Episodio 8. NOVELA: EL CASTILLO DEMONIACO DE DRÁCULA "SANGRE DEMONIACA PESADILLA SANGRIENTA TOMO 1"

 Episodio 8. NOVELA: EL CASTILLO DEMONIACO DE DRÁCULA "SANGRE DEMONIACA PESADILLA SANGRIENTA TOMO 1"

OCTAVA PARTE: 

EL CAPÍTULO DE LA VENGANZA

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0132

          1

 El joven misionero Din Silva vació su mente y se opuso desesperadamente contra el terror que lo abrumaba. Era una técnica que aprendió en la iglesia para resistirse contra las cosas malignas. El miedo abrumador crea caos en la mente humana. El rango de visión se cierra a la oscuridad, la esperanza se convierte en desesperación, y los débiles se venden por la eternidad al demonio. Pero, mientras se siga siendo devoto aún en el inconsciente, no se cederá ni frente a un enorme poder. Si se tiene el deseo de orar, un rayo de luz surgirá en el lóbrego corazón y pronto se convertirá en la sonrisa del Señor. Así como el agua fluye de arriba hacia abajo, se debe dejar que el noble inconsciente separe lo sagrado de lo malo.

 Ahora que Elizabeth Aye, quien era parte del clero, había sido víctima de los venenosos colmillos de un vampiro, Din pensaba que no existía Dios en la iglesia. Sin embargo, la veneración por Dios que estaba profundamente arraigada en su corazón no se apartó tan fácilmente. Tomando en cuenta eso, murmuró el nombre de la mujer que más amaba. LIZ, TE AMO. Y, como era de esperar, también ofreció algunas palabras de desdén para Dios en voz baja.

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0133

Hasta ahora, habían consagrado su tiempo y corazones. Y a pesar de eso, el Señor le quitó lo más preciado. ¿Por qué? ¿Qué diantres fue lo que no le pareció? ¿Cómo se podía tratar así a una persona que reza?

 ¿No debería haber muchos otros que deberían ser castigados? ¿Estaba equivocado? De nuevo profirió palabras que blasfemaban contra Dios. Esta vez, con una voz un poco más alta que antes. Era una diminuta venganza contra Dios que lo había tratado con crueldad.

 Y entonces Din Silva bajó con todas sus fuerzas el mazo que agarraba duramente.

 Eso debería haber dejado incapacitada a la vampira llamada Mari Freiz.

 Con eso debería ser una amenaza de la oscuridad menos. Sin embargo...

 Justo después del agudo impacto, sintió un espasmo en la palma de su mano izquierda. Casi se vuelve loco. No fue solo por haber atravesado un cuerpo humano con una estaca de madera de espino. El cadáver esparció una gran cantidad de sangre fresca, casi como para rechazar la intrusión del extraño objeto. Además, repentinamente abrió sus blancos y enturbiados ojos y miró fijamente a Din Silva. Y entonces... la vampira, como disparada, levantó la mitad de su cuerpo. Mostró sus afilados colmillos y gruñó.

 Din no fue el único que gritó. Los cuatro aldeanos que estaban allí no fueron la excepción. Se suponía que con clavar la estaca en el pecho de la vampira se debería finalizar todo. Con eso debería haber sido capturada y expuesta al sol sin resistencia.

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0134

Mientras el sol estuviera en el cielo, la vampira tendría que estar profundamente dormida y no debería despertar. Pero no funcionó de esa manera. Dios no les sonrió a los que intentaron renunciar a su fe o no la tuvieron.

 La sangre fresca se desbordaba, brotando del inmóvil y estacado corazón. La ligeramente sucia ropa que llevaba la vampira Mari Freiz inmediatamente se tiñó carmesí. El vital líquido no dejaba de manar a borbotones; pronto incluso la podrida tierra, cubierta de hojas caídas, se empaparía.

 Incluso cuando su mente se puso completamente en blanco debido al miedo, Din de repente reflexiono sobre a quién pertenecía esta sangre. Mari Freiz se convirtió en la primera presa del vampiro en la aldea. En aquel momento, le habían extraído la sangre y tenía sed. Sin embargo, ahora... Dos víctimas después de eso. Shir Vink y Elizabeth Aye. Ni siquiera tuvo que pensarlo. Mari envenenó con sus colmillos a Shir o a Elizabeth, o a ambas. Tal vez lo último, esta vampira sorbió la sangre de las dos.

 En un abrir y cerrar de ojos, el miedo desapareció. Simultáneamente, el rostro de la vampira se distorsionó levemente y Din sonrió tristemente. Y luego ambos se movieron al mismo tiempo.

 Mari Freiz lo hizo para castigar con la muerte a los tontos seres humanos que iban en contra de los seres de la oscuridad. Su mano derecha, con tremenda velocidad, se dirigió arremetiendo contra la cara del hombre. Definitivamente, no era un golpe normal de una chica humana.

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0135

Esas puntas de los dedos se dirigían directamente a extraer los llorosos ojos del joven misionero. Eso no sucedió simplemente porque Din estaba un poco más atrás. El hombre golpeó con todas sus fuerzas con el mazo que tenía en la mano derecha el pómulo de la chica. Por eso, las uñas de la vampira no alcanzaron la cara de Din.

 Se escuchó un sonido sordo. El mazo no solo le destrozó la cara, sino que el impacto del golpe le torció el cuello bruscamente hacia la derecha, lo que le rompió o desprendió los huesos del cuello. La vampira dejó escapar un grito chillón desde lo más profundo de su garganta. Fue un largo, largo grito.

 De repente arribó el silencio. La vampira ya no se movió. Tampoco Din Silva. "Lo hizo", dijo uno de los aldeanos. Sin embargo, si quiso decir que eliminó al ser de oscuridad, estaba equivocado. Lentamente, el cuello de Mari Freiz comenzó a moverse. Estaba tratando de volver a su posición original a su torcido cuello. Desde donde Din estaba, solo podía ver la parte de atrás de la cabeza, pero pronto vio el hundido pómulo. Lo siguiente fue el perfil de la chica. Sus aterradores ojos miraban fijamente al misionero. Su cuello seguía girando. Solamente los ojos permanecieron fijos en Din. El terrible semblante capturó al misionero. Finalmente, los dos se encontraron cara a cara.

 Unas palabras se escaparon de los labios de la vampira. Como una vela encendida en una tormenta, era una débil voz que parecía que iba a desaparecer en cualquier momento. Era claramente la voz de una chica joven, pero escupía frases malsonantes que no correspondían con su edad.

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0136

Incluso si me matas, no hay forma de que aquella mujer se salve... Lo sabes, ¿verdad?, diciendo eso, se rio alegremente.

 Algo se disparó en el interior de la mente de Din. La mano con que agarraba el mazo se llenó de fuerza. Lo que destelló en su mente fue la cara de la dormida y desfallecida Elizabeth. Maldita... ¿Tú eres la maldita que le robó la sonrisa a Liz? Din abrió la boca para decir algo más, pero su campo de visión se volvió totalmente carmesí y se quedó sin palabras. Una gran cantidad de sangre fresca escupida por Mari bañó su cara. La chica contra la que forcejeaba, por otro lado, se hundió lentamente en las hojas caídas como si hubiera llegado al límite de sus fuerzas. Sin siquiera hacer un sonido. Los cuatro aldeanos, interpretando que el vampiro finalmente se había quedado sin fuerzas, corrieron aproximándose hacia el misionero.

 Din Silva rugió como bestia. De repente, los agrupados aldeanos parecieron huir. Sus corazones estaban congelados con un miedo diferente al que le tenían a los vampiros. No podían evitar pensar en el carácter dulce y sereno del obispo.

 Aullando, el joven misionero comenzó a golpear sin ton ni son el rostro de la endemoniada chica con su mazo. Solamente podría describirse como una locura. La cabeza de la vampira estaba tan ensangrentada, con la piel desgarrada, con los huesos rotos y además con la carne despedazada, que hacía imposible identificar quién había sido originalmente. Aun así, el hombre cuya amada mujer fue robada por la vampira no parecía disminuir el castigo. Golpeaba. Seguía golpeando. Mientras murmuraba el nombre de la más querida persona que había perdido, no, mejor dicho, que había sido transformada.

