Götzendiener (ゲッツェンディーナー) NOVELA , ACTO FINAL
Götzendiener (ゲッツェンディーナー).
(El título está en alemán y significa: Idólatras).
Autora: Hiroe Suga (菅浩江).
Ilustraciones: Takami Akai (赤井孝美).
Novela por entregas en la revista Dengeki PC Engine.
ACTO FINAL. Revista de julio de 1994.
![]() |
| ¡¡La última batalla mortal de la indomable Misa!! ¡¡El videojuego está en desarrollo!! |
----------
SINOPSIS
La misteriosa mujer que hizo su aparición ante Misa le reveló que fueron los nobles Kish quienes les robaron sus tesoros y además los sellaron. A raíz de eso, presionó a Misa para que se disculpara por las acciones pasadas de su familia y para que además contribuyera a la resurrección de su dios. ¡¡Para ella tal cosa era absolutamente inaceptable!!
Ante los recién aparecidos enemigos, un monstruo cangrejo y unos humanos que empuñaban largas espadas, Misa se preparaba una vez más para luchar. Sin embargo, para su sorpresa, ¡la larga espada con la empuñadura de Kish Termavicus, que ya la había ayudado en tantos enfrentamientos anteriores, había desaparecido!
----------
La espada con la Kish Termavicus debió caerse cuando Misa salió disparada desde las profundidades de la tierra.
El cerco de personas a su alrededor se iba aproximando a la desarmada Misa. Ella comenzó sin vacilación con sus movimientos de artes marciales, preparándose para el combate.
Entonces, de repente, ellos se arrodillaron. Sus voces teñidas de tristeza dijeron suavemente: Princesa selladora de demonios. Los seres malvados más bien son los miembros de la familia real. El demonio verdadero no es el que tiene seis brazos, un par de cuernos y cuatro alas, sino el humano que lo selló.
Con la mirada baja, uno de ellos agregó: Un rey que se aprovechó, insatisfecho de las Kish Termavicus que Dios le otorgaba.
El atuendo elaborado en esta isla, el de la primera diosa indomable, abundantemente cosido con Kish Termavicus, tintineaba.
Fue el mismo rey quien transformó la fragante y hermosa flor de luz en un arma aterradora, alejándose así de los dioses, y luego, con total arrogancia, la llamó Dilvar y la convirtió en su emblema.
--------------------
Así que era eso. Ahora todo tenía sentido. ¿Utilizó el rey Tayik las flores originarias de este lugar para sellar a la deidad demoníaca? Jactándose de su victoria, ya que usó las propias posesiones de la deidad para derrotarla, ¿adoptó la Dilvar como su escudo real?
El rey se aprovechó de la bondad de Dios, de su capacidad de comprender los corazones de las personas y de su anhelo de concederles sus deseos, y se adjudicó el poder con el pretexto de sellar al mal.
Los susurros de la divina mujer se reavivaron. La elegante y noble mujer aceptó con serenidad el derrumbe de ese mundo subterráneo, diciendo: Si esto es lo que desea la humanidad, entonces volveremos a reposar.
El monstruo con forma de cangrejo, escupiendo una pegajosa espuma, abrió la boca. La familia real veía a Dios como un obstáculo. Este dios, que creó las Kish Termavicus, vivía en armonía y era venerado por los seres humanos; constituía una barrera para la dominación del mundo.
Mientras sacudía violentamente la cabeza, el rubio cabello de Misa se despeinó y se erizó como el pelaje de una bestia.
No voy a permitir que nadie diga que la familia real es malvada. ¡Todos la admiran! ¡En nuestro reino es venerada con respeto!
¿Y fuerte?
Por alguna razón, sintió que el monstruo estaba sonriendo en forma desafiante.
Sí, así es.
Así que la hermosa princesa, hija del poderoso rey, dice que es fuerte. Tal vez nadie lo considere un buen gobernante. El único elogio que se le puede ofrecer a un soberano que somete a todos con la espada es que es fuerte.
