Episodio 9. NOVELA: EL CASTILLO DEMONIACO DE DRÁCULA "SANGRE DEMONIACA PESADILLA SANGRIENTA TOMO 1"

 Episodio 9. NOVELA: EL CASTILLO DEMONIACO DE DRÁCULA "SANGRE DEMONIACA PESADILLA SANGRIENTA TOMO 1"

EPISODIO 9:

EL CAPÍTULO DEL ESTIGMA

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 ¿Cuántos días habían pasado desde entonces? Din no lo sabía.

 Se repitieron muchos días y noches, y el significado y las sensaciones que el tiempo le daban lo confundían.

 Aunque sentía que había caminado hasta el fin del mundo, en algún lugar de su corazón lo negaba despiadadamente.

 Todo lo que podía hacer era vagar en las oscuras profundidades del bosque con esa mujer a la que no podía exponer a la luz del sol. Eso pesaba mucho en su corazón.

 Su cuerpo y su mente estaban destrozados por el lento progreso de su exploración. Ya no podía desterrar de su mente la sensación de querer abandonarlo todo y huir. Incluso había olvidado el propósito de su viaje. ¿Por qué estoy deambulando? ¿Cómo sucedió esto? Simón Belmond... ¿Ese es el nombre? Si es así, ¿de quién es ese nombre?

 El vasto espacio del bosque era solamente para los dos. Un paraíso donde nada podría perturbarlos. Qué viaje tan maravilloso habría sido si Elizabeth fuera humana. Din Silva siguió caminando mientras pensaba en esto. Detrás de él, la mujer se quejaba desde hacía algún tiempo de hambre. La ignoro. No le había dado sangre desde anoche. ¿Morirán de hambre los vampiros? El misionero pensaba que podía ser que sí. Pero no podía dejar que bebiera su sangre. El cansancio causado por la pérdida de sangre definitivamente estaba pasando factura al cuerpo del hombre. Aunque intentaba mantenerla con vida, no podía permitirse el lujo de morir él mismo.

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Entonces todo sería inútil. Por eso no le daba sangre. La hacía aguantar su sed.

 También pensó que la mujer podría atacarlo porque tenía mucha hambre. Sin embargo, juzgaba que la posibilidad de que eso sucediera era baja. ¿Era posible devorar toda la comida sin pensar en el futuro en este bosque muerto donde no se ve ni rastro de seres vivos, y mucho menos humanos? No creía que pudiera suceder. Si lo mataba, no habría nadie más que le diera sangre. Incluso después de caer, Elizabeth Aye seguía siendo una mujer reflexiva. Din intentó, gracias a su posición de ventaja, aliviar la tensión mental.

 Pero...

 No sabía cuánto tiempo podría mantenerla así de hambrienta.

 Aunque era impensable, ¿y si Elizabeth dejara de existir a causa de la sed? Nada tendría sentido. No tendría sentido si ambos no estuvieran vivos.

 No se podía amar solo.

 YO SOY TUYA.

 Eso es lo que ella dijo. Sin embargo...

 TÚ, ERES MÍO. 

 Ella también dijo eso. Din pensó que si seguían viajando así por un tiempo, podría descubrir sus verdaderas intenciones. Abrazaba una gran ansiedad en su pecho. Y una débil esperanza.

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 No pudo evitar mirar hacia el cielo buscando salvación.

 El rojo sangre que se asomaba entre los huecos de las densas hojas hizo que el corazón del hombre latiera más rápido.

 Esa noche había una luna llena carmesí. Una noche de mal agüero.

 Seguro el firmamento mismo es una deidad. Si ese es el caso, ¿es la luna el corazón nocturno del Señor? La sangre se extendería como la luz de la luna llena a partir de las marcas donde se clavaron los colmillos. ¿Es ese el sueño de la deidad? ¿Podría ser que la amenaza de los vampiros hubiera incluso cautivado o sojuzgado la gloriosa voluntad del Señor?

 LA MISMA SED DE SANGRE SERÍA UN ACTO DE NOBLEZA.

 LA SANGRE ES FUENTE DE VIDA Y PODER.

 ¡SOLAMENTE SE ENCONTRARÍA NUESTRA VERDADERA NATURALEZA SUPERIOR AL FINAL DE LA COMUNIÓN DE SANGRE CON LOS DEMÁS!

 Quizás surja tal doctrina. No era inconcebible pensar que si todos los humanos que habitan en este mundo se convirtieran en vampiros, probablemente se podría vivir en una era más pacífica y próspera que la actual. Por alguna razón, Din no podía reírse.

 Su sangre fluía dentro del cuerpo de Elizabeth. Ella bebió alegremente todo su amor.

 ¿Era realmente posible conservar la sangre de ella en el interior del cuerpo de él?

