Götzendiener (ゲッツェンディーナー) NOVELA , ACTO 4
Götzendiener (ゲッツェンディーナー).
(El título está en alemán y significa: Idólatras).
Autora: Hiroe Suga (菅浩江).
Ilustraciones: Takami Akai (赤井孝美).
Novela por entregas en la revista Dengeki PC Engine.
ACTO 4. Revista de mayo de 1994.
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| Apenas habiendo escapado del peligro, ¡ahora unos imitadores de humanos le cortan el paso a Misa! |
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SINOPSIS
Atrapada y completamente sola en una isla infestada de monstruos, Misa intenta escapar de ella empuñando la Kish Termavicus. Mientras es atacada sucesivamente por los engendros y deambula por laberínticos edificios, va adentrándose en nuevos desafíos. En un momento dado, cayó junto con parte del muro exterior hacia un piso inferior, a una especie de almacén de una compañía de teatro, y como consecuencia de eso sufrió una grave lesión en la espalda. Encima de eso, los actores con los que se topó en ese lugar no eran más que seres que solo imitaban la figura humana. La solitaria batalla de Misa aún continúa.
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Esa habitación parecía haber recolectado todos los colores del mundo. Había mucha ropa colgada firmemente. Era el vestidor de la compañía de teatro.
Desde ahí se podía oír el alboroto de los semihumanos. Alguien tocó la puerta; parecía que no podían entrar.
Misa apartó la parte de su vestimenta que le estorbaba y examinó la pared. Había una pequeña ventana por donde entraba la luz, pero ni siquiera Misa podía atravesarla. No había escape.
Logré escabullirme hasta aquí, pero...
¿Era conveniente contener la respiración y aguardar ahí? Además, no sabía cuándo se irían los semihumanos. Ellos pasaron muchísimos años imitando la manera de actuar de los seres humanos. Estaba segura de que si se quedaba esperando, seguramente acabaría marchitándose.
Parece que la única opción es luchar.
Una vez que tomó esa determinación, de repente Misa comenzó a reordenar su vestimenta. Ya que al estar rasgada podría dificultarle el manejo de la espada. Además, era un poco... inapropiado, por no decir otra cosa, dejar al descubierto su pecho de esa manera. Hiciera lo que hiciera después, lo primero era cambiarse de ropa.
Por ahí había una armadura. Sin embargo, como parecía preparada para un robusto soldado, era demasiado grande para Misa. Comenzó a buscar algo que le permitiera moverse con facilidad, pero la mayoría de la ropa parecía más adecuada para hombres; todos los pantalones y chaquetas que encontró de seguro le quedarían muy holgados y le dificultarían el movimiento.
Los sonidos de los golpes en la puerta se volvían más y más intensos. La nerviosa Misa continuaba rebuscando entre los disfraces.
¡Vamos! ¿Que no hay nada para un papel de un chico más pequeño o una chica marimacho?
¡Ah!
Con un hermoso vestido azul entre sus manos, Misa se quedó un momento inmóvil.
Era un vestido apropiado para un baile de salón formal. Innumerables cuentas estaban bordadas alrededor del pronunciado escote y a la falda de generosas dimensiones.
¿Qué son estas, tal vez joyas Kish Termavicus?
El brillo de las cuentas le hacía recordar el de la preciada joya familiar. Al acariciarlas con la mano, le transmitieron una leve calidez. El dolor de su espalda también había disminuido un poco.
Agarró la larga espada y acercó con delicadeza la empuñadura, la cual tenía engastada la Kish Termavicus, a las cuentas. La joya familiar reaccionó ante sus compañeras, brillando junto con ellas. En el improbable caso de que fueran reales...
Son auténticas.
Se quedó mirando fijamente y comparando los vibrantes patrones de la vestimenta.
Era un vestido muy lujoso. Utilizaron muchísimas piedras preciosas en su fabricación.
