ¿Todas estas paredes son de Kish Termavicus?

 La nacarada luz de las Kish Termavicus brillaba por aquí y por allá sobre la oscura superficie rocosa. Sin duda, el sitio merecía ser llamado una veta mineral.

 ¡Qué lugar tan increíble!

 Misa tenía miedo. La desbordante energía que emanaba de las Kish Termavicus era aterradora.

 ¡Era en medio de ese inagotable poder en donde los monstruos acechaban!

 Mientras descendía por la escarpada ladera de piedra natural, de repente pudo tener una mejor visibilidad.

 ¿Un estanque...?

 Techos altos y rocosos, una fresca atmósfera impregnada de una fragancia acuática. La turbulenta agua, aunque oscura, tenía un hermoso tono azul, el cual parpadeaba, reflejando la luz de los yacimientos minerales de las Kish Termavicus que la rodeaban.

 Era un lugar fresco y agradable.

 Sin dejarse intimidar por el penetrante frío, la voz, clara como el hielo, resonó de nuevo.

 Hija de los seres humanos, hemos cedido a sus deseos y ahora vivimos en paz. ¿Por qué vuelves a perturbarla?

 ¿En paz, dices? ¡¿Llamas "paz" a secuestrarme y planear la resurrección del Rey Demoniaco?!

 ¿Resurrección...? ¡Ah! así que es por eso.

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 Su voz sonó con un poco de indecisión.

 Ven, hija de los seres humanos. Es por aquí.

 Claro, iré con gusto, dijo Misa mientras seguía avanzando por la orilla del estanque.

 Pronto, algo candente se percibirá incluso en el silencioso estanque.

 ¿Cómo surgió este calor tan repentino?

 La princesa sacerdotisa agitó las cuentas con expresión de fastidio y se secó el sudor de la frente con la manga. Poco a poco el calor se fue intensificando, haciéndola sentir como si se estuviera asando al fuego.

 El camino que tenía frente a ella ardía mostrando un color rojo oscuro. No había llamas, pero las paredes estaban teñidas de color fuego.

 Ella se preguntaba por qué. Mientras sudaba copiosamente, Misa entrecerró los ojos. Un angosto pasadizo había sido excavado en la rocosa pared, y de ahí brotaba el ostentoso color del fuego.

 Uf...

 Tras atravesar el sector rocoso, ahora se encontraba en un infierno abrasador.

 El magma que fluía en lugar de un río burbujeaba expulsando siniestra espuma. Las rocas que pisaba apenas eran sólidas; tenían un color rojizo que daba la impresión de que podían derretirse en cualquier momento.

 Para Misa, el viciado aire se sentía como una ardiente lengua lamiendo su rostro.

 Si no estuviera ataviada con el vestido incrustado de joyas, hace rato que su cuerpo habría sido reducido a cenizas.

 Hija de los seres humanos...

 Una fresca voz, fuera de lugar en ese mundo de fuego, cayó desde lo alto.

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 Misa levantó la vista y se quedó boquiabierta.

 Vio un rocoso techo con piedras dispuestas como si fueran pilares invertidos. Pero, tras una inspección más minuciosa, las formaciones con forma de estalactitas resultaron no ser formaciones naturales, sino más bien un conjunto de construcciones con ventanas y puertas.

 Desde las ventanas, cada una iluminada por una pequeña luz blanca, innumerables ojos observaban hacia afuera.

 ¡Tantos!

 ¿De verdad hay tantos miembros en el clan demoníaco?

 ¿A qué le temes, noble selladora Kish?

 Se oyó un aleteo y la potencia del calor osciló.

 Descendiendo desde la cenital ciudad, vio a una mujer elegantemente vestida con una larga vestimenta blanca. No obstante, se asemejaba a la propia estatua de la deidad demoníaca, con cuernos retorcidos en lugar de orejas, cuatro alas y seis brazos. Cuando Misa desenvainó la larga espada y se preparó para enfrentarse a su oponente, ella aterrizó con bella gracia justo delante de sus ojos.