--------------------
Misa se quedó paralizada. La versión más joven de sí misma con la que había soñado antes le regresó a la mente. Podía sentir el olor a sangre de su padre. ¿Por qué ahora, al igual que los demás, se avergonzaba de su progenitor?
Los estallidos de las burbujas se escuchaban como si fueran risas.
Nuestro dios es diferente, hija de los Kish. Antiguamente, este fue un sitio de oración. Antes del reinado de los reyes humanos, las personas se reunían aquí de forma natural, orando ante esta divina estatua por la felicidad y una vida pacífica para todos. A mí se me confió la custodia del santuario. Las aves volaban desde los cielos hasta el dios, posándose voluntariamente sobre su espalda. Los animales salvajes se inclinaban dócilmente ante él. Es por eso que a la deidad se le otorgaron seis brazos para salvar a todos los seres sintientes.
Debajo de la estatua del dios, el cangrejo apuntó con sus enormes tenazas hacia Misa.
Princesa sacerdotisa, ¿qué pueden esperar de un pueblo al que han gobernado alejándose de los dioses e incluso hasta el punto de atreverse a sellarlos? Lo único que ustedes han hecho es robar las Kish Termavicus, las flores e incluso los nombres de los dioses, y encima los utilizan para intimidar al pueblo y así recibir sus alabanzas, ¿cierto?
Misa estaba confundida.
Pensaba en su poderoso padre, un rey que reinaba sobre lo que había robado y que amenazaba a todos con su poder.
Los elogios que recibía se reducían simplemente a: "Es fuerte". Ni una sola palabra diferente a eso.
Su próspero reino lo era gracias a las joyas, las Dilvar, y todo lo que fue robado de esta isla.
--------------------
Los ojos de la princesa seguían completamente fijos en el agrietado suelo. Con la cabeza hacia abajo, habló con una tenue voz.
Debo hacerlo por el bien del pueblo. Es deber de la familia real lograr la felicidad de su pueblo.
Los saltones globos oculares del monstruo cangrejo se giraban rápidamente, moviéndose circularmente. Cuando bajó los afilados miembros con los que había estado apuntando a Misa, el sirviente de la deidad, siervo que había llegado desde el mar, exhaló una gran burbuja como si fuera su forma de suspirar. Los soldados también sonrieron levemente y extendieron sus manos hacia la princesa con una mirada nostálgica en sus rostros.
Repentinamente, la princesa desapareció de la vista de todos.
¡Eh!
Su sombra se proyectó sobre sus rostros. Con el sol a sus espaldas, Misa saltó muy alto y, en el instante en que aterrizó, le arrebató una daga al hombre más cercano y, al mismo tiempo, le quitó la vida.
El hombre se desplomó con la sangre aún goteando de la daga, Misa sonrió levemente.
Voy a proteger a mi pueblo. Ya sean demonios o dioses benevolentes, no permitiré que nadie interfiera con el gobierno bien establecido de mi padre.
Princesa... Si inclinas tu cabeza, ningún peligro le sobrevendrá al pueblo. Y una vez más, Dios estará con nosotros.
¡Cállate!
En el acto arrojó la daga al pecho de uno de sus adversarios. Con el mortal artefacto aún clavado hasta la empuñadura en el cuerpo del oponente, Misa le robó otra daga parecida que tenía en la cintura. Tres soldados la atacaron con sus largas espadas, pero ella esquivó ágilmente sus ataques.
¡Princesa!
Misa dio un salto hacia atrás, luego separó las piernas y las apoyó firmemente en el suelo.
¿De qué serviría que un dios apareciera ahora?
Los soldados y el monstruo cangrejo se estremecieron. Eso debido a que la voz de la cabizbaja Misa estaba llena de sollozos.