Los semihumanos seguían en la puerta y de repente se escuchó un sonido particularmente fuerte. Misa se giró sorprendida, con el rostro distorsionado debido al dolor de su espalda.
Sabía que con ese atuendo tan rimbombante le sería complicado moverse. Sin embargo, si el poder de la Kish Termavicus pudiera aligerar un poco ese dolor.
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0002 Dengeki PCE mayo de 1994. Página 171.(Columna izquierda)
Misa se puso el vestido, mientras las cuentas tintineaban al hacerlo.
Le entristeció un poco sentir que sus senos no eran tan grandes como para que el vestido le quedara ajustado en esa parte, pero a cambio el dolor de su espada fue desapareciendo gradualmente. Las joyas parecían haber restaurado no solo su fuerza física, sino también su energía mental. Ahora sí tenía la oportunidad de obtener la victoria.
Agarró la larga espada, analizó la situación y luego, de golpe, con un movimiento rápido, abrió la puerta.
Esperaba que los semihumanos se avalanzaran sobre ella como un maremoto, pero simplemente se quedaron allí, atónitos.
Su majestad la reina...
¿Eh?
¡Oooh, es su majestad la reina! ¡Ese es el atuendo de su excelencia la reina!
Entonces, abruptamente, sintió una pesadez en su cuerpo.
De... nuevo... Poseída.
Era demasiado tarde como para lamentar el descuido. Pudo ver a un semihumano ataviado de mercader que blandió un palo como los que se utilizan para transportar cargas, suspendiéndolas en ambos de sus extremos y llevándolas sobre el hombro en el centro; por supuesto, también era de utilería. Pero sus brazos se sentían demasiado pesados como para levantarlos y defenderse.
¡La iban a golpear!
Abruptamente surgió dentro de ella una firme determinación. Extendió con velocidad su mano derecha. La punta de la larga espada cortó limpiamente el palo que la atacaba.
Esa acción no la realizó Misa. Era obra de lo que la poseía.
Su excelencia... Aah, amada majestad, por aquí.
Una masculina voz surgió del interior de su cuerpo. Luego de eso, sus brazos se movieron solos y sus piernas se echaron a correr.
¿Qué le sucedía, qué es lo que le estaba pasando?
Eso era lo que hubiera querido decir, pero el cuerpo de Misa lamentablemente ya había sido tomado por completo.
Quien poseía a la princesa sacerdotisa parecía conocer a la perfección la estructura del teatro. Tratando de deshacerse de los persistentes semihumanos que la perseguían, corría como una rata a través de los intrincados espacios que había en los bastidores.
Oye, yo no corro de esa manera tan horrible, dando pisotones y con las piernas arqueadas.
Quien estaba dentro de Misa parecía haberse deprimido por el comentario.
Disculpe, su majestad.
¡Ash, yo no soy la reina!
Aah, qué palabras tan hirientes. ¡Pero, sin duda, usted es la reina! Pronto nos veremos.
Luego de decir eso, él se arremangó el vestido de la reina y subió por la estrecha y oscura escalera que utilizaba el personal entre bastidores. Sus incontrolables manos abrieron una pequeña puerta.
Puaj
El hedor era tan fuerte que le hizo arrugar la nariz. Misa intentó reprimir las náuseas. Al parecer, los fenómenos fisiológicos escapaban del control de quien la había poseído. Después de decir aquí es, él dejó de poseerla.
¿Qué es este lugar?
Cuando finalmente pudo abrir los ojos, vio algo tirado en la pequeña y oscura habitación, iluminada solo por una lámpara. En el instante en que descubrió lo que era eso, sus náuseas empeoraron aún más.
Eran restos mortales. Concretamente, un cadáver completamente seco, pero aún incapaz de descomponerse en huesos, quizás debido a la humedad.
Encima de eso, algo semitransparente ondeaba débilmente con la brisa. De alguna manera, adquirió forma humana y se inclinó con respeto repetidamente ante Misa.