 El hombre estaba ensimismado en su ensueño. No pudo evitar pensar que si podía ponerse en pie de igualdad con ella, el amor de ambos volvería. Incluso habiendo caído, seguía siendo la misma mujer amada.

Din se detuvo y miró hacia atrás.

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 Sin embargo,

 Allí no había señales de ninguna mujer. Ni siquiera mirando a su alrededor. Ni en ningún lado. Pensó que se había escapado. ¿Pero hacia dónde escaparía? A pesar de que no había a dónde ir. ¡ERA EL ÚNICO HOMBRE EN ESTE BOSQUE QUE PODÍA LLENAR EL VACÍO ENTRE SU MENTE Y SU CUERPO!

 La errante mirada de Din se detuvo.

 Lo que estaba mirando fijamente era una luz. ¿Qué era aquella luz que se emitía en el fondo del oscuro bosque? Definitivamente, no era una existencia sagrada. Los de corazón puro no desean sangre ni carne.

 Inmediatamente, reconoció el par de luces que flotaban en la oscuridad, un poco lejos de Din. Era un lobo que emitía un ruido similar al trueno desde el fondo de su garganta. Al darse cuenta de que se había topado con un oponente temible, el misionero retrocedió. Además, tenía que encontrar rápidamente a Elizabeth. No había manera de que pudiera huir. Pero, no tenía la confianza de luchar y sobrevivir. Lentamente, la bestia emergió de la oscuridad y se preparó para el ataque. La delicada luz de la luna rebotaba en su pelaje. Antes de que el hombre pudiera decidirse, el lobo tomó impulso y saltó. No había manera de que Din pudiera reaccionar ante eso. El dolor era insoportable.

 Los colmillos de la bestia atravesaron la pierna izquierda del hombre. El lobo era un gran cazador; se aseguraba de que no pudiera escapar y luego acabaría con él. Sus pantorrillas estaban esparciendo una roja insatisfacción, como si se negaran a permitir que un objeto extraño las invadiera. Din solamente podía sentir desesperación ante la cantidad de sangre que empapaba su ropa.

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¿Quién podría haber imaginado que su viaje lleno de dificultades bajaría el telón de esta manera?

 El cazador se puso sobre una rodilla, con el rostro distorsionado mientras observaba a su presa retorcerse de agonía. Quizás rio burlonamente. Entrecerró los ojos y se preparó para el ataque. Había decidido el lugar donde clavaría sus colmillos a continuación. Era la garganta. No había nadie que pudiera sobrevivir si le destrozaban esa parte. Incluso un humano.

 Saltó.

 La impaciencia provocada por el hambre trajo la muerte al lobo. Debería haber prestado atención a algo más que a su presa. De eso se dio cuenta después de dar el salto. 

 En un parpadeo, entre tomar impulso y sacar los colmillos. El lobo vio una bestia que lo sobrepasaba. Una escena increíble. Una sombra surgió de la oscuridad, acercándose a la velocidad del rayo, y eso fue todo lo que pudo distinguir. Apenas reconoció que esa sombra tenía la misma forma que su presa. En un instante, el cazador se convirtió en la presa.

 Din, en su desgracia, vio todo de principio a fin. No pudo evitar darse cuenta de que fue cuestión de suerte poder clavar la estaca de madera de espino en el pecho de Mari Freiz. Sintió fuertemente en su corazón que era arrogante pensar que los humanos podían competir con los vampiros en igualdad de condiciones si no estaban en peligro de que les clavaran los colmillos. Fue Elizabeth Aye quien mató al lobo de un solo golpe. Las uñas en los pies de la mujer atravesaron completamente el vientre del lobo.

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Sonó algo rompiéndose. Al instante siguiente, la bestia salvaje había desaparecido de la vista de Din. Sin siquiera dejar escapar un grito de muerte. En lo profundo de la oscuridad, algo cayó al suelo.

 Se produjo un silencio.

 Después de lanzarle al misionero una leve sonrisa, la vampira avanzó caminando hacia la oscuridad que estaba enfrente.

 Din sabía lo que estaba tratando de hacer.

 Quería confirmar si el lobo había dado su último aliento.

 Y además...

 ¡Y ADEMÁS, PLANEABA ENTERRAR SU ROSTRO EN EL CADÁVER Y SACIAR SU ABOMINABLE SED!

 ¡Detente... detente!, gritó el hombre. No debía permitir que la mujer que más amaba bebiera la sangre de una bestia. Odiaba incluso imaginar esa escena. ¡DETENTE!

 El deseo del misionero se hizo realidad. ¿Fue cosa de Dios? ¿Sus rezos llegaron al cielo? ¿O tal vez ocurrió un milagro? La vampira le dio la espalda al cuerpo de la bestia y volvió con el hombre. El rostro de la mujer mostró una expresión de preocupación por las heridas de Din. ¿La pierna... te duele?