¿Realmente es tan malo el gobierno de mi padre? ¿Es tan deplorable que alguien en el poder mantenga a raya innumerables conflictos menores con el fin de conservar la paz?
Misa alzó sus ahora oscuros ojos y con labios temblorosos hiló unas palabras.
Dijeron que todos le rezaban en este lugar a Dios. No negaré que los idólatras encuentran paz interior mediante la oración. Si de esta manera se llevara la paz a todas las personas, no tendría problema en llamarlo Dios. Pero ya ni siquiera es una figura digna de culto. Me han secuestrado, el héroe y los suyos han muerto, y este monstruo intenta aparecer en el mundo obligando a todos a postrarse ante él. Quienes causan el caos no son dioses, sino demonios. Tal vez, al igual que mi padre, no deben ser incluso peores.
Muy bien. Por fin has llamado demonio a tu padre, el ladrón de joyas con sangre Kish, dijo viscosamente el cangrejo. Ahora lo que falta, es que ruegues a Dios. Así no habrá más caos. Si tan solo inclinas tu cabeza ante él, la gracia de Dios volverá a caer sobre tu pueblo.
Misa sonrió. Su sonrisa no era la de una combativa princesa, sino la de una niña.
Lamentablemente a pesar de todo, yo soy... ¡una diosa indomable!
El cuerpo de uno de sus oponentes se desplazó hacia atrás. El hombre que había recibido una patada en la mandíbula por parte de Misa cayó de espaldas, y la larga espada que le había arrebatado se clavó inmediatamente en su pecho. Lo mató sin dudarlo.
Después acabo con otro, y luego con otro más.
¿Por... por qué? preguntó el cangrejo, mientras movía sus tenazas con vacilación.
Misa colocó la larga espada en el suelo, luego se arrodilló sobre una rodilla y agarró la empuñadura de la daga con la mano derecha.
--------------------
El hombre, que la llevaba en la cintura, estaba convulsionando. La bella princesa, con su resplandeciente cabello color miel, giró su cabeza ferozmente hacia el monstruo cangrejo.
Preguntaste: ¿Por qué? Pues porque creo firmemente que a quien intentan resucitar es inferior a mi padre. Exigirme una disculpa es como desafiarme. Quienes poseen poder y fuerza son, en última instancia, los que se sitúan por encima del pueblo. La única diferencia radica en si se les llama rey o dios.
¡Tonta!
El color del cangrejo cambió debido a la ira. De un tono azul violáceo a un carmesí intenso. Con un chapoteo, escupió una especie de espuma que cayó justo en el sitio en donde Misa había estado momentos antes; ese ataque al instante se endureció.
Un segundo y un tercer ataque volaron por los aires hacia Misa.
Con los dedos de sus pies rozando ligeramente el suelo, Misa giró su cintura y arrojó la daga. La punta de la hoja rozó el protuberante globo ocular del cangrejo, quien, agitando frenéticamente sus tenazas, se retorció de dolor.
Cuando el monstruo recobró la vista, los cadáveres de los ya extintos soldados yacían a los pies de quien portaba el vestido de la reina. Ya ni uno de ellos se movía. Además en los blancos brazos de la princesa ahora moraban tres dagas.
Esta era la única... la única técnica que no quería utilizar.
Todo sucedió en un instante. Se hizo un corte en la parte interior de su pálido y suave brazo izquierdo con una de las dagas que había conseguido.
¡¿Te estás burlando de mí?!
Repentinamente, el cangrejo se movilizó. Hasta poco antes había estado situado en la base de la estatua. Se podría decir que por fin se lo había tomado en serio. Mientras sus patas se desplazaban de forma inquietante, el monstruo se acercaba a Misa a una velocidad increíble.
La princesa, quizá intentando escapar, agitó su brazo izquierdo con gran fuerza, goteando sangre. Antes de que el fluido carmesí pudiera llegar a salpicar a los cadáveres de los soldados, el cangrejo ya había sujetado el cuello y el torso de Misa con ambas tenazas.