¿Acaso este cadáver...?
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0003 Dengeki PCE mayo de 1994. Página 171.(Columna central)
El fantasma asintió frenéticamente. Señaló su propio cuerpo, que se encontraba a los pies de su espectral silueta; luego apuntó a la lámpara y, por último, repitió las reverencias.
¿Me trajiste hasta aquí porque deseas que te creme?
El fantasma asintió repetidamente con la cabeza.
Misa dudó. No era algo que fuera su responsabilidad. Pero, al observar con paciencia, efectivamente comprobó que el cadáver pertenecía a un ser humano, y además él la salvó de los semihumanos.
Si hago lo que me indicas, ¿me dejarás irme de aquí ¿Me dirás cómo llegar al mar?
Nuevamente, el fantasma volvió a asentir repetidamente.
Entendido.
Las cuentas de su dobladillo tintinearon suavemente. Con cautela, comenzó a hacer los movimientos para catalizar su magia de fuego.
El olor a carne podrida se intensificaba a medida que las llamas se volvían más intensas. Sin embargo, poco a poco solamente fue quedando un simple olor a quemado. A medida que la roja luz que había teñido la habitación se desvanecía y el humo se disipaba, se iba notando que el suelo de piedra que quedaba al descubierto estaba tan limpio que no quedaba ni una sola ceniza.
Se lo agradezco mucho, su majestad.
Tal vez aliviado de que se hubieran encargado de su horrible cadáver, el contorno del fantasma se volvió más visible. Se trataba de un joven soldado que vestía ropas de época.
Ahora que estoy a punto de liberarme de todos los apegos y sufrimiento, creo que está bien que humildemente le diga esto. Yo la amo.
Mmm...
Esas palabras no la conmovieron porque no eran para ella; se dirigían a la reina.
Misa quería saber por qué el fantasma iba vestido con ese atuendo tan anticuado.
¿Cuándo moriste?
¿Aunque su majestad me lo pregunte, creo que no puedo contestar con exactitud? Mmm... me uní al ejército del rey Tayik, y luego pasó todo esto.
¡El rey Tayik! ¿Hablas del de nuestro reino? Entonces viniste aquí para sellar a los demonios, ¿no es así?
Sí, incluso me fue otorgada una pequeña espada como regalo, sin embargo...
¿Qué pasa? Por cierto, en un piso superior me encontré con un monstruo que sostenía una pequeña espada como la que hablas, ¿hay alguna relación?.
El fantasma miraba a Misa embelesado.
Aah, esa forma de hablar tan aguda y mordaz... es toda una reina.
¡No estés diciendo tonterías, tonterías! Ah, claro, la reina tayik fue la primera diosa indomable, y al parecer tenía una voluntad muy fuerte; seguro que es a quien te refieres.
Seguro que es por eso que tengo este carácter tan fuerte, dijo Misa en voz baja mientras suspiraba. Él vio en ella el parecido con sus antepasados, parpadeó con alegría y continuó contándole la historia.
No fui el único que tuvo problemas. Además de los semihumanos de antes, también los monstruos de los pisos superiores hace mucho fueron soldados comunes y corrientes, al igual que yo.
¡¿Qué?! Entonces, la pequeña espada que el engendro sostenía en la tumba que vi antes no era algo robado, ¿verdad?
Así es, era una de las posesiones del monstruo, su majestad.
¿Por qué... por qué los soldados reales terminaron así? ¿Fueron engañados?
No.
El fantasmal ser se removió incómodo, junto con una expresión de malestar.
Todos se sometieron voluntariamente ante el dios de este lugar.
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0004 Dengeki PCE mayo de 1994. Página 171.(Columna derecha)
Misa estaba tan conmocionada que se quedó sin palabras. El fantasmal ser continuó.