 Más bien somos nosotros quienes deberíamos estar atemorizados.

 ¿Qué?

 En el instante en que Misa vio su figura, teñida de carmesí debido al reflejo de la lava, sus rodillas comenzaron a temblar incontrolablemente una vez más.

 Sus grandes y oscuros ojos parecían rebosar de compasión, y a pesar de sus cuernos y su temible aspecto, su erguida postura era simplemente como el de una deidad.

 Ya había experimentado eso antes. Sintió ese mismo impulso de arrodillarse cuando vio aquella estatua de la deidad demoníaca.

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 Misa apretó aún con más fuerza la empuñadura.

 ¿Por qué le temes a los humanos?

 La mujer bajó la mirada de repente.

 ¿Que no fueron ustedes los que nos robaron las joyas y nos encerraron?

 ¿Qué dices? ¿Nosotros robamos las Kish Termavicus?

 Sí. Con sus corazones llenos de deseos y sus combativos brazos.

 A Misa se le escaparon unas guturales carcajadas.

 Jamás imaginó que un miembro del clan demoníaco pudiera decir unas palabras tan lastimeras.

 La alada mujer frunció el ceño con lástima al ver la horrible sonrisa de la princesa.

 Hija de los humanos. ¿Acaso sus deseos son infinitos? ¿Qué has venido a decirnos en esta ocasión ¿Qué quieres con nosotros que estamos descansando?

 No te hagas la tonta.

 Con los ojos brillando intensamente, Misa profirió ¿Qué quieres decir con "descansando"? ¡Ustedes son quienes están planeando la resurrección de la deidad demoníaca!

 Ah, eso es un malentendido.

 Al extender sus largas mangas, nuevamente Misa sintió el impulso de venerarla.

 ¿Por qué? ¿Por qué sentía el deseo de someterse tan fácilmente a esa mujer, o mejor dicho, a ese ser?

 Sin disimulo alguno, la mujer juntó las manos delante del pecho, como si suplicara.

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 Y entonces intento abrir la boca.

 Un sordo estruendo sacudió la caverna. El río de lava levantó grandes olas, y las rocas se desmoronaron y cayeron de las paredes.

 Qué terrible. Todo es culpa tuya, ¿no es así?

 ¿Terrible? ¿Cuál de los bandos es más terrible, ustedes o nosotros? Dijo eso Misa, mientras le sonreía con desprecio a la mujer que la miraba con tristeza.

 Escuchamos lo que ustedes, los humanos, nos dijeron y, como resultado de eso, ahora vivimos recluidos de esta manera. Sin embargo, tú, al igual que los tuyos,  tienen el deseo de destrucción corriendo por sus venas, siempre intentan acabar con todo.

 Me dejas sin palabras al decir que están recluidos. Si eso fuera verdad, ¿qué hay de los que se encuentran en la parte superior? ¿Cómo explicas que los de tu clan estén preparando la resurrección de la deidad demoníaca?

 Cuando apuntó la hoja de la espada hacia ella, la mujer dejó escapar un suave suspiro.

 Aunque es miembro de nuestro clan, es un rebelde.

 ¿Rebelde?

 Así es. Está haciendo caso omiso de nuestros intentos de detenerlo y procediendo por su cuenta. Actuando por su propio beneficio, transformó a quienes antes eran humanos en criaturas parecidas a nosotros, y hasta ordenó a uno de ellos como su sacerdote para que orquestara su resurrección. Así es, no tiene nada que ver con nosotros, que estamos atrapados a causa de los humanos y vivimos como muertos.

 El suelo tembló y volvió a rugir con un fuerte estruendo.

 Un rincón de la ciudad en el techo se derrumbó, y los miembros del clan demoníaco que la habían convertido en su morada extendieron sus alas a causa del pánico. Los oscuros ojos de la mujer se quedaron fijos en sus compañeros mientras estos, despavoridos, volaban a la construcción contigua, gritando a todo pulmón.

 Tras haber logrado evitar caer gracias a que apoyó la punta de la espada en el suelo, en medio de su ira, Misa comenzó a sospechar algo.