Quería mostrarles a ustedes los Kish lo corrompidos que estaban por el deseo de joyas y poder.
Parecía que el delgado cuello de la princesa estaba a punto de ser cortado. Los temblorosos dedos de sus pies golpeaban contra el suelo. Aun así, Misa estaba sonriendo. Aunque parecía algo triste.
Ojalá pudiéramos volver a los tiempos antiguos. A la época en que la gente adoraba ídolos, usaba las joyas y se contentaba con eso. A los felices tiempos en que las personas no competían por la riqueza, en la que ni siquiera sabían cómo era pelear entre sí y, por lo tanto, no necesitaban de reyes poderosos ni de dioses que las gobernaran.
Ya te lo he dicho muchas veces. Aún estás a tiempo. Un Dios justo y fuerte te está esperando.
No, dijo Misa con voz tenue mientras bajaba la mirada. Ya es demasiado tarde.
Misa sintió una sacudida. Las tenazas del cangrejo se desprendieron de la piel de la princesa sacerdotisa.
¿Por qué...?
El cangrejo, con numerosas puñaladas clavadas en los músculos de sus patas y en los puntos flacos del caparazón, gemía de agonía.
¡Odio esta técnica! Este hechizo que profana a los muertos.
Los pies de Misa aterrizaron en el suelo con fuerza. Ella no había tenido miedo. Mientras estaba a merced del cangrejo, mantuvo el ritmo de la danza que sirvió como catalizador para su hechizo de resurrección de los muertos.
Los soldados, con sus almas despertadas por el ritmo de aquel baile, eran manipulados gracias a la sangre que la princesa sacerdotisa esparció sobre sus cadáveres.
--------------------
Con sus largas espadas en mano, pululaban alrededor del cangrejo como si fueran insectos atraídos por la savia de un árbol, y los sonidos de las puntas de sus hojas que chocaban contra el caparazón resonaban una y otra vez.
Una daga que salió lanzada de las manos de alguno de ellos, salió volando y aterrizó a los pies de Misa. Lentamente, ella la recogió.
Yo. No, más bien nosotros, los seres humanos...
Al mismo tiempo que se escuchaban esas palabras, unos sordos sonidos de campanas resonaron desde la lejana isla principal.
¡Oh! Dijo el dueño del par de tenazas carmesí se movía furiosamente de entre los guerreros. Son las campanas que presagian la resurrección de Dios.
¿Acaso la falsa Misa ya se había inclinado ante Dios?
Misa, que estaba tan frustrada, solo entrecerró ligeramente los ojos. A pesar de que la resurrección de la deidad demoníaca se aproximaba, los sentimientos de la princesa sacerdotisa no variaron mucho. Pero en todo caso, ¿qué había cambiado en ella? ¿Qué aprendió, qué fue lo que percibió?
En medio del estruendo de las campanas que resonaban en lo más profundo de su ser, la rubia princesa, agarrando con fuerza la daga, continuó con sus palabras hacia el sirviente de los dioses.
Nosotros, los humanos, relegamos la existencia misma de esta isla al mundo de las leyendas, al reino del olvido. Si su ya duradero resentimiento proviene de las atrocidades cometidas durante el reinado del rey Tayik, entonces yo, como su descendiente, lo mínimo que puedo hacer es esforzarme por evitar que algo así no se repita. Las joyas que hay en nuestro reino son suficientes. No volveremos a intentar someter a los dioses. Porque...
Misa agarró su recogida melena con su mano izquierda.
Súbitamente se cortó el largo cabello. El trozo de ropa del héroe, que le había servido como cinta improvisada, ondeó en el aire.
Con su ahora corto cabello ondeando al viento, Kish Rim Misa declaró: ¡Porque destruiré al dios demonio y a toda la isla!
En medio de la multitud, una tenue burbuja estalló.
Te atreves a decir eso, ¿Por qué no piensas también en la felicidad de las demás personas?