Dios fue quien lo dijo. Que el rey era el que estaba mal. Mencionó que él siempre había gobernado con benevolencia a los seres humanos, pero que los Kish interfirieron.
¡Qué tonterías! Un demonio no puede gobernar a la humanidad con bien. ¡Los únicos que pueden hacerlo son los mismos humanos!
Todos cayeron en confusión. Una parte siguió las órdenes del dios, pero el resto, parece que de alguna manera, lograron sobreponerse usando la Dilvar. Lamento no poder decir más que "parece", porque para entonces yo ya estaba muerto, así que no sé verdaderamente lo que pasó después. Yo también dudé mucho. Ese dios parecía tener la razón, pero yo aún quería servir a su majestad la reina, y pues fue así como todo terminó.
¡No hay por qué dudar! ¡El Rey Demonio es el Rey Demonio, él es el malvado! ¡La justicia reside en los nobles Kish... en la diosa indomable!
Vaya, qué gran rigidez.
Misa estaba muy disgustada e intentó marcharse.
Ya no puedo soportar más esto.
Yo tampoco.
¿Eh? Misa se dio la vuelta.
Él estaba sonriendo agradablemente.
Ya tengo que retirarme a la tierra de los muertos. El mar está justo más delante, su majestad. Podrá ver un barco una vez que salga por esa puerta. Ojalá pudiera tomar su mano y guiarla hasta allá, pero...
Su figura se iba desvaneciendo lentamente.
Ah, espera. Así nada más.
Al otro lado de los pies que se volvieron transparentes, luego de la cintura que igualmente se volvió transparente y, del transparente torso que fue lo último que desapareció, se pudo ver una pared.
Él tenía una sonrisa en su rostro. Se veía verdaderamente feliz.
Su majestad, me alegró muchísimo poder verla una última vez. Siempre la amé. La amé con todo mi corazón.
Dejando tras de sí tan solo el tenue rastro de una radiante sonrisa, el fantasma se desvaneció.
La chica que era heredera de la sangre de la reina esbozó una mueca y se quedó inmóvil durante un momento.
¿Podrá encontrarse con la verdadera reina tayik en la tierra de los muertos? Seguro quedaría cautivado cuando la verdadera reina lo regañara diciéndole: ¿Dónde has estado perdiendo el tiempo?.
Al cruzar la puerta que el fantasma le había indicado, la recibió una vasta extensión rojiza.
Misa extendió los brazos y gritó: ¡Mis respetuosos elogios para la primera diosa indomable!
Bañado por la llameante luz del atardecer, el mar parecía teñido de carmesí. Ese era el mar que tanto había anhelado. El mar que la llevaría a la playa de su ciudad natal.
Frente a sus ojos había un barco. Era un buque de guerra que enarbolaba una bandera con el emblema de la Dilvar. Misa sostuvo su pesada falda con los brazos y corrió por el muelle dirigiéndose hacia el barco.
Era una tranquila ensenada. A la izquierda, sobre un acantilado, se alzaba un cabo cubierto de vegetación, y a mano derecha, construcciones de piedra se extendían como si fueran una muralla. El punto que conectaba al cabo con las construcciones era una compuerta, que ahora estaba completamente cerrada, reteniendo así la rojiza agua.
Ahora lo único que faltaba era hacerse cargo de esa compuerta. Si pudiera abrirla y luego abordar el barco...
Pero el impulsivo y veloz ritmo al correr de Misa disminuyó poco a poco a medida que se acercaba al buque de guerra.
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0005 Dengeki PCE mayo de 1994. Página 172.(Columna izquierda)
Cuando llegó a la mitad del muelle, que se extendía como un brazo hacia el centro de la ensenada, finalmente se detuvo y terminó tirándose al suelo mientras sus cuentas chocaban entre ellas violentamente.
No... No puede ser.
El buque de guerra se encontraba medio hundido.
Sus ojos, del color del bosque y ya sin enfocar, miraban vagamente hacia el barco.