 ¿Por qué no me atacas? ¿Por qué no me capturas para usarme como sacrificio?

 ¿En serio ustedes son tan bondadosos que prefieren la tranquilidad?

 La astada mujer giró repentinamente la cara hacia ella. Ahora que lo pensaba bien, aparte de sus ojos negros con aspecto húmedo, no podía distinguir muy bien más detalles de su rostro. Era extraño, teniendo en cuenta lo cerca que estaban.

 Misa intentó descifrar su expresión, pero la mujer, a quien estaba segura de que miraba fijamente, se volvía cada vez más borrosa cuanto más intentaba verla, era como si fuera una figura onírica.

 La mujer explicó el motivo de eso con fluidez. Hija de los humanos, reconoce a quien se encuentra en la parte superior y acéptalo como tu puro y virtuoso dios, tal como lo fue en otro tiempo.

 ¿Puro y virtuoso? No, no me engañarán. ¡Aunque sea una deidad, seguro debe ser un ser demoníaco que le traerá la desgracia al mundo!

 La mujer negó con la cabeza, moviéndola lentamente. Aunque no podía ver su rostro, le transmitía ternura y una profunda tristeza. Aunque su silueta era difusa, sus emociones se transmitían profundamente... Verdaderamente era como una deidad.

 Misa susurró de nuevo: No, es un demonio. Lo hizo para convencerse a sí misma.

 El ambiente que rodeaba a la mujer se volvió menos tenso y sus palabras se volvieron más gentiles.

 No lo sabes, ¿cierto? El verdadero pasado que ha sido deformado por la historia distorsionada de los Kish.

 ¿El pasado verdadero?

 Se produjo otro pequeño estruendo, pero Misa ya no le prestó atención.

 Nosotros fuimos sus dioses, ustedes nos amaban y nosotros también los amábamos. Fuimos seres que los guiaron, que les otorgaron joyas, que les concedían deseos y cumplían sus sueños.

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 En ese entorno que ardía con furia, su voz resonaba con un sonido agudo, fino, bello y claro que parecía descender de los cielos. Misa casi asintió con la cabeza en señal de acuerdo ante el aura de la argumentación, pero rápidamente recuperó su actitud y volvió a salir a flote su orgullo y confianza.

 La mujer volvió a hablar: Pero ustedes, los humanos, destruyeron... esa feliz relación.

 Qué absurdo. El sellado de los demonios fue lo correcto. Fue el merecido castigo por oprimir a la humanidad.

 No, no. Esa es una historia distorsionada. Más bien, nosotros fuimos los oprimidos. Hija de los Kish, tus antepasados ​​no se contentaron con las joyas que les ofrecimos, así que asaltaron violentamente esta sagrada isla, nos las robaron y nos encerraron.

 ¡Es mentira!

 Al agarrar con fuerza la Kish Termavicus que estaba cerca de su muslo, esta vibró. Al igual lo hicieron las cuentas de la vestimenta de la reina. Prenda que representaba los abundantes tesoros de la época de la monarquía tayik.

 Incluso si, hipotéticamente, lo que dices tuviera algo de verdad, ¿por qué existencias divinas como ustedes permitirían tan dócilmente que les robaran sus tesoros y aceptarían recluirse?!

 La mujer extendió lentamente sus brazos, transmitiendo un sentimiento de indulto.

 Porque eso era lo que los humanos querían.

 Los labios de Misa se distorsionaron haciendo una mueca.

 Qué incongruencia. Si fue así, ¿por qué ahora tu clan desea una resurrección? ¡Ningún ser humano desea tal cosa!

 Un suspiro escapó de sus labios y su rostro se ensombreció por la tristeza.

 ¿Actualmente tu reino es un lugar feliz?

 ¿Eh?

 Un rey que se ha desligado de Dios y que reina como un guerrero en nombre de la expulsión de demonios, ¿tiene acaso algún deleite más aparte de la matanza y satisfacer sus propios deseos egoístas. Por ejemplo, ¿es benevolente con todas las personas de sus dominios?