Enmarcada por la luz de su brillante cabello, Misa mostró una compleja sonrisa.
Dejaré esa respuesta para el dios demonio.
Las campanas que celebraban la resurrección repicaron. Rugieron y sacudieron el teleférico en el cual estaba Misa.
La cabina que transportaba a Misa y a tres de los soldados manipulados por ella se separó lentamente de la diminuta isla, cruzando la compuerta. A medida que se acercaban a la isla principal, los rastros de la destrucción se reflejaban vívidamente en los ojos de la princesa. En la parte más alta de la isla, aquella torre donde todo inició y en la cual había estado capturada, se había partido por la mitad y ahora estaba clavada boca abajo en el patio. El edificio que albergaba la estatua del demonio también tenía parte de su techo dañado. El agua que goteaba del borde del acantilado probablemente lo hacía a causa de que el edificio donde se encontraban las flores también se había derrumbado.
En ese momento las campanas nuevamente volvieron a sonar. Provenían de algún lugar cercano al Templo del Dios Demonio.
Tenía que ascender hasta allí. Estaba obligada a subir y detener la resurrección de la deidad.
Misa contempló la cima con determinación. La imagen del héroe caído cruzó por su mente. Al igual que el gran número de soldados abatidos, los cuales aún permanecían latentes en Misa.
Héroe... Haré lo mejor que pueda. No solo salvaste mi vida, sino seguramente la de todas las personas del mundo.
--------------------
Mientras era zarandeada por el viento, Misa volvió a murmurar para sí misma.
Monstruos que maté... no, súbditos del rey Tajik, vasallos de mi familia, sus vidas no fueron en vano. Ataque tras ataque, muerte tras muerte, con tantas pérdidas, pero logrando escapar... Todas esas adversidades fueron las que me otorgaron esta determinación.
Los tres muertos sirvientes, que permanecían detrás de ella, no mostraban reacción alguna. Aquellos a los que Misa había enviado con anterioridad a la isla principal probablemente ya estaban trabajando silenciosamente según su voluntad.
Misa observó fijamente la isla. Sus ojos, del color del bosque, brillaban bajo la luz del sol. Con el pelo más corto, su expresión se había vuelto más afilada, como una hoja finamente pulida.
Nada fue en vano.
La princesa estiró su espalda, apoyando las manos en el borde de la cabina.
Realmente hacía honor al nombre de "Diosa Indomable".
La parada final del teleférico era una pequeña torre en el muelle.
Misa les dio órdenes a sus muertos sirvientes. ¡Vamos! ¡También preparen los frutos de la Dilvar.
Los grandes frutos de las blancas y refinadas flores que debían crecer para asegurar la continuidad de la especie habían sido transformados en explosivos por los ancestros de Misa.
Probablemente los monstruos están rezando en la parte superior. Eso es lo que estaban haciendo la última vez. No esperen mis instrucciones sobre dónde colocar los explosivos. Ustedes conocen el lugar mejor que yo.
Tan pronto como dijo eso, Misa se echó a correr.
De nuevo sonaron las campanas. Daban la sensación de intimidar, pero al mismo tiempo instaban a actuar.
Trepando por los escombros, cruzando agujeros, corría levantando la parte inferior del vestido de la reina. A medida que su pulso se aceleraba, Misa se sentía más y más eufórica. Su cuerpo ardía de rabia y tenía ganas de destrozar todo lo que encontraba a su paso. Su sangre selladora de demonios comenzaba a hervir. El rey Tayik y la primera diosa indomable, poseían algo tan feroz como una bestia en su interior, y esa característica había seguido transmitiéndose a través de su linaje.
No era algo malo, pensó Misa. Había sobrevivido gracias a esos abrumadores sentimientos. Y en todo caso también era verdad que los seres humanos, en mayor o menor medida, ansiaban apasionantes batallas que les hicieran sentir vivos. Así es, no era algo malo. Si esa era la naturaleza humana, entonces desde luego no estaba mal.