Con mucho esfuerzo había llegado hasta ahí. Incluso había alcanzado el mar.
Aunque se encontraba completamente desconcertada, permitió que sus pensamientos fluyeran libremente, hasta llegar a un estado de calma y concentración.
Una gruesa cuerda metálica se extendía desde un edificio que se encontraba en la parte de la derecha hasta el otro lado de la compuerta. ¿Tal vez era un teleférico? A lo mejor sí usaba eso... No, a juzgar por el tamaño del barco, el héroe y sus compañeros debieron haber llegado en ese único barco. Aquello no era una vía de escape.
Entonces, ¿de qué dirección venía? Quizá hubiera otra ruta para huir.
Cuando se giró, pudo ver el enorme y redondo techo de un teatro. Un escarpado acantilado se alzaba encima. Ella cayó desde un lugar como ese. Había un sendero que rodeaba el acantilado, pero era intransitable en algunos tramos, ya que se habían derrumbado. Bueno, de todas formas no tenía la intención de regresar sobre sus pasos.
El sendero hacia arriba era sinuoso, y en varios tramos pasaba por debajo del acantilado. Al volver a verla bien, se dio cuenta de que la isla en sí tenía la forma de una torre extremadamente alta. La lejana cumbre estaba rodeada por una muralla. En el interior se encontraba una magnífica construcción que parecía dedicada al culto de una deidad, y además sobresalía una estilizada torre. Seguramente fue en aquella torre en la que la tenían prisionera.
¿Qué harás, Kish Rim Misa? Ella se hacía esa pregunta.
En ese momento, por un instante se vio algo azul moverse por el acantilado. Estaba cerca del agujero por donde ella había caído.
¿Qué?
Mientras Misa entrecerraba los ojos al contemplar la puesta de sol, sintió que la sangre se le iba del cuerpo debido al impacto de lo que observó.
¡Esa era ella misma! Aquella chica de cabello color miel, vestida con el atuendo de la reina. Bueno, más bien se trataba de un semihumano que había copiado su figura.
Ella sabía muy bien lo que eso significaba. Los monstruos querían que la diosa Rim se sometiera al Rey Demoniaco. Según lo que le habían dicho, en ese preciso momento la deidad demoníaca resucitará.
Lo harán con una impostora. Lo van a hacer usando un monstruo que está copiando mi imagen.
Una sensación de calor la invadió desde el centro de su estómago. En un instante, la ira se extendió por todo su cuerpo, tiñendo sus mejillas de un rojo más intenso que el sol poniente.
¡No se los permitiré!
De repente se puso de pie, con los ojos brillando intensamente. Sus bestiales ojos se fijaron en el buque de guerra. Con una sonrisa terriblemente afilada, se echó a correr hacia el hundido barco.
¡No lo permitiré, miserables monstruos! ¡De ninguna manera! ¡La noble sangre Kish, selladora de demonios, jamás se inclinará ante ustedes! ¡Ni siquiera si es una imitación!
Se había abierto un gran agujero en la popa del buque de guerra, provocando que se inclinara ligeramente. La elegantemente vestida princesa corría por la resbaladiza cubierta, preparándose para la batalla. Sentía un hormigueo debido a que estaba muy nerviosa. Ella era una princesa sacerdotisa adiestrada exhaustivamente en artes marciales y además ya se había enfrentado a innumerables enemigos. Incluso corriendo a toda velocidad, estaba sumamente concentrada ante la situación y pudo agarrar todo lo que necesitaba sin detenerse.
¡No se los permitiré!
Cuando Misa llegó a la proa del barco, sus delgados brazos sujetaban una caja llena de municiones. De esa manera llego a la tronera y comenzó la ardua tarea de cargar la munición.
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0006 Dengeki PCE mayo de 1994. Página 172.(Columna central)
Si creen que van a poder hacerlo, ¡adelante, inténtenlo!