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0137

El cuerpo de la chica, que repetidamente había estado convulsionando, súbitamente dejó de moverse. Finalmente, el mazo que sacudía Din Silva también se detuvo. El misionero dejó escapar un gran suspiro. Y después, con el rostro ensangrentado y una fría sonrisa, miro atrás hacia el jefe Bori Renard.

 Bueno, todo lo que queda ahora es convertir a esta maldita en cenizas.

 Lo dijo en un tono de indiferencia.

 Luego lamió con deleite la sangre alrededor de sus labios.

          2

 No importa cuán aterradores sean los vampiros; si no se mueven, son solo cadáveres. Fue muy simple sacarla del bosque. Eso lo hizo Din Silva con sus propias manos. A pesar de que los aldeanos pensaron que tenían que ayudar en algo, no dijeron nada porque en el misionero se respiraba un ambiente de inaccesibilidad. Por esa causa, pensaron que sería mejor dejar que el obispo hiciera lo que quisiera, así que solamente observaron. Tratando de convencerse de que ese era el mejor método. Porque, de ser posible, no querían acercarse a ese endemoniado cadáver. Ya que tenían dudas sobre si Mari Freiz realmente sería reducida a cenizas con lo que se había hecho.


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0138

No querían tocar al demonio. No podían evitar preocuparse de que, al igual que antes, abruptamente levantara la mitad de su cuerpo y les mostrara sus colmillos.

 El hombre y la mujer que vinieron desde el otro lado del bosque decían que no tenían nada que temer si creían en Dios. Comprendían eso. No era nada difícil creer en las enseñanzas de la iglesia. Pero de todas formas, no había garantía de que si creían se salvarían. LA VAMPIRA INTENTÓ ATACAR AL MISIONERO, MIENTRAS LE INTENTABAN CLAVAR LA ESTACA, ¿NO ERA ASÍ Ciertamente, las palabras de los mensajeros de Dios no estaban equivocadas. Sin embargo, no se podía decir que tenían toda la razón. Dudaban si podían confiar en ellos. En ese caso... siendo ese el caso ¿quizá deberían creer en sí mismos? Su misma intuición era lo único a lo que podían recurrir. Hasta ahora, siempre había sido así, ¿no? Hasta que los que se nombraban mensajeros de Dios visitaron la aldea.

 CIERTAMENTE, HASTA ENTONCES, TODO HABÍA IDO BIEN.

 Din espontáneamente agarró una pierna de la vampira y la arrastró.

 Los cuatro aldeanos se dirigieron a la salida del bosque mientras mantenían distancia con él. Estando medio convencidos de que el demonio resucitaría nuevamente. Y dieron en el blanco.

 A medida que la cantidad de hojas que cubrían lo alto comenzó a disminuir y la oscuridad se iba desvaneciendo, se alojó en el cadáver una vida provisional. Mari Freiz, que estaba siendo arrastrada de una pierna por Din, como si se resistiera a la luz del sol que se acercaba, hizo un pequeño movimiento corporal. Al principio, los aldeanos pensaron que era una ilusión.

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No lo era. No solamente se movía, sino que incluso emitía sonidos. Estaba cubierta de sangre y llena de heridas que habrían matado a un ser humano, y aunque con voz tenue y muy débil, ciertamente decía algo. POR FAVOR, AYÚDENME. ¿SE OLVIDARON DE MÍ? ¿CONFÍAN MÁS EN LOS FORASTEROS?

A medida que se acercaban a la luz, los pequeños temblores del cadáver se volvían gradualmente más fuertes. Como un pez arrojado a tierra. Aun así, a Din Silva no le importaba y simplemente seguía adelante. Parecía un secuestrador que intentaba llevarse por la fuerza a una niña reacia. Los aldeanos sintieron un escalofrío al ver un lado tan diferente del misionero.

 Se produjo un sonido inusual. Los hombres de la aldea inconscientemente imaginaron un banquete que solamente ocurría una vez al año. Les vino a la mente la visión de carne grasienta sobre un fuego al rojo vivo. Solamente pensar en ello los hacía salivar. Era comprensible, ya que era una aldea pobre. Aunque criaban ovejas y cerdos con fines medicinales, no había manera para ellos de hacerlo en grandes cantidades. Por lo tanto, el consumo anual de carne era más o menos de una oveja por aldeano. Además, no solían comerla toda completa de una vez. La salaban y la guardaban. Comer toda esa carne asada al fuego hasta saciarse completamente, para ellos solamente era un sueño. De nuevo se escuchaba el sonido de carne asada. Se podía oler su fragante aroma. Uno de los hombres de la aldea, Kein, tragó saliva con fuerza. Sin embargo, al siguiente instante, se dio cuenta de la verdadera naturaleza del extraño sonido, y esta vez, su boca se secó. No era el sonido de carne asada. Cada vez que la luz del sol se filtraba por los árboles y tocaba el cuerpo de Mari Freiz, se producía el sonido.

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Era verdad que los vampiros no podían moverse a la luz del sol. Una bendición del cielo que es como un puñal afilado para los seres de la oscuridad. No, era una amenaza aún mayor.

 La luz traspasaba violentamente a la chica. 

 Puñados de ceniza brotaron de esas partes, como si estuvieran a punto de explotar.

 El cadáver temblaba bastante y se curvaba hacia atrás.

 La vampira dejó escapar un sonido parecido a un grito.

 Era un sonido que podía interpretarse tanto de dolor como de placer.

 Las sombras se habían vuelto escasas. Pronto el bosque terminará. Hasta hace apenas un momento, el cuerpo de Mari Freiz había estado empapado de sangre, pero ahora se había secado, dejando solo huesos y piel. El desmoronamiento del cuerpo de la vampira se produjo en el instante en que salió del bosque. Junto con un sonido que era el mismo que cuando una olla chillaba en la chimenea. Las extremidades en forma de ramas de la chica de repente se hicieron añicos y regresaron a la tierra.

 Los aldeanos vitoreando se acercaron corriendo hacia el valiente misionero. El miedo que había estado pesando en ellos hasta hace un momento parecía haber desaparecido por completo. Sin embargo, Din, con gran esfuerzo, solamente pudo darles una pequeña sonrisa. Al cerrar tranquilamente los ojos, perdió todas sus fuerzas y se desplomó. Fue debido a la extrema fatiga y tensión. A pesar de las preocupaciones de los aldeanos, el hombre dormía plácidamente. Eso sucedió más o menos cuando el sol comenzaba a ponerse ligeramente hacia el oeste.

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          3

 Una agradable frescura.

 Eso fue lo que sintió en su cara. Sentía que el cansancio que entorpecía todo su cuerpo comenzaba a desvanecerse poco a poco. A causa de eso se despertó. Justo frente a él estaba un rostro familiar, el de una chica de la aldea. Era una chica llamada Oaiv. Era de los pocos aldeanos que visitaban frecuentemente la iglesia. Su preocupada expresión lentamente se iba iluminando. Qué bueno... dijo Oaiv en voz baja, respirando profundamente. Se escuchó casi como si estuviera masticando sus propias palabras. Al mismo tiempo, esbozó una suave sonrisa.

 Fue casi al mismo tiempo que Din Silva levantó la parte superior de su cuerpo de la cama en la que estaba recostado, cuando estallaron vítores por toda la habitación. Después de una pausa de aproximadamente unas dos respiraciones, el joven misionero volvió completamente en sí. Pensó que podría haber sido un sueño, pero a juzgar por la alegría de los aldeanos, debió ser real que había exterminado al vampiro. Sintió que la fuerza abandonaba su cuerpo.

 Gracias al señor obispo, la aldea se salvó, dijo Oaive, de pie junto a la cama.

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Lo que sostenía frente a su pecho era una tela rojo oscuro. La tela no era originalmente de ese color. Din entendió eso inmediatamente. Por puro reflejo, puso su mano en su cara. La chica rio tenuemente. Ya se encuentra bien.  Ya le limpié la sangre de la cara, le dijo Oaiv al misionero, que todavía estaba boquiabierto. Me alegra mucho  que los otros aldeanos no hayan podido ver la cara del señor obispo antes, porque así como estaba, no podrían haber sabido quién era el vampiro. Ante ese comentario, estallaron risas por toda la habitación. Sin embargo, la expresión del misionero permaneció tensa. No era precisamente eso. Din miró a su alrededor rápidamente. Encontró la ventana que estaba buscando. Quería ver el exterior. Y finalmente pudo esbozar una sonrisa. Porque el sol aún no se había puesto.