La propia Misa no sabía por dónde estaba avanzando. Mientras seguía ascendiendo, con el único objetivo de llegar a la cima, finalmente se dio cuenta de que el paisaje que la rodeaba le resultaba desconocido. Seguramente, la destrucción creó agujeros en las paredes y abrió nuevos caminos.
Acorde a una guarida demoníaca, había un sitio en donde se encontraban alineadas varias camas. Quizá era un lugar de alojamiento para los idólatras que acudían a celebrar el culto.
Había también una habitación llena de engranajes. Probablemente todo fue construido por los creyentes para que quienes vinieran después pudieran tener una estancia agradable.
Asimismo, había un sitio que parecía ser una fragua de herrero donde al parecer refinaban las kish termavicus. Sin duda, quienes extraían el mineral en bruto de las vetas de la isla de los dioses y lo refinaban aquí, nunca imaginaron que las benditas gemas, que restauran el espíritu y la fuerza física, se usarían en la batalla.
Ah, es un callejón sin salida.
--------------------
Era una habitación que daba a un acantilado. Podía verse el cielo azul desde las derrumbadas paredes.
¿Qué hago?
Mientras dudaba, se escuchó desde el cielo el canto de un pájaro. Se trataba de una enorme ave rapaz. Era el monstruoso animal que había raptado a la princesa. Seguramente su jaula debió de haber quedado destrozada. Y ahora volaba libremente por el vasto cielo.
Ven aquí.
La princesa sacerdotisa, concentrada y tranquilamente, comenzó con la danza catalizadora de su magia de posesión.
Las campanas estaban sonando. Con tanta fuerza que parecían hacer vibrar al mundo.
Una luz ya había sido encendida por la falsa Misa en el pequeño altar al pie de la estatua de la deidad demoníaca, la cual en una de sus manos tenía una jaula con la malla rota, en cuyo interior ya no quedaba rastro del ave que anteriormente la habitaba.
Frente al altar, sacó un objeto que a Misa se le hizo familiar; era algo parecido a un ataúd, cuyo interior era aún más oscuro que el color negro.
Junto a la falsa Misa, el sacerdote se inclinó ante el altar. Las cantoras y bajas voces que se escuchaban eran las plegarias de monstruos alineados en largas filas.
El sacerdote murmuró algo y alzó ambas manos. La falsa Kish adoptó una postura de profunda disculpa.
Y entonces, la cortina del altar se abrió por sí sola. Lo que estaba cuidadosamente oculto en ese sitio era una pequeña estatua de la deidad demoniaca idéntica a la otra, que era más grande. Su pecho resplandecía emitiendo luz. La luz parecía convertirse en finos hilos que se extendían hacia el ataúd. Los extremos, parecidos a látigos, estaban a punto de llegar a...
Repentinamente, la cúpula del santuario se derrumbó. Ladrillos, polvo y otro tipo de materiales más cayeron sobre los rostros de quienes alzaron la vista.
La enorme ave que se había abalanzado sobre el lugar soltó el cuerpo de la chica, a la que había estado sujetando con sus garras. Cuando la fatigada Misa abrió repentinamente los ojos mientras aún estaba en el aire, el pájaro, ahora libre de su posesión, aleteó presa del pánico y descendió al lado de la jaula.
Cuando la heredera de la sangre que sellaba a los demonios aterrizó ágilmente, las cuentas del vestido de la reina emitieron un sonido similar al de un magnífico instrumento musical.
¡Esperen!
Erguida, Misa dirigió su mirada hacia el sacerdote y los monstruos.
Hija de los Kish, ¿vas a seguir interponiéndote?
Asi es. Pero... no ponga esa cara de tristeza, señor sacerdote.
Ninguno de los presentes podía moverse debido a la fuerte impresión. Como si fuera una persona completamente distinta a la que aparentaba con su ensangrentado aspecto, suplicó cortésmente.