El primer disparo resonó duramente. Un instante después, una nube de polvo se elevó desde la ladera del acantilado. Siguió disparando en rápida sucesión. El estruendo producido la ensordeció al instante, pero pudo ver cómo el acantilado se derrumbaba y aplastaba el teatro.
Al poco tiempo, Misa se echó a reír a carcajadas. Su odio se había transformado en gozo por la destrucción. Desprendiendo un olor a pólvora, y bañada por los rayos del ya casi oculto sol como si fueran sangre, continuaba riendo como si estuviera loca.
Ja, ja, ja, ja, ja
Tras haber disparado todas sus balas, completamente agotada, se desplomó.
El viento que soplaba sobre el mar fue dispersando el espeso humo que había quedado en el aire. El saliente rocoso que sobresalía sobre el teatro había desaparecido. De la morada de los actores, aplastada por la caída de las rocas, no quedaba ya ningún rastro.
¿Habían sido aniquilados por completo los semihumanos? No, el buque de guerra era demasiado pequeño en comparación con la isla. Indudablemente, aún quedaban algunos. En lo más profundo de la isla, seguro todavía se encontraba la falsa Misa que se arrodillaría fácilmente ante el Rey Demoniaco.
No claudicaré. No me rendiré nunca. Sin duda. Los exterminaré.
El casi oculto sol se reflejó en algo por un instante.
¡Eso es!
Lo que resplandeció por ese breve momento fue la parte metálica de un remo. Ciertamente, los buques de guerra siempre debían estar equipados con pequeñas embarcaciones para desembarcar en aguas poco profundas o en casos de naufragio.
Misa aspiró hondamente el aún contaminado aire y trató de extraer fuerza de las cuentas del vestido.
Mientras remaba hacia la bahía, el entorno se encontraba increíblemente silencioso.
Los únicos sonidos que se escuchaban eran el crujido de los remos al usarlos bruscamente y el chapoteo del agua contra el casco de la pequeña embarcación.
Misa se estaba impacientando. Se secó el sudor de la frente con la manga de su lujoso vestido y comenzó a manipular el remo aún más frenéticamente.
Como había consumido mucho tiempo en esa pequeña embarcación desde que se separó del buque de guerra, el cielo ya había perdido su tonalidad rojiza. El cielo ahora le presentaba una transición cromática, de un azul violáceo al índigo. Y con cada instante que pasaba, el color de la superficie del mar se iba acercando al negro.
Como el agua la salpicaba constantemente, Misa trataba de evitarla cambiando de posición; todo eso ocurría mientras contemplaba el crepuscular mar. Repentinamente, vio avanzar por debajo de las olas a una sombra.
¡¿Qué es eso?!
La sombra se elevó significativamente.
¡Ah!
Era un gran pez que con un curvo salto salió fuera del agua. Bueno, podría ser uno si es que definiéramos a los peces como algo con una boca que se abre como una bisagra, colmillos como los de un animal salvaje y brazos humanos en lugar de aletas pectorales.
Cuando intentó agarrarla con ambos brazos, Misa le asestó un golpe con el remo.
Produciendo un ruido apagado, el monstruo, impactado con fuerza entre las cejas, hizo que se elevara un pilar de agua.
¡Maldita sea, no puedo bajar la guardia en ningún lugar!
Mordiéndose con fuerza el labio, su ira ardía a todo lo que daba, incluso en aquella breve y quebradiza pausa, a la cual seguramente era correcto definir como tregua de vidrio. De por sí, el hecho de que alguien estuviera imitando su apariencia ya era lo suficientemente frustrante para ella.
Tras haber llegado a la compuerta remando con un vigor y una destreza que seguro rivalizarían con la de cualquiera, Misa chasqueó la lengua con fastidio una vez más.
¿Y ahora cómo diantres abro esta puerta?!