 Din volvió su atención a Oaiv, que estaba de pie junto a él. Yo no salvé la aldea. Sin la ayuda de todos, no hubiese podido exterminar a esa horrible vampira. Especialmente con el apoyo del jefe de la aldea... Fue entonces cuando se dio cuenta. Estaban en la mansión del jefe de la aldea, Bori Renard. Sin embargo, no podía ver a Bori. ¿Dónde estaba? Era algo trivial. Pero también pensaba que era algo muy importante. Intentaría preguntarle a Oaiv. Con un tono natural. Quisiera darle las gracias, pero ¿en dónde se encuentra el jefe de la aldea?

 Dijo que volvería pronto.

 El que respondió fue Thor, una de las personas que había ido con Din a la exploración en busca del vampiro.

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0144

Luego, sonriendo, agregó: Tims le dijo que había algo importante, así que salió junto con él antes.

 Algo importante... Din sintió que su corazón latía más rápido y más fuerte. Le preocupaba que alguien escuchara esos sonidos. Se le dificultaba respirar. ¿Qué era ese asunto tan importante, tan relevante como para dejar en segundo plano al héroe de la aldea que exterminó al vampiro?

 Thor, por otro lado, nunca dejó de sonreír y luego dijo:  Estoy seguro de que volverá pronto. Después de todo, el jefe de la aldea es el más entusiasmado con el festival de esta noche.

 Cuando el misionero escuchó esto, casi se desmaya. ¿Festival...? ¿Estás diciendo que hay un festival... esta noche? No había oído sobre eso. Su visión se balanceaba junto con su corazón. Esta noche no podían celebrarlo. Deténganse. ¿ESTABAN INTENTANDO ARRUINAR SUS PLANES? La razón por la que arriesgó su vida para matar a un vampiro fue para ganarse la confianza de los aldeanos. Para terminar todo sin sospechas. Para que se pasara por alto a Liz, que se ha convertido en un ser de oscuridad, como quien dice, fue solamente un pequeño acto de redención. Y a pesar de eso.

 Señor obispo, ¿no estaba enterado? Cada año, el festival se lleva a cabo a finales del verano. Pero, este año, el jefe de la aldea, que es muy puntilloso con las costumbres, decidió adelantarlo un poco. Bueno, los vampiros han sido destruidos y la paz ha regresado. No hay manera de que alguien se oponga a realizarlo. Después de decir eso, Thor bajó la cabeza y agregó: También va a tener el significado de consolar a los espíritus de Mari y Shir que han sufrido la desgracia que todos conocemos. Luego de comentar eso, se hizo el silencio. Después de un rato, el hombre miró hacia arriba.

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0145

La sonrisa volvió a su rostro. Señor obispo, por favor, prepárese para quedarse conmigo hasta mañana. Dijo eso mientras apareció una pícara sonrisa en su rostro. Haré que se olvide de sus deberes en la iglesia por lo menos esta noche. 

 ¿Beberían hasta la mañana? No era broma. ¿Aunque Liz se despertaría a la misma hora que se pone el sol? Sintió ganas de gritar que no había manera de ponerse a beber alcohol y dejarla sola, ya que ella se convirtió en vampiro. Sin embargo, lo que había que hacer ahora era pensar. Reflexionar, cavilar. ¿Qué haría para proteger a Liz? Todo era inútil. No estaba tratando de pensar en excusas para no tener que ir al festival. Tenía que impedir que los aldeanos salieran por la noche. De lo contrario, nada tendría sentido. Lo que vino a su mente fue la amenaza de los vampiros. Así es, los vampiros no están extintos. Aún era demasiado pronto para sentirse aliviados. Tenía que decir eso. Sin temor.

Después de respirar profundamente, Din dijo lo siguiente. Lo siento, pero... lo mejor sería cancelar el festival. No podemos decir que la amenaza de los vampiros haya pasado todavía. Ante las palabras del valiente joven misionero, la habitación quedó en silencio. ¿No se suponía que los vampiros estaban extintos? Las miradas de los aldeanos se concentraron en Din Silva. Esperando sus siguientes palabras. La primera víctima fue Mari Freiz. La siguiente fue Shir Vink. Y murmuró para sus adentros: Y LUEGO ELIZABETH AYE.

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0146

 Descubrimos a Mari Freiz en el bosque. A pesar de que le habían drenado la sangre y se suponía que debería estar seca... No obstante eso, ¿de dónde... no, más bien de quién la obtuvo ella? Al clavar la estaca en su pecho, brotó una gran cantidad de sangre fresca. Esto ya no era una suposición. Ella clavó sus colmillos en la garganta de Shir. Algunos de los aldeanos dejaron escapar un breve grito. Pero no tenemos que odiar a Mari. Ella también es una de las víctimas. ¿Quién le transfirió la enfermedad de la sed de sangre? ¿Quién se la transmitió? Sí, debió ser obra del rey demonio, el iniciador de los vampiros, quien apareció en este mundo por las manos del tonto alquimista Pierre Baian. Hasta que lo encontremos y lo devolvamos a polvo, no podemos decir que la paz haya sido restaurada. Declaró con fuerza. NO DIJO MENTIRAS.

 La habitación se llenó de desesperación. La tranquilidad que habían tenido durante algunos días era solamente pasajera, y eso los hacía sentir aún más desanimados y extenuados. Nunca habían experimentado algo tan aterrador. No podían creer que todavía estuviera sucediendo. Ni siquiera pudieron suspirar. Empezaron a creer que lo que decía el misionero no era mentira. No pudieron evitar pensarlo. Esperaban que, por favor, alguien les dijera que la amenaza de los vampiros había terminado. Después de que Mari Freiz se convirtiera en vampiro, no era probable que ella atacara a dos víctimas en una sola noche, ¿verdad? Era como si los antepasados ​​ya se hubieran ido a otra tierra y ya nadie los protegiera. ¿No era posible, verdad? Pero, las palabras de Din no fueron desmentidas, sino confirmadas.

 Es correcto. De repente, se escuchó una voz. Y a continuación apareció un hombre de mirada severa.

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0147

Era el jefe de la aldea, Bori Renard. Entró en la habitación, se acercó a la cama y estrechó vigorosamente las manos del misionero. Bori tenía los ojos bien abiertos. Volvió su seria mirada hacia el héroe de la aldea. Dependiendo de cómo se viera, su mirada era lo suficientemente fuerte como para provocar escalofríos que recorrían la espalda. Hasta podía sentirse una luz que parecía ver dentro del corazón. Sin embargo, eso fue solamente por un instante. Como si sintiera que Din se quedaba sin aliento, Bori le dio la espalda y esta vez dirigió su mirada hacia los reunidos aldeanos. Ni siquiera tuvieron que esperar las palabras del jefe de la aldea para darse cuenta de que el festival de esta noche había sido cancelado. No quería interrumpir las palabras del señor obispo, por eso lo escuché afuera de la habitación. Estas fueron sus palabras para Din. Las siguientes las dirigió hacia los aldeanos. Lamentablemente, será cancelado. El festival es importante, sin embargo, la vida es mucho más valiosa. Quisiera que entendieran eso.

Entonces... Hubo una voz de hombre que habló en voz alta. ¿Cuándo volverá la paz a la aldea? ¿Cómo podemos poner fin a estos días de pesadilla? Puedo soportar no celebrar el festival, pero no puedo vivir cada día con miedo. Me volveré loco. Y si las cosas siguen así...

 El hombre detuvo sus palabras allí. Dudo en decirlo. Porque tenía una imagen aterradora en su cabeza. Después de un rato, abrió sus ​​labios que daban impresión de ser muy pesados.

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0148

Si las cosas continúan así, la aldea algún día perecerá. Uno a uno, todos sucumbiremos... mis propios hijos y amigos... si se llegan a convertir en vampiros... No quiero, ¡no quiero convertirme en ese tipo de demonio!