 La princesa sacerdotisa se quedó sin palabras.

 Claro que lo era. Era muy fácil decir que era así. Su guerrero padre arraso a todos con su fuerza. Ha creado héroes, preparado buques de guerra y, además, ha gobernado al pueblo con su absoluto poder. Por supuesto, que el reino era feliz. Por eso la gente le lanzaba flores a la realeza. De hecho, la vitoreaban diciendo: ¡Salve, Princesa Kish, la diosa indomable, princesa Sacerdotisa Misa! Sin duda, todos eran felices. Sí, todo el reino debería ser feliz.

 Pero, ¿pudiera ser que las palabras de alabanza que acompañaban a las flores eran debido a su fuerza?

 Hija de los Kish, no puedes responderme, ¿cierto? Por eso te lo ruego, por favor, vuelve a aceptar al hombre que se encuentra en la parte superior como tu Dios. Él no accederá a quedarse encerrado como nosotros, y aún sueña con guiar a la gente. Su osadía es un último recurso para superar la propia osadía de ustedes. Te aseguro que eso les traerá felicidad a los seres humanos. Así que... arrodíllate.

 ¡No lo haré!

 La mujer siguió argumentando.

 Si el clan que sella a los demonios pide perdón por lo hecho en el pasado, Dios descenderá al mundo una vez más. Eso será una bendición para ustedes, los seres humanos.

 Con el rostro casi lleno de lágrimas, Misa rechazó todo eso moviendo enérgicamente la cabeza.

 Men... mentira. No creo nada. Los Kish... sellando y robando a un dios... No creo en nada de eso. Solo intentas manipularme, eso es, intentas engañarme y así invocar una era caótica.

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 Su rubio cabello estaba todo desordenado, al igual que sus palabras.

 Como si ella misma lo hubiera inspirado, se produjo otro terremoto aún más potente.

 Cuando el estruendo amainó, la mujer le habló con profunda emoción a la heredera del linaje que sellaba demonios, la cual respiraba con dificultad.

 No deseo tiempos de caos. No obstante, si no inclináis la cabeza, el sacerdote no dudará en ir a la guerra.

 ¿Qué es exactamente lo que quieres decir?

 La princesa sacerdotisa levantó la mirada. Pero sus ojos no reflejaban nada de fuerza.

 La resurrección de Dios no puede llevarse a cabo sin la disculpa de los nobles Kish. Si no te arrepientes, ellos ya no optarán por el método respetuoso, intervendrán en su mundo y no solo someterán a los Kish, sino que obligarán a todo el pueblo a arrodillarse. ¿Eso es lo que quieres, precisamente lo que tú llamas una era caótica?

 El suelo bajo sus pies tembló nuevamente y otra construcción más se derrumbó.

 El cuerpo de Misa también tembló violentamente.

 Pero, no fue a causa del terremoto.

 ¿Quieres decir que si no me disculpo, el pueblo se verá involucrado en todo esto?

 Ella se rió a carcajadas. Ya no era una elegante princesa, sino algo más parecido a un ser demoníaco.

 Ja, ja,ja, justo como pensaba, ustedes no son más que seres malignos. Entonces, con el fin de resucitar, ¿quieren enfrentar a mi pueblo con seres que alguna vez fueron súbditos de la familia real y que ustedes transformaron en monstruos? ¿Acaso eso es el buen obrar de los dioses?!

 Por lo tanto, ante todo, por el bien de un mundo completamente pacífico. ¡No te haré caso! ¿Quién te crees que soy? ¡Soy la princesa sacerdotisa de la familia real que sella demonios, la indomable Misa!

 Pisó firmemente el tembloroso suelo con sus pies y clavó la espada en la tierra, produciendo un fuerte estruendo.

 Si los dioses prestan atención a lo que dicen los humanos, entonces escuchen bien. ¡Ni mi padre ni yo queremos un dios así! Hagan como hasta ahora y quédense aquí. ¡De lo contrario, perecerán! ¡En este mismo instante!