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0007 Dengeki PCE mayo de 1994. Página 172.(Columna derecha)
Seguramente mientras ella estaba ahí, la falsa Misa estaría... arrodillándose y jurándole lealtad a la deidad demoníaca.
Ya no lo soportaba más.
Hasta hace poco, lo único que había querido era regresar a su ciudad natal, pero ahora era diferente. Regresar a su reino, informarle todos los detalles a su padre, reunir a las tropas y atacar el lugar. Ahora era lo que ella deseaba.
Ella inspeccionó a su alrededor.
A ambos lados de la vieja compuerta de madera había faros. Proveniente del faro del lado izquierdo, una lechosa luz cuyo brillo se iba intensificando contrastaba con la oscuridad cada vez más densa. ¿Qué tipo de monstruo la habrá activado?
En cuanto al faro de la derecha, parecía estar averiado y permanecía sumido en las tinieblas. Adosada a los faros había una estructura cuyo contorno apenas se distinguía del cielo que tenía como marco.
Mmm... ¿será ese el lugar en donde está el control operativo?
Agresivamente, golpeó el remo contra la compuerta, aprovechando el impulso para dirigir la parte delantera y puntiaguda de su pequeña embarcación hacia la derecha.
Las cuentas de su vestido tintineaban con los amplios movimientos de sus brazos. Rodeada de la oscuridad del crepúsculo, la Kish Termavicus liberaba su poder para la princesa, emitiendo una tenue luz que parecía querer convocar a las estrellas a la tierra.
Una sensación de hormigueo recorrió la ardiente cabeza de Misa. El tiempo que se tardó en mover tres veces el remo fue lo que se demoró en comenzar a reflexionar. Sus pensamientos estaban completamente desordenados debido a la frustración y la impaciencia.
¡Eh!, ¿qué ocurre? Las joyas, sí, son las joyas. Cuando se percató del brillo de las cuentas...
¡Aaaah!
Repentina y violentamente, Misa levantó la vista hacia los faros.
Un intenso resplandor lleno de vitalidad se extendía por el mar en todas direcciones.
Aquel es el brillo de la joya... Kish Termavicus.
Un escalofrío le recorrió los dedos y sus manos, con las cuales estaba sosteniendo el remo, le temblaron levemente. El haz de luz de los faros parecía viajar miles de kilómetros a través del mar color azabache.
¿Así de potente era la fuerza de la Kish Termavicus?
¡¿Por qué habría algo así en el demoníaco castillo?!
Apretó el vestido con tanta fuerza que hasta se le veían los huesos de sus blancas manos. Por supuesto que eso también aplicaba para el atuendo. Adornarlo con tantas Kish termavicus, las cuales rara vez se producían, era algo que ni ella, la princesa Kish, es más, ni siquiera su madre, la reina, podría haber hecho.
De la reina... , dijo Misa mordiéndose las uñas.
Un momento. ¿No le habían dicho que ese era el vestido de la reina? De hecho, por traerlo puesto, el fantasma la confundió... con la primera reina. En ese caso, en la época de la reina tayik, tales lujos... eran comunes.
Repentinamente, las palabras del fantasma regresaron a su mente. Dios siempre había gobernado con benevolencia a los seres humanos, pero los Kish interfirieron.
¿Podría ser que la Kish Termavicus fuera un botín de guerra de la época en la que sellaron a los demonios? ¿Acaso la batalla contra la deidad demoníaca fue una lucha por la joya? Bueno, en todo caso no era el momento de pensar en eso.
Misa impulsó furiosamente la pequeña embarcación y se acercó a la construcción que había junto a la compuerta.
El sol se había ocultado por completo, y ahora la verdadera oscuridad se cernía sobre la princesa sacerdotisa.
Alzó la larga espada. La joya de la empuñadura comenzó a brillar con una tenue luz, la cual Misa usó como antorcha. Una débil luz, teñida con los colores del arcoíris, esbozaba la entrada de la construcción.
¿Qué es esto, qué está pasando?