 Un pesado silencio gobernó la residencia. Alguien tenía que decir algo; si se quedaban en silencio, el miedo los aplastaría completamente. Aunque así lo pensaban, nadie podía pronunciar ni una palabra. ¿Qué estaría bien decir? No tenían ni idea. Esto era debido a que pensaban que si esas palabras llegaran a aumentar los sentimientos de desesperación de la gente, pues entonces era mejor permanecer en silencio.

 No tenemos idea de cuándo desaparecerá la pesadilla que tenemos enfrente. Esa es la realidad. Sin embargo, eso no significa que simplemente nos quedemos esperando. Dijo el misionero mientras lentamente miraba los rostros de los aldeanos. Afortunadamente, no importa cuán aterradores sean los vampiros, mientras haya luz en el cielo, el mundo será de los seres humanos. En pocas palabras, si nos sobreponemos a la noche... desde el atardecer hasta el amanecer, tendremos muchas oportunidades para terminar con esos demonios. Sé que dan miedo. Pero no nos apresuremos. Porque sino tal vez perderemos de vista algo. Comencemos desde ahí.

 Bori Renard asintió lentamente. Los demás aldeanos no tuvieron más remedio que imitarlo.

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0149

 Din parecía satisfecho. Su sonrisa no era de alivio, pensando que ahora podría protegerlos de las garras de los vampiros. Más bien, su sonrisa era a causa de que su plan estaba saliendo bien.

 El misionero bajó de la cama y se puso de pie al lado de Bori Renard. Después de eso, dijo muy seriamente mientras volteaba a la ventana que estaba detrás de él. Observen, la luz del sol se está debilitando. Pronto comenzará la noche en la cual los demonios batirán sus alas. Luego volvió la mirada a los aldeanos. Los rostros de todos estaban tensos por el miedo. Muy bien, pensaba Din. ¡Tengan miedo! Si todo seguía así, su plan seguramente saldría bien. Además, todo esto también los beneficiaría a ellos. Cuando se ponga el sol, el mundo una vez más dejará de estar en nuestras manos. Sin embargo, no debemos desanimarnos. Eso es exactamente lo que desean. Para sobrevivir, no tenemos más remedio que soportar el miedo a la oscuridad. Por supuesto, es mejor echar los cerrojos y que todos los miembros de sus familias duerman en la misma habitación. Esto definitivamente reducirá los riesgos. Y así esperaremos a que vuelva a salir el sol.

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0150

          4

 Cuando Din Silva salió de la residencia, la oscuridad ya había comenzado a merodear. Aunque el misionero pensaba que debía regresar rápidamente, sus piernas continuaron dando pasos lentos. Si Elizabeth Aye estuviera viva, correría tan rápido como pudiera. Sin embargo, ahora. La que lo esperaba era una mujer cuya existencia estaba en un ámbito diferente al suyo. Din pensaba en eso mientras apretaba los dientes. Cuando Liz despierte, ¿sonreirá tan amablemente como antes? Se preguntaba si ella también se quejaría de la abominable sed carmesí. Y además... se preguntaba si también había perdido sus recuerdos de ellos juntos. Las profundidades de sus ojos se comenzaron a poner cálidas. No, todavía no. No debería llorar en un lugar como ese. Camino con la cabeza en alto, tratando de no derramar lágrimas. Era solamente cuestión de tiempo antes de que el cielo perdiera completamente su tonalidad. Algunas estrellas brillantes ya estaban emitiendo su luz.

 Después de caminar un rato, Din dejó escapar un breve grito y se detuvo. Casi chocaba con alguien. Al volver la mirada al suelo, había alguien allí. Era un hombre de la aldea. Aunque sabía eso, los violentos latidos en el pecho del misionero no se calmaron.

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0151

Porque él era Tims Vink, el hombre cuya esposa Shir fue convertida en vampiro.

 Los ojos de Tims no mostraban ninguna emoción.

 Eso provocó un escalofrío que recorrió la espalda de Din.

 Tims permanecía inexpresivo. Sus labios se movieron levemente.

 Señor obispo... ¿Cómo se encuentra? Su voz estaba apagada.

 Bien... Entonces, de repente, dejó de hablar. Casi respondía sin pensar. Hubiera sido peligroso. Todavía no había vuelto desde que salió de su casa por la mañana. No podía responder eso. Apurado añadió: Estoy de camino a casa. Por cierto, creo que ya es hora de que te vayas sientiendo mejor.

 Tims permaneció inexpresivo incluso después de escuchar las palabras del misionero. Verlo así hirió el corazón de Din. Tims tal vez recordaba los momentos felices con Shir al verse reflejado en Liz y Din.  Dependiendo de cómo se mire, tener a alguien esperándote en casa, incluso aunque sea un vampiro, podría considerarse algo aceptable. Así es; en cambio, la esposa de Tims ya no existía en este mundo. El puñado de cenizas y huesos que quedaban de ella no podían darle la fuerza para sobrevivir a la dura realidad. Quizá él no cambiaría hasta que lograra conseguir un sentimiento que tuviera una fuerza equivalente al amor perdido. No fue otro más que Din quien tomó la decisión de quemar a Shir en la hoguera. Eso hizo que el misionero se sintiera aún más culpable.

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0152

 Din ya no quería mirar la cara de Tims, así que miró hacia el cielo. 

 El sol se pondrá enseguida. Tims, deberías volver a casa pronto, dijo, antes de volver a mirar al hombre frente a él. 

 Tal como pensaba, el hombre que perdió a su esposa continuaba sin expresión en su rostro.

 Sin embargo, pareció entender las palabras del misionero y asintió lentamente.

 Regresaré antes de que se ponga el sol. Espero que pronto podamos volver a vivir en la aldea de tiempos anteriores, dijo con una desolada sonrisa.

 No te preocupes, seguro llegará la paz, dijo Din. Usó palabras diferentes a las que dijo Tims. Mientras sentía un dolor agudo en su pecho.

 SABÍA QUE NUNCA VOLVERÍAN A LA ALDEA DE TIEMPOS ANTERIORES. NO HABÍA MANERA DE QUE UNA PERSONA REDUCIDA A CENIZAS Y HUESOS PUDIERA VOLVER A LA VIDA. LO QUE DIJO TIMS NO ERA POSIBLE; ESOS DÍAS NUNCA VOLVERÍAN.

 El misionero se inclinó levemente, pasó junto a Tims y se dirigió hacia su casa. Entonces, sus pies se detuvieron. No pudo evitar mirar atrás. Sintió como si escuchara un sonido. Ciertamente, Tims murmuró. Fueron unas palabras aterradoras. TAL VEZ SEA MEJOR SI UN VAMPIRO ME MUERDE.

¿Tims?

 Cuando Din lo llamó, el cuerpo del hombre tembló levemente. Luego se alejó corriendo.

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0153

 No había nada que pudiera hacer sobre aquello, se dijo el misionero a sí mismo. "Aquello", por supuesto, era la incineración del cadáver de Shir Vink. En aquel momento, no hubo más remedio que hacerlo.

 Sin embargo, ahora.

 Había un nuevo dios.

 Se le había revelado la existencia de un nuevo dios.

 Pensaba que podía entregarle a Elizabeth. Creía que tenía ese derecho. ¿Quién fue el que mató a Mari Freiz, que se había convertido en vampiro? Y sobre lo de Shir, ¿no estaría bien dejar libre de la responsabilidad a Liz? Puesto que ella ya había pagado lo suficiente.

          5

 Din revisó la puerta. Se alegró de que permaneciera cerrada. Nadie fue a esa casa, nadie intentó salir de ahí y estaba satisfecho con eso.

 Entro al interior de la casa.

 Quería correr al dormitorio de Elizabeth, pero no podía olvidar echar llave a la puerta.

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0154

 Avanzo por el corto pasillo.

 Y enseguida por el humilde comedor. A su derecha había una puerta. Dentro estaba el dormitorio de Din. Ahí empezó todo. Abrió la puerta lentamente. Era una habitación estrecha. Había una ventana en el fondo y una cama justo enfrente. Se veía igual que antes de salir. La cama estaba tan desordenada como la había dejado. No pudo evitar pensar, qué pasaría si Liz estuviera viva...