Quienes valoren sus vidas deberían escapar bajo tierra. Este sitio pronto se derrumbará.
¿Qué?
Coloque por ahí algunos frutos de Dilvar. Abruptamente se escuchó un sonido de explosión. Todo el santuario se estremeció como si una mano gigante lo sacudiera, los monstruos gritaron y huyeron despavoridos.
Los muertos sirvientes de Misa comenzaron a usar los explosivos uno tras otro. Incluso la falsa princesa había escapado; los únicos que aún permanecían ahí eran el sacerdote, Misa y la deidad que estaba en el interior del ataúd.
Princesa, tengo una petición.
El sacerdote, de rodillas a los pies de Misa, le imploró.
--------------------
Por favor, reconsidere. Las personas necesitan a Dios. Más allá de un poco de confusión se encuentra el paraíso. El pueblo no debe ser guiado por la fuerza, sino por la compasión. Por lo tanto, por favor, concédame tiempo suficiente para realizar el ritual.
El sacerdote contempló la larga espada que Misa sostenía en la mano. Al notar su mirada, Misa arrojó su espada.
¡Princesa...!
El sacerdote levantó la vista con una expresión de felicidad; sin embargo, la princesa negó con la cabeza.
En esta isla adquirí experiencia suficiente para toda la vida.
El tono de voz de Misa era el de toda una gobernante de una nación. Digno, sereno y además profundo.
Intenté huir y maté a muchos. Me enorgullecí de ser una diosa indomable, y vi claramente la confianza y el anhelo de fuerza que yacía latente en mi interior.
Ah, como pensaba, así que al final eres igual que el rey Tayik.
Misa sonrió radiantemente. Como una diosa.
No tengo intención de realizar ningún ritual para exorcizar demonios. He oído muchas cosas sobre las fechorías de mis antepasados, he pensado en mi sanguinario padre y he sentido un profundo remordimiento. Pero en todo caso, la conclusión a la que he llegado es que Dios no debe resucitar.
¡¿Por qué?!
El sacerdote gritó con todas sus fuerzas, pero su voz quedó apagada por el ruido de otra explosión más.
Las personas ya no nos acordamos de Dios; solamente lo recordamos por la percepción errónea de que es malvado. En todo caso, olvidar y seguir adelante es algo que nos caracteriza. Los seres humanos ya no encontramos la felicidad en la farsa de la idolatría. Por eso robamos para nuestro propio beneficio y no dudamos en derramar la sangre en aras de una paz mayor. Sí lo sé, eso es algo terrible. Pero lo que conseguimos al ejercer tal poder es la confianza en lo que hemos ganado y la satisfacción de haber forjado nuestro propio futuro con nuestras propias manos. Lo digo con certeza, pues yo misma he pasado por muchas dificultades.
Misa desvió la mirada del sacerdote hacia el altar, que emitía un tenue resplandor.
¡Qué!
El sacerdote quedó atónito. La diosa, que se suponía que nunca se sometería, había inclinado profundamente la cabeza.
Por favor, Dios, sigue siendo un Dios. No te conviertas en un ser como nosotros, no seas igual que nosotros, los de la familia real.
La luz parpadeó vacilantemente. Misa juntó las manos frente a su pecho y continuó.
¿Qué sucederá cuando aparezcas en el mundo? En un mundo nacido del caos, ¿se pueden llegar a cumplir los deseos de todas las personas? ¿Todos los deseos de un pueblo que solo ha sabido ganar cosas con sus propias manos? Así es, Dios. Los seres humanos hemos avanzado sin ti. Nuestro ardiente deseo de superación es tan fuerte que ya no podemos conformarnos con ser unos idólatras que simplemente rezan y esperan un futuro cada vez mejor otorgado por la divinidad.