 La mujer bajó los hombros con decepción. Incluso bajo sus cuatro alas.

 Esa es tu respuesta, hija de los humanos, con sangre que sella demonios. La idea de elegir una pequeña paz presente en lugar de una gran felicidad futura...

 Justo en ese momento se escucho la voz de alguien.

¡Diosa! Con ese grito, una figura llegó al rojizo entorno.

 Oh, es un placer conocerle finalmente. El pasadizo ahora está abierto.

 ¿Un sacerdote?

 Siguiendo la mirada de la mujer, Misa también miró a ese ser y a los que venían con él.

 Eran un grupo de criaturas monstruosas sin alas, pero con cuatro brazos. Sus cuerpos estaban cubiertos con túnicas ceremoniales de un blanco puro, lo que les confería un cierto aire de dignidad.

 ¡Así que tú eres el traidor tras la resurrección de la deidad demoniaca!

 Oh, princesa...

 Misa alzó su espada al mismo tiempo que el subsuelo crujía con más fuerza que nunca.

 ¿Qué?

No podía soportarlo más. Su visión se tambaleaba e incluso se invertía; además, además sentía como si toda la ciudad en el techo estuviera a punto de derrumbarse. Ya no había arriba ni abajo, ni izquierda ni derecha. El salpicante magma parecía reaccionar a las joyas, provocando violentas erupciones de vapor.

 En ese subterráneo mundo, que había comenzado a desbaratarse, lo único que resonaba de manera suave era la voz de la mujer.

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 Sacerdote, te lo dejo todo a ti. Esto ya es un asunto entre ustedes, los humanos. Yo, una deidad, no puedo intervenir. Si esta es la voluntad de esta persona... de la humanidad... entonces volveremos a dormir.

 Una enorme roca cayó justo delante de Misa.

 ¡Uf!

 Ella miró a través de la nube de polvo y vapor, buscando una vía de escape.

 Gracias a las habilidades de la princesa sacerdotisa, pudo percibir que una enorme cantidad de agua se dirigía hacia ese punto.

 El estanque que hacía poco había dejado atrás ahora se precipitaba hacia el lugar con la forma de un torrente embravecido.

 ¡Ven acá, líquido vital!

 Ni siquiera tuvo tiempo de realizar la danza del agua. Sin embargo, las joyas del vestido y las vetas minerales que llenaban el rocoso lugar le infundieron fuerza.

 Los pasos que dio Misa no fueron precisamente los de aquel grácil baile catalizador de su magia de agua. Fueron más bien unos feroces pisotones, despiadados y violentos, demoníacos y destructivos.

 Al liberar la energía acumulada de golpe, las rocas se hicieron añicos.

 A su espalda, un aterrador sonido comenzó a oírse cuando el agua y la lava entraron en contacto. Más allá de las vaporosas paredes, pudo ver al sacerdote corriendo de un lado a otro, gritando lastimeramente.

 Con sus pies bien plantados en el suelo y una leve sonrisa en su rostro, Kish Rim Misa esperaba a que el agua la arrastrara.

 De pronto sintió el impacto.

 El agua había absorbido una cantidad considerable del calor de la lava, por lo que estaba tibia. Su cuerpo giraba sobre sí mismo mientras el vital líquido la zarandeaba. Parecía un suave y soporífero arrullo. Esa sensación le recordó a cuando era pequeña.

 Misa 

 Era la voz de su madre que la llamaba.

 ¿Qué sucede, madre? 

 Era su voz de cuando era pequeña.

 Tu padre ha regresado.

 ¡De verdad! ¡Volvió a ganar!

 Por supuesto, Misa. Somos de la familia Kish. La que incluso logró sellar a los demonios. Una o dos rebeliones del pueblo no son nada para nosotros.

 Sí, claro que así es. ¡Oh, Padre!.

 Cuando saltó hacia él y le dijo ¡Bienvenido a casa! su padre, el rey, la alzó en sus brazos y la meció delicadamente. Fue un cálido y suave balanceo, casi onírico.