 Volvió al comedor. La puerta del fondo conducía al dormitorio de Elizabeth. Entro, teniendo cuidado de no hacer ningún ruido. La ventana estaba bloqueada por una tabla apoyada contra ella, por lo que estaba casi a oscuras. Encendió un candelabro cercano. Una luz suave y cálida llenó el interior de la habitación. Sin embargo, por el contrario, Din experimentó un miedo similar al de que una mano helada le aplastase el corazón. DEFINITIVAMENTE, ESTABA SEGURO DE HABER CUBIERTO TODO EL CUERPO DE LIZ CON UNA MANTA. SIN EMBARGO, ¿POR QUÉ ESTABA VIENDO EL ROSTRO DE ELLA? Sintió un atroz mareo y náuseas. ¿Por qué estaba levantada la manta? Como disparado, se acercó a la ventana. Movió la tabla y miró hacia afuera. El cielo occidental ardía con un resplandor crepuscular. El sol aún no se había puesto del todo. Y Liz tampoco.

 Volvió a la cama. Tomo valor y trato de quitarle la manta. Tenía ambas manos en la espalda y ambas piernas juntas, todas atadas con cuerdas resistentes. No vio nada inusual en ella. Giró la mirada lentamente alrededor de la habitación. Como pensaba, nada había cambiado. Meditaba si se le estaba escapando algo.

 Había... solamente una cosa.

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0155

 Din se apresuró a ir a su dormitorio. Y luego, ya ahí, gritó. Se rascó la cabeza. Lo que el hombre estaba mirando fijamente era la ventana. La llave estaba quitada.

 ALGUIEN SE COLÓ EN LA CASA. AL MENOS, ESA ERA UNA POSIBILIDAD. SI ESE ERA EL CASO, ENTONCES ALGUIEN MÁS SABÍA SOBRE LAS MARCAS EN EL CUELLO DE LIZ CAUSADAS POR UN SER DE OSCURIDAD. ¿Quién era? ¿Quién irrumpió en esa casa? ¿¡Quién!?

 El joven misionero contuvo la respiración y se aprestó a agudizar el oído. Si ya se supiera que Liz se había convertido en vampiro, entonces debería haberse levantado ya un gran revuelo. Podía pensarse que los hombres de la aldea vendrían hasta aquí con las estacas de espino en la mano. Sin embargo, no se podía escuchar ninguna voz. Tampoco se podía escuchar ningún sonido. Din se subió a la cama y decidió echar un vistazo por la ventana. Nadie caminaba afuera. ¿Por qué? Aun así, no podía sentirse seguro. No había manera de que pudiera sentirse seguro.

 Entonces recordó lo que pasó antes.

 Lo que Thor dijo sobre el jefe de la aldea. TIMS LE DIJO QUE HABÍA ALGO IMPORTANTE, ASÍ QUE SALIÓ JUNTO CON ÉL ANTES.  ¿Tims se coló aquí? Era algo en lo que pensar. Por eso sacó a Bori de su residencia para contarle sobre eso. 

 Y además había otra cosa. Lo hecho en el bosque pesaba mucho en la mente de Din.

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0156

 En aquel momento, ¿QUÉ DIABLOS SE ME ESCAPÓ DE LA BOCA CUÁNDO ESTABA INCONSCIENTE? Bori se lo estaba diciendo. Liz, por favor, detente... eso es lo que estabas gritando. 

 Por favor, detente. ¿Por qué y de qué debería detenerse? Era fácil de imaginar. En el sueño, Liz parecía que le iba a succionar la sangre. No había prueba de que Bori Renard no se diera cuenta de ello. 

 Sin embargo, a pesar de ello, así fue.

 Al levantar la vista, vio que se extendía más allá de la ventana un pueblo abandonado por la luz y al mismo tiempo amado por las sombras. Al final nadie vino. Tal vez fuera porque tenían miedo de la noche que se acercaba. O tal vez la quema de Liz en la hoguera estaba planeada para mañana. O... El hombre soltó una pequeña risa burlona. Era posible que hubieran valorado la gran hazaña del misionero de derrotar a un vampiro y tácitamente se le permitió esconder a la reverenda Elizabeth Aye, aun cuando se había convertido en un ser de oscuridad. Pero, obviamente, eso era imposible.

 Din se levantó y comenzó a caminar hacia el dormitorio de Elizabeth.

          6

 Una pequeña cantidad de comida y agua, una daga y una antorcha, además de una manta... eso era todo lo que había preparado.

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0157

Entonces, Din Silva esperó. A que Elizabeth Aye se despertara. El instante en que obtuviera su nueva vida, como vampiro. Al comienzo de un viaje lleno de dificultades.

 La cara del hombre al lado de la cama estaba distorsionada de agonía. Aunque no soplaba el viento, la llama del candelabro se tambaleaba lentamente. El rostro de la mujer se movió. Fue un ligero movimiento, pero el hombre no lo pasó por alto. Los azulados labios de la mujer se abrieron levemente. Asomando desde allí había dos afilados colmillos. Exhaló profundamente. Se preguntó si el alma santa que alguna vez se alojó en ese cuerpo había sido liberada.

 En el instante en que el hombre tragó saliva, los ojos de la mujer se abrieron. Su mirada, que durante un rato había estado mirando fijamente al techo, se volvió hacia el hombre. La mujer sonrió. Sin embargo, esa sonrisa era de alguna manera diferente a la que conocía o amaba. Parecía que "ayer" había sido hace mucho tiempo. Al darse cuenta de que aquellos días nunca volverían, el hombre quiso llorar.

 ¿Me entiendes...?

 Te entiendo... querido.

 ¿No te sientes mal?

 No estoy nada mal. Por otro lado...

 ¿Por otro lado? Dilo.

 Yo... tengo sed.

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0158

 Sed... ¿Quieres beber algo?

 Por favor. Déjame beber...

 Sin emitir ningún sonido, la mujer levantó la parte superior de su cuerpo. Y entonces mostró ampliamente sus afilados colmillos. El hombre retrocedió como si le hubieran disparado. Las mejillas del hombre estaban mojadas por las lágrimas. Elizabeth, dijo el nombre de la mujer. No la llamo Liz. ¿Tienes la intención de succionarme la sangre por mi garganta?

 La mujer hizo una cara extraña.

 Parecía estar diciendo que estaba haciendo una petición razonable. ¿Por qué lloras?

 Todo el cuerpo del hombre temblaba violentamente. A pesar de que se había imaginado que esto sucedería. A pesar de que debería haber estado mentalmente preparado. La realidad era poderosa y despiadada. ¿Te has olvidado de mí? A pesar de que te amo tanto. A pesar de que me amaste tanto. ¿Has olvidado completamente el amor que reflejaban nuestros ojos? El interior de su boca estaba reseco. 

 Luego dijo Din con voz temblorosa.

 Por favor, Liz. No digas eso. No me hagas sufrir así. La mujer, superada por la roja sed, frunció los labios haciendo un pequeño puchero.

 Yo no necesito amor. En su lugar, dame sangre.

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0159


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0160

          7

Mientras se miraba la adolorida muñeca, el hombre se levantó lentamente. Se consoló con el hecho de que eso era lo mejor que podía hacer por ella. Un paño estaba bien envuelto alrededor de la muñeca del hombre. Estaba teñido de carmesí debido a su desbordante amor. El hombre esperaba que la sangre que humedecía la garganta de ella tuviera el sabor de su propio amor y desesperación. Sin embargo, cuando volvió a la cama, vio que la mujer tenía una sonrisa diabólica en su rostro. Nunca antes había visto esa expresión en su cara. Ella había cambiado. No, más bien había sido cambiada. Solamente podía pensar que su relación se había convertido completamente en polvo debido a la mordida del ser de oscuridad. El hombre se esforzó por no enojarse por las palabras y el comportamiento de la mujer. El que debería ser maldecido era el vampiro que le robó la luz de su alma. Lo sabía. Sabía muy bien eso. Sin embargo, aun así no pudo evitar que la sangre le hirviera.

 Te amo.

 Te amo.

 Te amo.