 No te preocupes, dijo, comenzando a levantarse, pero no pudo seguir la mentira.

 Un intenso dolor le atacaba sin piedad. Se desplomó sobre la tierra podrida. Cuando miró su pantorrilla izquierda, vio que su ropa estaba teñida de color carmesí por la sangre que fluía.

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0187

 La mujer se puso en cuclillas frente al hombre. Rompió el dobladillo de su camisón y lo ató fuertemente debajo de la rodilla izquierda del hombre. Independientemente del dolor, parecía que esto detendría el sangrado. El misionero intentó expresar palabras de agradecimiento, pero no pudo. Su cuerpo se endureció. El rostro de ella, parecía acercarse a la herida ensangrentada. El hombre empezó a decir algo, pero se detuvo.

 Los labios de Elizabeth tocaron la desgarrada piel. El dolor duró solo un instante. Aunque su cuerpo estaba tan frío como el hielo, su lengua estaba cálida como los rayos del sol. Sintió que entendía por qué nadie podía rechazar el beso de un vampiro. Din se rindió al placer de su sangre, fluyendo hacia el cuerpo de ella.

 La mujer mantuvo sus ojos fijos en la cara del hombre, incluso mientras seguía lamiendo. Sin embargo, esos ojos estaban tan vacíos como si estuvieran soñando, y parecía que no reflejaban nada. Solamente su brusca respiración, perturbaba el silencio del bosque de medianoche.

 Qué deliciosa, dijo la vampira, mirando un poco arrepentida la herida que ahora ya no sangraba. Levantando la mirada. La mujer parecía más que feliz.

 Din estaba a punto de preguntarle hacia dónde había ido.

 Fue entonces cuando se percató. Se dio cuenta completamente de todo.

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ELIZABETH RÁPIDAMENTE NOTÓ LA PRESENCIA DEL LOBO Y DESAPARECIÓ. ESO FUE PORQUE ESPERABA QUE LASTIMARA A DIN Y LO HICIERA SANGRAR. DE ESA MANERA, SEGURO PENSÓ QUE PODRÍA SACIAR SU SED. ¿TAL VEZ PENSÓ QUE SI PRETENDÍA CAMINAR HACIA EL CADÁVER DEL LOBO, ÉL OFRECERÍA VOLUNTARIAMENTE SU HERIDA? ASÍ ES, SIN DUDA ERA ASÍ. Sin embargo, el hecho de que iba a ser devorado… ¿No pensó ella en el riesgo de perder al hombre que amaba?

 Tú... ¿Tú por qué desapareciste de mi vista?, preguntó con voz temblorosa. No quería escuchar la respuesta. Pero no podía evitar preguntar. ¿Ha desaparecido tu amor por mí?

 La vampira guardó silencio. Apartó su mirada del hombre. No parecía que se hubiera dado toda la vuelta. No había ningún signo de vergüenza en su expresión. Los ojos de la mujer se volvieron agudos. ¿Qué estaba viendo? ¿A quién estaba mirando? Siguiendo su mirada.

 Un hombre vestido de negro estaba de pie en la oscuridad.

 Simón Belmond... Antes de que pudiera ni siquiera pensar en ello, se encontró diciendo su nombre.

 Una vampira y un hombre humano. Es una combinación bastante interesante, dijo el hombre, caminando lentamente hacia ellos.

 Déjame preguntarte primero: ¿Por qué sabes mi nombre? 

Como reacción, Elizabeth se puso de pie. Quizás viendo a Simón como un "enemigo", se inclinó un poco y se puso en guardia. Huele a sangre. Deliciosa sangre.

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 Simón se detuvo en seco.

 Oh, ¿así que razonas?, dijo, impresionado.

 ¿Quieres beber mi sangre? Pero si lo intentas, te arrepentirás.

 La mujer no se movió. Mientras permanecía en silencio, con ojos diabólicos, estaba mirando fijamente al hombre vestido de negro.

 El dios tenía una hostil y desafiante sonrisa. Y además, como para provocar a la vampira, levantó la barbilla y expuso su indefensa garganta a la luz de la luna.

 Tenía muchas descoloridas heridas grabadas.

 No había duda, eran marcas de mordidas de seres de oscuridad.

 O tal vez eran una especie de "estigmas" que no desaparecerían incluso si bebieran su sangre.

 ¡Hyu!

 Una fuerte exhalación escapó de los labios de la mujer.

 Al mismo tiempo, desapareció.

 El lugar a donde saltó estaba justo enfrente de Simón Belmond.

 Aun así, "el dios" no se movió. Él simplemente se quedó allí con una sonrisa en su rostro.

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つづく / CONTINUARÁ

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