Haciendo sonar las joyas, la princesa sacerdotisa se puso de pie. Una voz clara y resuelta resonó, abriéndose paso entre las explosiones.
Ante unos humanos que han aprendido a exigir con vehemencia, solo puedes gobernar en forma de un poderoso soberano. Te lo repetiré una vez más, Dios, quédate siendo solo un dios. Y de esa manera pronto te llamarán: Dios Todopoderoso, no Dios Bondadoso.
--------------------
Fue un elogio casi irónico, similar al tipo de halagos que recibían su padre y la propia Misa por parte del pueblo.
Pero si sigues siendo solamente un Dios, las personas aún podrán orar. Podrán expresar su descontento con el rey y sus dificultades ante ti, y encontrar incluso un atisbo de esperanza. Oh, Dios, no te dejes corromper por los seres humanos. Lo que pienso en realidad es que un Dios no debe estar ante los ojos de las personas, sino en sus corazones.
El altar resplandecía intensamente. El sacerdote comenzó a temblar incontrolablemente.
Por favor, Dios, otórgame unas palabras.
Hija de los Kish, dijo con una voz tan dulce y amable que casi la hizo llorar.
Tengo una pregunta. ¿Ya no soy capaz de hacer nada por los demás?
La princesa sacerdotisa le devolvió una radiante sonrisa.
No es así. Durante mi difícil huida, le ofrecí oraciones y agradecimientos a muchas cosas: a la Dilvar, a la Primera Diosa Indomable y a mi poderoso Padre. Quizá si hubiera sabido de la existencia de Dios, hubiera orado en su nombre, y eso habría sido mi fortaleza.
Ya veo.
Dios dejó escapar un suspiro de satisfacción y luego dijo con vacilación.
--------------------
Hija de los Kish, tengo una petición. No puedo resucitar ni alcanzar el descanso eterno en el inframundo. Si lo que desean es seguir adelante por ustedes mismos, no volveré a interferir con los humanos. Así que, ¿me podrías llevar contigo? Quiero ver el progreso del mundo que construirás.
Antes de que las palabras pudieran siquiera reverberar, la luz se desvaneció.
El estruendo de la destrucción, excepcionalmente fuerte, era ensordecedor.
En medio de todo eso, la princesa sacerdotisa tomó la pequeña estatua del altar y le dijo al sacerdote: marchate, con los dioses dormidos. Tu deber ha terminado. Dios ahora ha regresado con la humanidad.
----------
Poco después.
El enorme pájaro parecía reacio a marcharse, dibujando arcos una y otra vez en el cielo.
La isla de la deidad demoníaca continuaba explotando, generando innumerables columnas de agua que se elevaban desde los escombros.
Ahora que había quedado destruida hasta ese punto, ni siquiera la persona más codiciosa pensaría en volver aquí por joyas, ¿no es así?
Dentro de la jaula que colgaba del cuello del pájaro, la misma que antes había reposado sobre la mano de la estatua de la deidad demoníaca, Misa sonrió radiante.
--------------------
¡Héroe! Kish Rim Misa, a quien salvaste, se convertirá en miembro digno de la realeza. Por lo tanto...
La diosa indomable se arrodilló en la estrecha jaula e inclinó la cabeza ante la pequeña estatua.
A primera vista, podría parecer como si estuviera adorando al ídolo, pero en realidad, no era así.
Dios, que la futura yo sea más fuerte y espléndida que la yo de hoy.
Esto ya no era como la antigua idolatría, donde uno solamente podía encontrar la paz a través de la oración.
Más bien era una promesa a Dios para mostrarle el futuro que ella forjaría por sí misma después de superar las enormes dificultades.
Por lo tanto, debido a esa razón, incluso la diosa indomable podía postrarse.
Con una sonrisa.
Más que radiante.
La chica selladora de demonios, portando la esperanza del futuro en nombre de Dios, continuó volando hacia su reino.
終わり
FIN



Comentarios
Publicar un comentario