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0161

 Las palabras que ambos repitieron tantas veces, como un rezo. Si no las decía, le surgiría la ansiedad. Así es, eran simplemente mágicas. Convertían su alma en voz y calentaban su pecho. Ambos comprendían que las palabras tenían ese poder. Incluso si no se tomaban de la mano, ni juntaran sus labios, siempre eran capaces de convertirse en uno. Pensó que eso nunca cambiaría. Creyó que era un amor eterno. Todo eso fue "destruido" a causa de la mujer que estaba infectada con la enfermedad de la sed de sangre y que fue víctima de la sangre oscura.

 YO NO NECESITO AMOR.

 EN SU LUGAR DAME SANGRE. Sus palabras fueron demasiado abruptas y despiadadas. Las palabras pueden fomentar el amor, pero al mismo tiempo ocultan el poder de destruir. Los nombres que ambos tenían ya no poseían ningún significado. El amor que compartían se perdió; Din Silva volvió a ser simplemente un hombre y Elizabeth Aye volvió a ser una simple mujer. Un hombre y una mujer que no compartían ningún sentimiento especial. Esa relación se había derrumbado. El joven misionero no sabía cómo llamar a la mujer que había sido reverenda. Al menos no quería llamarla "Liz".

 Elizabeth, dijo Din mientras estaba de pie junto a la cama, lanzando una sombría mirada a la mujer que vivía en un dominio diferente al suyo.

 ¿Ya... no me llamas Liz?

 La mujer se rio levemente. No fue una sonrisa triste ni nada por el estilo. Más bien, parecía estar divirtiéndose.

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0162

 Din no pudo evitar sentir una rabia que parecía una intención asesina. Porque sabía que los recuerdos de los días en que se amaron permanecían dentro del corazón de Elizabeth. 

 Incluso ahora que ella se había convertido en vampiro, todavía recordaba cuánto amor abrazaba en su corazón. Y a pesar de eso, pensó. Y aun a pesar de eso, ella demandaba sangre. También le dijo que armaría un escándalo si no la dejaba beber su sangre. Eso, claramente, era una amenaza.

Aunque se podía decir que el sol se había puesto, todavía era demasiado temprano para irse a la cama. También existía el temor de que si levantara demasiado la voz, los aldeanos se apresuraran a ver qué estaba pasando. Si la encontraban, Elizabeth sería arrojada a las llamas infernales y reducida a cenizas. O tal vez le atravesarían el pecho con una estaca de espino para neutralizarla. Pero la mujer se limitó a reír burlonamente sin miedo. Sabía lo cobardes que eran los aldeanos. 

 ¿QUÉ PUEDEN HACER ESOS MISERABLES?

La vampira llamada Elizabeth estaba aprovechando sus recuerdos de cuando era humana para saciar su sed. No debía doblegarse ante eso. Pero no podía ignorar por completo la sed de ella. Porque aunque era un vampiro, le preocupaba que muriera de hambre. No debía dejarla morir, pasara lo que pasara Din todavía la amaba, pese a haber caído. Incluso si ella no lo quisiera, su corazón no cambiaría.

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0163

 El joven misionero se hizo un pequeño corte en la muñeca con una daga mientras la colocaba arriba del rostro de Elizabeth, quien permanecía recostada. El líquido carmesí que brotaba de allí goteaba sobre los labios de la mujer. Pensó que si no podía clavarle los colmillos, no lograría convertirlo en vampiro.

 La reverenda caída en desgracia, con una expresión de placer en su rostro, ensimismada, humedecía su garganta. Su viscosa y brillante lengua se deslizó por sus labios, tratando de no dejar escapar ni una sola gota.

        8

 Después de que terminó la "comida", Din anunció que pronto habría un viaje.

 La respuesta de la mujer fue inesperada. Está bien, dijo. Sin embargo, eso fue porque pensó que Din saldría solo. No tienes que preocuparte... por mí dijo con una feliz sonrisa. No tendré que preocuparme por alimentarme por un tiempo, dijo esa cosa tan aterradora de forma divertida. Además.

 Lo interpretaste mal, interrumpió Din con frialdad. No puedo dejarte aquí. Haré que vengas conmigo. En cualquier caso, si no quieres... el misionero hizo una pausa. Porque no podía decir lo que seguía de ahí. Incluso en el supuesto de que pudiera decirlo, ¿sería capaz de llevarlo a cabo? DESPUÉS DE QUE TE MATE, YO TAMBIÉN MORIRÉ.

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0164

 Aunque quizá eso sería imposible.

 ¿Me vas a llevar contigo?

 Al escuchar eso, el cuerpo del hombre tembló levemente. No podía creer lo que escuchó. Pensó que sería rechazado.

 Yo, soy tuya. Y tú, eres mío. No puedo soportar estar separada de ti... Estoy tan feliz. Después de decir eso, la mujer sonrió como lo hacía cuando era humana.

 Terminó llamándola Liz... pero rápidamente recobró el sentido y dijo: No tenemos tiempo. Apurémonos, y desató la cuerda que restringía la libertad de Elizabeth. Sin embargo, no le desató las manos. Porque no sabía qué pasaría si hacía eso. Din no confiaba en la mujer. Aunque él la amaba, no estaba seguro de que ella lo amara.

 Salieron hacia afuera.

 Solamente la tenue luz de la luna y las estrellas parecían proteger al mundo de la oscuridad total. Sin embargo, una persona versada debería saberlo. El verdadero horror de la oscuridad reside en lo que representa la enloquecida luz de la luna. La noche es un momento en el que se pueden ver cosas que no deberían verse. Mientras vagan entre lo visible y lo invisible, las personas quedan confundidas, poseídas por demonios, y cometen actos prohibidos. Din sabía eso. Sin embargo, aunque lo sabía, no oró al Señor.

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0165

 Había una distorsionada luna en la aldea. Las nubes negras estaban dando vueltas lentamente a su alrededor, hasta tal punto que parecía como si la oscuridad se hubiera disipado. Era como si hubieran olvidado en qué dirección iban y estuvieran deambulando. A pesar de que no hubiera viento sobre el suelo. Fue una visión tan extraña que daba escalofríos.

 Seguro el firmamento mismo es una deidad. Entonces, ¿eran las nubes la voluntad del Señor? Aunque estaba preocupado por este mundo caótico donde ni siquiera Dios estaba seguro de su destino, a Din Silva le levantó bastante el ánimo el hecho de haber asumido la pesada responsabilidad de buscar a una verdadera deidad.

 Cuando volvió la mirada, la vampira Elizabeth Aye estaba parada frente a sus ojos. La mujer guardó silencio y solamente hizo una efímera sonrisa. Aunque, en lo que a Din concernía, eso era lo que quería. Si se abstenía de actuar y hablar de una manera que provocara, su futuro viaje debería ser un poco más fácil, tanto física como mentalmente.

 El hombre comprobó el estado del equipaje que llevaba. Se colocó una manta enrollada encima de una mochila bastante grande. Sabía que sería más fácil si dejaba que Elizabeth le ayudara. Pero no haría eso. No fue porque no confiara en ella. Era la fuerza de voluntad de Din Silva.

 Vamos, dijo el joven misionero y comenzó a caminar. Aun así, se detuvo completamente después de dar unos pocos pasos. Porque no podía escuchar más pasos que los suyos.

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0166

 Sin embargo, cuando se dio vuelta, vio que la mujer estaba justo detrás de él, con una expresión extraña en su rostro. Algo frío se deslizó por la espalda de Din.

 ¡LOS VAMPIROS NO HACEN RUIDO! 

 Debido a esto, no podría saber cuándo atacaría. Tampoco sabría cuándo podría escapar. El hombre extendió la mano y agarró el brazo izquierdo de la mujer. Intento echarse a caminar de esa manera. No pudo. Presa del pánico, soltó su mano. Lo había olvidado, que la piel de los vampiros era tan fría como el hielo. ¿No fue lo mismo cuando intentó sacar a Mari de la cueva del árbol agarrándola por las piernas?

 Cierto, mi cuerpo... dijo Elizabeth y dejó de hablar. Bajando lentamente el rostro. Por solamente un instante sintió poder ver una entristecida expresión. No había nada demoníaco ahí. Al menos se podía sentir que no lo había.