La desgastada puerta de madera ya estaba abierta. Esa misma puerta, que se parecía a la que pudiera tener un castillo, tenía tablones clavados en la parte exterior.
Las tablas parecían haber estado expuestas a la brisa marina durante muchísimos años y, por lo tanto, estaban medio podridas. Cuando Misa las tocó, se desmoronaron en pedazos como si fueran esos pequeños bloques que los niños usan para construir cosas.
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0008 Dengeki PCE mayo de 1994. Página 173.(Columna izquierda)
Un profundo aroma a bosque, mezcla de moho y hierba, emanaba del interior.
Al poner un pie adentro, instantáneamente comprendió el motivo de tal situación.
Gruesas cadenas colgaban en varias capas en el atrio situado en el centro de la sala. Las cadenas estaban enredadas en la hiedras marchitas de las Dilvar. Como prueba de la presencia de las flores, al escucharse el sonido del agua, las cuatro esquinas de la habitación se llenaban de luz verde pálida. Esta vez, eso no era algo desconocido para Misa.
Al parecer, por culpa del ejército que había venido a sellar a los demonios, se había utilizado el mecanismo para abrir y cerrar la compuerta. La puerta estaba cerrada con llave para evitar que la luz del sol entrara y marchitara las flores, que eran un recurso muy valioso.
Seguramente, cuando los que venían en el buque de guerra que intentaba rescatar a Misa se acercaron a ese lugar, los monstruos debieron de estar desesperados por impedirles el paso. Sin embargo, aunque finalmente lograron que se marchitaran las hiedras, ya era demasiado tarde para detener la compuerta.
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0009 Dengeki PCE mayo de 1994. Página 173.(Columna central)
Los esfuerzos de los monstruos fueron en vano, pero gracias a ellos, el mecanismo parecía que funcionaría sin complicaciones.
Misa miró hacia el atrio y se percató de que el mecanismo principal estaba ubicado en un piso inferior. No tenía ningún interés en buscar las escaleras con serenidad. Misa sujetó la larga espada con la boca y bajó por la cadena.
La princesa sacerdotisa aterrizó ágilmente en la habitación repleta de artilugios mecánicos y con un veloz movimiento bajó lo que parecía ser una manivela.
En poco tiempo comenzó a escuchar el sonido del agua; ¡se estaba abriendo la compuerta!
Al igual que las cadenas que se movían lentamente hacia arriba y hacia abajo, los engranajes a sus pies, la polea a su lado y el puente levadizo que se encontraba un poco más allá también comenzaron a moverse. Cuando el puente levadizo, que tenía aproximadamente el doble de altura de una persona, se elevó, también surgió un repentino destello de luz.
¡Uwaa!
Una oleada de poder surgió desde lo más profundo del cuerpo de Misa, quien había cerrado los ojos.
Al otro lado, en respuesta a la espada y al ropaje de Misa, el gigantesco Kish Termavicus resplandeció con una blanca luz.
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0010 Dengeki PCE mayo de 1994. Página 173.(Columna derecha)
Se trataba de un gran cristal, probablemente utilizado como faro.
Otro destello surgió por el lado izquierdo de Misa. La Dilvar, que había estado floreciendo tranquilamente en un rincón, estalló en llamas al ser bañada por la intensa luz. La savia de la flor producía una llama bastante grande. El muro de piedra, acariciado por el rojo elemento, se derrumbó con estrépito, incapaz de soportar más el calor.
¿Qué... un pasillo?
¿Hacia dónde irá ¿Qué había debajo de él ¿Qué podría ser eso que había estado cubierto con un muro de piedra?
¿Quién es?
Una femenina profunda y hermosa voz surgió de las profundidades de la tierra. Misa desenvainó instintivamente la larga espada.
¿Quién está interrumpiendo nuestro tranquilo sueño?
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(6月号につづく) Continuará en (el número de) junio.



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