 ¿Cómo va tu entrenamiento de artes marciales, Misa?

 Todo bien. Sin problema. También con la magia me fue bien.

 Su padre la levantó y la agitó aún más.

 Sigue esforzándote por volverte aún más fuerte. Las personas fuertes siempre ganan. Si eres fuerte, siempre todo saldrá como deseas. Todos se inclinarán ante ti. Hazte fuerte, Misa. La riqueza, el honor y la felicidad también siempre favorecen a los fuertes.

 ¡Síp!

 No lo olvides, Misa. Los fuertes siempre ganan.

 Como para alardear de su poder, su padre la sacudió con fuerza.

 Cada vez, se olía más... el olor a sangre, el olor a sangre... de los derrotados.

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 Escucha, Misa. Si eres lo suficientemente fuerte, incluso puedes hacerle frente a los dioses.

 Sí... Padre...

Eso lo murmuró.  

 Abruptamente se dio cuenta de que lo que la abrazaba no eran los fuertes músculos de su padre, el rey, sino el duro suelo.

 Fue un sueño hermoso

 Repentinamente, volvió a sentirse sola. La figura de su padre y la voz de su madre, todo fue una ilusión.

 Sentía que se le iba a romper el corazón debido a la tristeza.

 Misa se encontraba al borde de una enorme grieta. Toda la superficie circundante estaba mojada. Al echar un vistazo a través de la grieta, pudo ver que todavía la oscura y turbia agua seguía arremolinándose bajo tierra.

 Creo que salí volando por los aires.

 El sitio en donde estaba ahora era una especie de plaza circular. Estaba rodeado de gradas escalonadas. Misa sintió como si miles de invisibles ojos la observaran desde las butacas vacías, y se estremeció mientras se abrazaba a sí misma.

 ¿Es un coliseo...?

 Misa miró a su alrededor y se quedó paralizada por la impresión.

 ¡No! Este es un lugar de culto al aire libre.

 En el punto en donde la curva de los asientos se suavizaba de forma natural, había una estatua de la deidad demoniaca. Era más pequeña que la que vio antes, pero sin duda tenía la forma de aquel abominable ser.

 Una gruesa cuerda hecha de metal se extendía al lado de la estatua del demonio.

 Le hacia recordar el paisaje de la ensenada. Esa cuerda se extendía hasta el exterior de la isla. Tal como pensaba, era un teleférico. 

 Y en ese caso...

 Misa corrió hacia los asientos y dobló su cuerpo un poco sobre el borde del lugar de culto.

Va hacia afuera... de la isla.

 La compuerta completamente abierta, la isla medio derrumbada y la torre en su cima. Por fin podía verse en su totalidad la isla maldita.

 Desde esa alta ubicación, observó el alrededor. En la diminuta y aislada isla, con solo ese lugar de culto y la estatua; no había ni un solo barco. Parece que la única forma de llegar hasta allí era por medio del teleférico.

 ¿Volvería de nuevo a aquella isla?

 Mientras Misa vacilaba, un extraño sonido, como de burbujas que estallaban, llegó a sus oídos.

 Aquí puedes expiar tus pecados, hija de los Kish.

 ¡¿Qué?!

 Antiguamente, en este sitio las personas solían rezar por su felicidad a este dios.

 Era inevitable que la voz sonara extraña.

 Había un monstruo de color azul violáceo en la base del teleférico. Tenía el aspecto de un cangrejo. Mientras escupía una espesa y pegajosa espuma, el monstruo alzó sus tenazas.

 Como si aquello hubiera sido una señal, aparecieron unos veinte hombres, cada uno blandiendo una magnífica espada larga.

 ¡Son Humanos!

 No eran monstruos. Su ropa estaba desgastada, pero sin duda eran seres humanos.

 Con el rostro pálido, Misa exploró con las yemas de sus dedos el sitio alrededor de su cintura.

¡No tenía la larga espada con empuñadura de Kish Termavicus!

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(7月号につづく) Continuará en (el número de) julio.

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