 El hombre que tanto la amaba no pudo soportarlo más y dijo: Dijo: Liz. Entonces, abruptamente agarró a la mujer del brazo y comenzó a caminar de nuevo, casi como si la arrastrara. La temperatura de su cuerpo fue desapareciendo y hasta su alma parecía que se congelaría. Aun así, Din no la soltaba. Más de cinco pasos, luego pasaron más de diez pasos. Para resistir el impulso inconsciente de abrir los dedos, puso más fuerza de la necesaria. Sin embargo, ya había superado su límite. Los temblores que recorrían su cuerpo no cesaban, sus extremidades estaban casi paralizadas y ni siquiera sabía si caminaba o no.

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0167

Fue en ese momento cuando sucedió Elizabeth, que lo había estado siguiendo como si la arrastraran, de repente se detuvo y agitó las manos para alejarse. Por ese ímpetu, Din cayó en ese sitio. Al mismo tiempo, sus pensamientos, que casi se habían detenido, comenzaron a girar a una velocidad tremenda. Muchas cosas pasaron por su mente, pero todas convergieron en una. En definitiva, vio a Elizabeth atacarlo y clavarle sus dos afilados colmillos en la garganta. Pensó que era inútil resistirse.

Sin embargo, la mujer no hizo ningún intento de moverse de allí. A diferencia de antes, había una helada sonrisa en su rostro. No es necesario que hagas eso. Aun sin eso, te seguiré. No te dejaré... no lo haré. Te aseguro que no te abandonaré; después de decir eso, con su lengua carmesí se lamió los labios. Porque yo soy tuya. Y tú, eres mío... ¿Verdad?

 Din se puso de pie, miró a Elizabeth a los ojos por un momento, luego se giró y se dirigió hacia la salida del pueblo. Después de andar un rato, sin detenerse, iba mirando de reojo hacia atrás. Tal como lo había dicho, la mujer lo iba siguiendo. Pero los latidos de su corazón no se calmaron. Se preguntó de qué se trataba esa triste expresión que mostró antes. Se podría decir que fue una ilusión óptica, pero le preocupó. Los dos continuaron caminando. Se suponía que de esta manera debían abandonar la aldea y adentrarse en el bosque. La razón por la que no sucedió eso fue por lo que Elizabeth dijo a continuación.

 HAY TANTOS... QUE NO PUEDO BEBER TODO ESO.

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0168

 Se entendió el significado de eso de inmediato.

 Tan pronto como los dos se detuvieron, varias sombras saltaron de los árboles circundantes. El número era de alrededor de diez. Las cosas que sostenían en cada mano se hicieron visibles a la luz de la luna. Din haciendo un ruido tragó saliva. Lo que tenían eran estacas de madera de espino.

         9

 Los ojos de los aldeanos se centraron en el joven misionero.

 Sus miradas eran una mezcla de ira y tristeza por haber sido traicionados. En particular, el jefe de la aldea, Bori Renard, que los dirigía, tenía una confusa expresión.

 Creí en ti, señor obispo, hasta ahora... Aun cuando perdiste el conocimiento en el bosque, y escuché que susurraste: Liz... no bebas mi sangre. Incluso cuando Tims me dijo que vio a esa mujer muerta en tu casa...

 La tristeza desapareció de los ojos de Bori, dejando solamente una ira feroz. Aun así, creí. Creí en ti... y en el que tú llamabas Dios, continuó el hombre, con todo el cuerpo temblando.

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0169

 Gracias a que Dios existe, los milagros pueden ocurrir. Verdaderamente lo pensé. Recé desde el fondo de mi corazón para que sucedieran. Y a pesar de eso... Y a pesar de eso, tú miserable... ¡Me traicionaste!

 Bori lo fulminó con la mirada y Din miró hacia abajo con una expresión de pesadez en su rostro. ¡No encontró las palabras para responder! 

 Estamos en las mismas.

Dijo una voz de mujer. Elizabeth Aye, que había estado observando en silencio cómo se desarrollaban los acontecimientos, había abierto la boca. Todas las miradas se vaciaron en la vampira, que lució una leve sonrisa. Nosotros que intentábamos escapar silenciosamente de la aldea, y ustedes que nos acechaban a pesar de que dicen que creían en él, qué ridículo.

 ¡Cállate!, gritó Bori. ¿Por qué crees que estamos aquí? ¿Por qué crees que no fuimos directamente a su casa? ¿Sabes por qué? Al ver a Din levantar la vista, el hombre continuó. Fue por consideración. Fue un pequeño respiro para el héroe que salvó a la aldea de las garras de los vampiros.

 Al joven misionero le dolieron mucho sus palabras. Bori le dio a Din un par de horas. Tiempo para darle su último adiós a Elizabeth Aye. Y además, tiempo para permitirle solidificar su determinación sobre ella, confesar a los aldeanos sus pecados y asumir la responsabilidad. Al final, lo único que intentaban hacer los aldeanos era evitar que escaparan.

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0170

Las esquinas internas de los ojos de Din se pusieron cálidas, al borde de las lágrimas, al darse cuenta de que ellos estaban pensando en lo mejor para los dos.

Pero al mismo tiempo el misionero también pensaba en ellos. Así como los aldeanos pensaban en ellos, él también quería asegurarse de que no sufrieran ningún inconveniente. No hubo ninguna malicia ni nada como eso. Din dijo en voz baja, con la voz temblorosa. No quería causarte ningún problema. Quizás hice que te preocuparas, pero no quería hacer nada que te pusiera en peligro. Te engañé, pero no tenía la intención de traicionarte. Solamente es eso. Créeme, por favor, comprende, por favor.  Realmente lo dijo en serio. Porque DIN SILVA NO TENÍA LA INTENCIÓN DE DESAMPARAR A LA ALDEA.

 Al oír esto, Bori Renard se rio un poco. No fue una risa burlona ante las palabras del misionero. Fue una sonrisa de alivio porque no terminó traicionado por aquella persona en la que creía. Sin embargo, esa suave sonrisa no duraría mucho. Después de respirar profundamente, Bori volvió a su severa expresión y abrió la boca. Entiendo. Pero no podemos dejar así a esa mujer, Elizabeth Aye. Los vampiros son existencias demasiado peligrosas. Deben ser destruidos sin falta. Porque no podemos permitir que... suceda más, no podemos dejar que el número de personas infelices aumente, dijo agarrando duramente la estaca de madera de espino.

 Lo sé. Tengo que recibir un juicio. Sin embargo... Din hizo una pausa y miró lentamente a los aldeanos. Abrió la boca nuevamente.

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0171

No te corresponde a ti emitir ese juicio.

 Se produjo un corto silencio.

 ¿Seguirás?, dijo Bori Renard en voz baja. Él parecía que comprendió el significado de las palabras del misionero. ¿A pesar de que algo aún más doloroso y severo que ahora podría estar esperándolos?

 El misionero permaneció impasible. Su corazón ya estaba decidido. Y luego dijo brevemente. Seguiré.

          10

Fue antes de que se pusiera el sol. Din arrastró a Mari Freiz fuera del bosque y la devolvió a polvo; sin embargo, declaró que los vampiros aún no estaban extintos. Eso tenía como objetivo disuadir a los aldeanos de salir por la noche. La gente asustada abandonó la residencia de Bori y se apresuró a dirigirse a sus respectivos hogares. Fue después de despedirlos que el misionero abordó el tema del "dios" que se había transmitido en la aldea. ¿Por qué preguntas eso tan de repente? Bori no pudo evitar sorprenderse. No era de extrañar.

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0172

Aunque el sol estaba a punto de ponerse, Din Silva no tenía intención de regresar a su casa. No solamente eso, sino que de repente preguntó sobre Simón Belmond, de quien se decía que era el dios de esta aldea. ¿Por qué preguntaba tal cosa? ¿Por qué quería saber sobre Simón? A pesar de que no se pudiera pensar que eso fuera algo importante en ese momento. Mientras luchaba desesperadamente contra su creciente desconfianza hacia el misionero, Bori trató de no pasar por alto el más mínimo cambio en la expresión de su interlocutor. La cara de Din se podía ver descorazonada y endurecida. Se podía sentir que estaba poniendo más esfuerzo del necesario en la sonrisa que estaba haciendo. El valiente joven que convirtió al vampiro en polvo solamente hizo una vaga reacción ante Bori.

 Aunque no entendía nada, no se atrevía a interrogarlo, así que empezó a contarle. Te lo comenté brevemente cuando quemamos el cadáver de Shir, pero la leyenda de Simón Belmond se ha transmitido en la aldea desde hace mucho tiempo. No sé si es un ser real o un héroe imaginario. Si fuera lo primero, Simón ya habría muerto. Porque no hay manera de que alguien pueda vivir más de 200 años.

 Aun así, Din no perdió la esperanza. Por supuesto, no creia que Simón hubiera vivido tanto sin ninguna razón. En las palabras de Bori, sintió la posibilidad de la existencia de un "dios". Lo había. Sin duda, existía. Todavía estaba vivo. Por ejemplo, no era difícil encontrar árboles que pasaran de 200 años.

 EL MISIONERO NO CREÍA QUE SIMÓN FUERA UN SER HUMANO. Porque en caso de que no fuera un ser humano, no le sorprendería el hecho de que viviera tanto tiempo.

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0173

Bori dijo que el legendario hombre que cazaba vampiros tenía muchas marcas de colmillos en su garganta. En pocas palabras, Simon, a quien se le temía como un "dios", al mismo tiempo también era un demonio, en la imaginación de Din. 

 Pensándolo de esa manera, sintió que podía entender por qué tenía el poder de cazar a los seres de la oscuridad. Si dos de la misma especie luchan entre sí, las diferencias individuales serían el factor determinante para la victoria o la derrota. Din pensó que una pelea entre vampiros probablemente no era diferente de una riña entre humanos. Sin el temor a que les clavaran sus colmillos, incluso los humanos podrían luchar contra los seres de la oscuridad.

 Pero.

 Si Simon Belmond era un vampiro, como pensaba el misionero, surgirían nuevos problemas. En otras palabras, existía el riesgo de que Simón atacara a Din. Si fuera un ser de oscuridad, no podría vivir sin beber sangre. No era solamente eso. También pensaba que Simón no era una deidad ni nada por el estilo, sino que podía ser que simplemente estuviera  quitándole la vida a los de su propia especie para asegurarse su propio "alimento". No importaba qué camino eligiera, parecía que no podía escapar de la desesperación.

 Y se dice que todavía deambula más allá del bosque del este, buscando castigar a aquellos que sacian su sed con sangre.

 Incluso después de que Bori terminó de hablar, el misionero no reaccionó. Se quedó contemplando lo que había del otro lado de la ventana, mirando a lo lejos.

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0174

Incluso cuando lo llamó, ¿señor obispo?, finalmente se dio cuenta después de la tercera vez.

 ¡Ah...! Din respondió débilmente mientras lo devolvían al mundo real; luego volvió su mirada al jefe de la aldea y le agradeció en voz baja.

 Esto es todo lo que sé... o mejor dicho, lo que se transmite en el pueblo. ¿Pero por qué de repente dijiste que querías escuchar esta historia? Bori hizo sin piedad la pregunta que tenía en mente antes. Sin embargo, esa duda permaneció siendo una incógnita.

 El sol está a punto de ponerse. Yo también tengo que volver. Diciendo solamente eso, el misionero le dio la espalda al jefe de la aldea.

          11

 ¡No digas esas cosas tan despreocupadamente!

 La voz enojada de un hombre atravesó bruscamente la tibia atmósfera de la noche. Con su cuerpo temblando de ira, el dueño de la voz apareció lentamente desde las sombras proyectadas por los árboles hacia un sitio iluminado por la luz de la luna. Al ver el rostro del hombre, Din Silva no pudo evitar gritar. Era Tims.

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0175

Un hombre cuya esposa no solamente fue atacada por un vampiro, sino que después fue quemada. El hombre que le había dicho con una voz sin vida a Din: Espero que pronto podamos volver a vivir en la aldea de tiempos anteriores. El hombre que había murmurado "Tal vez sea mejor si un vampiro me muerde". El hombre que se coló en la casa de Din y descubrió que Elizabeth Aye había caído bajo los venenosos colmillos de los seres de la oscuridad. Ese era Tims Vink.

 El enojado hombre se paró entre Din y Bori.

 ¿Era una actuación aquella deprimida expresión que mostró al atardecer? Justamente en ese momento, dentro de su corazón, probablemente se estaba burlando al imaginar el juicio que se le impondría a Din precisamente ahora.

 Dirigiéndose al atónito misionero, Tims lanzó un escupitajo.

 ¿No vas a quemar a ese monstruo? ¿Por qué no conviertes en cenizas a la corrompida reverenda? Eh, ¿qué pasa? Querido obispo. Rugió como si fuera un demonio.

 Con tu esposa... con Shir hice algo de lo que no puedo disculparme. Eso es todo.

 Din inclinó profundamente la cabeza. Luego la levantó y miró directamente al hombre que ardía de ira. Pero las cosas han cambiado. Nosotros...

 No pudo decir su frase hasta el final. Tims estaba a punto de golpearlo. El misionero no se resistió. Sabía que de esa manera no pasaría nada más. Un grueso brazo lleno de ira se levantó y luego volvió a bajar.

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0176

Un puño tan caliente como un carbón ardiendo se estrelló contra el indefenso vientre de Din. Debido al ímpetu, hizo que cayera al suelo. Se quedó sin aliento. Sus vacíos pulmones emitieron un silbido, ansiando aire fresco. Pudo saborear el sabor de sus jugos gástricos en lo profundo de su garganta. Nuevamente, Tims levantó el puño. Se sentía como si el tiempo se hubiera detenido.

 Sin embargo. 

 El siguiente puño lleno de furia nunca quedó grabado en el cuerpo del misionero.

 En su lugar se escuchó una voz. Decía: ¡Déjalo ya!

 Cuando miró hacia arriba, vio a Tims siendo retenido por varios aldeanos. Forcejeó por un rato, pero lo superaban en número. Tims Vink fue separado de la persona que odiaba sin siquiera poder vengarse completamente. Sin embargo, aunque ya no podía agitar los puños, todavía tenía palabras. Gritó de ira.

 ¡Mujer! ¿Sabes a dónde te lleva este hombre? Es con Simón. ¡Con Simon Belmond quien tiene el poder de destruir vampiros! ¿Lo entiendes?

 Los ojos de todos, incluido Din, se centraron en la vampira que estaba parada un poco más lejos. Al mismo tiempo, todos se sintieron en peligro. Era fácil imaginar que Elizabeth probablemente iba a emprender su viaje sin que le hubieran dicho nada al respecto. Sin embargo, el miedo que sentía el misionero era incomparablemente mayor que el que sentían los aldeanos.

¿Intenta matarme?

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0177

 Era evidente que estaba furiosa. 

 Pero la mujer sonrió. No solamente eso. No obstante, respondió con una respuesta sorprendente: ¿Y qué con eso? ¿Aún no lo entiendes? Este hombre me ama. No hay manera de que me ponga en una mala situación... creo en este hombre. Le seguiré a donde quiera que me lleve.

 Se produjo un silencio por un rato.

 Fue Bori Renard quien lo rompió. En ese caso, no tengo más remedio que dejarlos en paz. No provocaremos inútilmente a esta mujer.

 Aunque Din estaba asombrado por sus palabras, se puso su equipaje en la espalda y comenzó a caminar, diciéndole a Elizabeth, quien le sonreía: Vamos. Los aldeanos en silencio despejaron el camino. Bori dijo en voz baja mientras cruzaban.

 No vuelvas más. Olvídate del pueblo.

 Manteniendo sus ojos fijos en el frente, el misionero le dijo de regreso. No, regresaré. Traeré al dios de vuelta a la aldea. 

Un hombre humano y una mujer vampiro. Los dos estaban a punto de desaparecer en el bosque.

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0178

 Entre las personas que miraban sus espaldas con sentimientos encontrados, hubo uno que gritó con todas sus fuerzas.

 Fue Tims Vink quien no pudo controlar su ira.

 ¿Dices que vas a volver? Eso es genial. ¡Ven, debes volver! En ese momento... ahí es cuando me vengaré de los enemigos de Shir. ¡Me vengaré! ¡Me vengaré!

 De esta manera, Din y Elizabeth emprendieron su viaje para encontrar a Simón.


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つづく / CONTINUARÁ 

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